viernes, 16 de mayo de 2008

¡UN CAMBIO DE RAIZ!

Escrito por: Luz Miriam Scarpeta
Parte II

Debemos empezar a entrenarnos para ser mejores cada día, para que en cada actividad que realicemos siempre estemos pensando que hay una mejor forma de hacerlo, para que el automático que se active todos los días en nuestra vida, no sea el de cumplir funciones sino el de ser mejores. Hallar el sentido positivo y retador de lo que significa “estar inconformes con lo que hacemos”, pero no una inconformidad que nos lleve a renunciar, sino una que nos impulse a mejorar. De esta manera un buen día y de repente cobrará vida en nuestras vidas la tan sensata frase de Aristóteles: “La excelencia más que un acto aislado, es un hábito”.

El líder tiene que convertir la excelencia, en un estilo de vida, es quien debe generar un cambio verdadero porque nuestro hoy nos lo exige, ya no hay lugar para renunciar a ser mejores, ya no es opcional. El mundo avanza a pasos agigantados y el hacer, ya poco sirve, es la otra milla, lo que marcará la diferencia. Pero ¡cuidado¡, hemos de permanecer con el enfoque correcto, cuantos años trabajando en mejorar las cosas, los procesos, las actividades, mejores máquinas, instalaciones deslumbrantes, círculos de calidad, dejando a un lado, lo realmente importante: “la persona”. Antes de pretender efectuar un cambio en nuestro entorno, debemos trabajar en generar un cambio en las personas que manipulan el entorno. Nos reunimos largas horas buscando mejores métodos y no incluimos al ejecutor del mismo. Allí está la raíz, y es en ella en donde debemos ahondar. Somos buenos generadores de cambios en los procesos, pero la actitud de la gente sigue siendo la misma, mientras le hacemos mantenimiento a la máquina para que funcione mejor, el corazón del operario que la manipula se está oxidando.

La experiencia nos dice que no podemos seguir desconociendo el principio de la integralidad, cuando de calidad y excelencia se trata, porque nos estaríamos desgastando en vano. La excelencia no sólo la da un cambio en la forma de hacer las cosas, hace parte, pero la verdadera excelencia, surge de un corazón convencido que debe haber ¡Un cambio de raíz!, porque una raíz seca no puede producir fruto y todo aquel que se encuentre en una posición de liderazgo, debe entender, que a gran responsabilidad ha sido llamado y que si a la excelencia quiere llegar, su peor enemigo será la indiferencia y aquí vale la pena recordar lo que dijo Bruce Barton: “A veces, cuando considero las tremendas consecuencias de las pequeñas cosas… me siento tentado a pensar…que no hay cosas pequeñas” porque cuando hablamos de calidad nada podemos menospreciar.

© Chalo Jiménez, Mayo de 2008. Derechos Reservados.
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