lunes, 21 de julio de 2008

EL ELÉCTRICO THOMAS ALVA EDISON

Escrito por: Chalo Jiménez


“Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.” Santiago 1:2-4


En una breve biografía escrita por su hijo encontramos que gracias al ingenio de Thomas Alva Edison hoy disfrutamos del micrófono, el fonógrafo (tocadiscos), el cine sonoro, la lámpara incandescente (bombilla) y el telégrafo automático, inventó un aparato para transmitir las oscilaciones de los valores bursátiles, colaboró en la construcción de la primera máquina de escribir y dio aplicación práctica al teléfono mediante la adopción del micrófono de carbón, además fue fundador de La General Electric.


En Estados Unidos se le considera una de las más importantes mentes inventoras del siglo XX, con más de mil patentes, lo que significó una transformación en la actividad de inventar, desde un simple entretenimiento a la creación de una empresa, pero por encima de todo fue un hombre que se negó a ser dominado por el desánimo. Su contagioso optimismo afectaba a todos los que lo rodeaban.


Su hijo recordaba una fría noche de diciembre de 1914, en un tiempo en el que todavía resultaban infructuosos los experimentos con la batería alcalina (acumuladores níquel-hierro-alcalina), a la cual su padre había dedicado casi diez años, y que en cuanto a economía, había colocado a Edison en la cuerda floja. La única razón por la cual estaba aun solvente, era la utilidad proveniente de la producción de películas y discos.


Esa noche de diciembre resonó el grito “¡FUEGO!” en toda la planta. Se había producido una combustión espontánea en el cuarto fílmico. En pocos minutos estuvieron en llamas todos los compuestos que tenía envasados, el celuloide que tenía guardado para discos y películas y otros artículos inflamables. Llegaron los bomberos de ocho pueblos circundantes, pero el calor era tan intenso y la presión del agua tan baja, que el intento de extinguir las llamas fue nulo. Todo fue destruido.


Cuando el hijo no pudo hallar a su padre, se sintió preocupado. ¿Estaría a salvo? Ya que todas sus pertenencias se habían esfumado como en una exhalación, ¿estaría su espíritu quebrantado? Al fin y al cabo, Edison ya tenía 67 años; no le quedaba edad para volver a comenzar. Luego el joven Edison vio a la distancia a su padre, que estaba en el patio de su planta y corría hacia él. “¿Dónde esta tu mamá? –Gritó el inventor-. ¡Ve, búscala, hijo! ¡Dile que se apresure y que traiga a sus amigos! ¡Nunca volverán a ver un incendio como este!


A la mañana siguiente, mucho antes de amanecer, cuando apenas se había logrado controlar el fuego, Edison llamó a sus empleados, los reunió, e hizo un anuncio increíble: “¡Vamos a reconstruir!”. A un hombre le dijo que tomara en alquiler todos los talleres mecánicos que hubiera en la zona, a otro le encomendó que consiguiera una grúa demoledora de la Compañía de Ferrocarriles Erie. Luego, casi como si fuera un pensamiento tardío, agregó: “De paso, ¿alguno de ustedes sabe dónde podemos conseguir algo de dinero?”


Posteriormente explicó: “Siempre podemos sacar un capital del desastre. Acabamos de limpiar un poco de desperdicios y sobre las ruinas haremos una edificación mayor y mejor”. Poco después bostezó, doblo su chaqueta para que le sirviera de almohada, se acostó sobre una mesa, e inmediatamente se quedó dormido.


Como Edison, podemos enfrentarnos a obstáculos insuperables, pero debemos negarnos a dejarnos arruinar por el desánimo. ¿Conoces a alguien como Edison cuyo contagioso optimismo afecta a todos los que le rodean? ¿Eres tú esa persona? Ahora, si eres propenso al desánimo, no puedes pasar mucho tiempo con personas que dan mensajes deprimentes, además el cansancio físico, no tener una visión de futuro, perder la confianza en sí mismo y no estar seguros de lo que hacemos, pueden ser también motivo de desánimo.


“Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.” Josue 1:9


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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