viernes, 19 de septiembre de 2008

LA LLAVE DE LA ESPERANZA


Escrito por: Chalo Jiménez

El ser humano es complejo: somos capaces de mucha maldad y de mucha bondad.

Hasta el 11 de Septiembre de 2001, William Rodríguez era un personaje desconocido. Nacido en Puerto Rico, llegó a Nueva York en el año 1980 en busca del “sueño americano”. Pronto comenzó a trabajar como encargado de limpieza de la torre norte del World Trade Center.

Aquel trágico martes llegó media hora tarde y eso le salvó la vida. Cuando impactó el primer avión en la torre norte, a las 8:46 a.m. se encontraba en el primer sótano (B1) organizando la jornada del día, de repente oyó una explosión que lo levantó en el aire, el techo se derrumbó y las paredes se agrietaron. Unos segundos más tarde se oyó un impacto arriba y otra explosión. Apareció en medio del caos una persona con toda la piel de los brazos y la cara colgando, era Felipe David, un hondureño empleado del edificio, su camisa estaba empapada en sangre, inmediatamente William le puso una toalla y se lo echó al hombro para sacarle fuera. Esta sería la primera de muchas víctimas rescatadas por William Rodríguez. Una vez en el exterior, escuchó que un avión había impactado en el edificio. Miró hacia arriba y vio el agujero en el piso 90. William debía estar en el piso 106 desayunando con el resto de colegas en el restaurante Windows of the World.

Saber que todos sus compañeros estarían allí le hizo regresar al interior, a pesar de la recomendación de su supervisor: “Nadie quería regresar” El miedo te paraliza o te moviliza, entró a través del sótano a la Torre Sur, hasta el centro de control. Allí encontró una empleada de seguridad le dijo que no podía abandonar porque era nueva y no quería que la despidiesen. La ignorancia de la situación hizo que mucha gente se comportase de forma irracional. La saco por la fuerza. Luego volvió a la torre norte y oyó gritos de dos personas en un ascensor, se estaban ahogando por el agua que había entrado de los rociadores anti-incendios. Por primera vez pidió ayuda a Dios, William hasta ese momento era agnóstico. No creía en nada. Con un tubo logró abrir la puerta pero la distancia hasta el elevador no le permitía llegar a ellos. Volvió a recurrir al espíritu divino: “ayúdame Dios mío”, entonces recordó que en el área de carga habían escaleras que siempre estaban con candados, sin embargo, cuando llegó allí todas estaban atadas excepto una, como si hubiera sido preparada para ese momento, pues fue el elemento que utilizó para ayudar a las dos personas logrando sacarlas del ascensor y del edificio. Una vez más entró y se encontró al oficial encargado de la unidad canina, quien le preguntó: ¿William Tienes La Llave Maestra?”. Había cinco personas con una llave maestra que abría todas las puertas del edificio. Las otras cuatro personas, administradores de operaciones, estaban entrenados en rescate, evacuaciones y primeros auxilios, fueron los primeros en escapar. La llave se convirtió en un elemento muy importante porque en los rascacielos con más de 50 pisos existe un sistema de encapsulamiento en caso de incendio, para que el fuego no se propague (el fuego busca oxígeno), por el que 3 pisos tienen puertas de escape que no abren y una sí.

A partir de aquel instante Willy se convirtió en la persona encargada de dirigir a un equipo de bomberos, él tenía la llave que abría todas las puertas y conocía el edificio mejor que nadie, William subía 110 pisos diarios y estaba físicamente mejor que los rescatistas. A la altura del piso 39 oyeron otra explosión, el edificio se tambalea y se desploman los pisos 65 al 44. Regresó al piso 27 donde había un hombre en silla de ruedas para ayudarle a bajar. Después de haber vuelto en tres ocasiones, Rodríguez bajó corriendo justo antes del derrumbe de las torres gemelas. Fue el último hombre en salir. Viendo lo que se le venía encima, se protegió debajo de un carro de bomberos, luego de 3 horas fue rescatado de entre los escombros y tras recibir los primeros auxilios, continúo como voluntario en las labores de rescate.

Aquel día William salvó a 15 personas y centenares se salvaron gracias a la llave maestra y su ayuda. Aprendió a enfrentar el miedo que es una barrera emocional que hay que cruzar para poder lograr los objetivos; Asimiló que lo más importante no es el trabajo ni el dinero sino los afectos, los familiares, los amigos. Uno puede convertir algo terrible en una enseñanza. Se pueden utilizar las tragedias para hundirte o para levantarte y crear algo grande para una comunidad. A partir de aquella experiencia se convirtió en adicto a ayudar.

William Rodríguez el héroe, cree que Dios lo protegió y le dio una segunda oportunidad. El ser humano tiene la capacidad de encontrar su camino sin ningún tipo de tragedia. Para él las claves son tres: motivación, disposición y entusiasmo. Aunque no tiene el currículum de un universitario o de un político, su entusiasmo lo ha llevado a cambiar leyes en los Estados Unidos y a conseguir beneficios para las víctimas alrededor del mundo. De ser un barrendero ha pasado a reunirse con reyes, presidentes y ministros. Sin lugar a dudas, el ser humano tiene en su mano la capacidad de llevar a cabo grandes cambios sin necesidad de dramas.

Lo que más recuerda del 11-S es el caos, la desorientación y la tragedia; Su conclusión es que el hombre no es ni muy fuerte ni muy débil sino muy desorientado. Dios es bueno porque nos da oportunidades y herramientas para explotar nuestras habilidades para ser mejores cada día. Lo que más echa de menos este hombre valiente en esta sociedad es la compasión. La compasión humana es más duradera que la violencia, es esa llave de la esperanza que abre y traspasa la puerta del miedo.


Este hombre fue preparado por 10 años, trabajando en estas escaleras de manera rutinaria, para ejercer su ministerio intensamente en poco más de una hora. Jesús fue preparado por 30 años, para 3 años de intenso ministerio. Es como si el tiempo de servicio representara el 10% del tiempo de preparación. Y tu ¿En que estas siendo preparado?


Tenemos en nuestras manos "La llave de la esperanza": La Compasión. Que haremos ¿correr por nuestra vida o correr para ayudar al necesitado?


Esta tremenda historia ha de servirnos de ejemplo para salvar a las personas del infierno, debemos entrar y rescatarlas de la torres gemelas espirituales: El orgullo y la desobediencia. Démonos a la feroz tarea de entrar en las ruinas de las vidas de las personas para brindarles una respuesta: Jesús.


Recuerda:

  • Todos hemos pecado. Por lo tanto estamos separados de Dios.
  • No podemos salvarnos a nosotros mismos.
  • Cristo murió por nosotros. La vida eterna es un regalo.
  • Debemos recibir por la fe a Jesucristo como Salvador.
  • ¿Cómo Recibir a Jesucristo?


“…si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.” Romanos 10:9,10


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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