viernes, 26 de septiembre de 2008

UN MATRIMONIO DURADERO

Gonzalo y Martha Lucia 1968 Costa Norte de Colombia

Escrito por: Chalo Jiménez

"— ¿No han leído —replicó Jesús— que en el principio el Creador "los hizo hombre y mujer", y dijo: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo"? Mateo 19:4-5

Por estos días la casa de mis padres está de fiesta. Don Gonzalo Jiménez y Doña Martha Lucia Marín de Jiménez cumplen 40 años de feliz matrimonio. En este tiempo han sufrido perdidas y gozado ganancias.

Sabían desde muy temprano que el matrimonio es una institución civil así como religiosa, y por lo tanto sujeta a reglamentos legales. Cuando el ministro, el sacerdote Raúl de La Iglesia del Barrio Minitas en la hermosa ciudad de Manizales en el departamento de Caldas, Colombia, dijo el 28 de septiembre de 1968 a las 7:00 p.m.: "Si la intención de ustedes es unirse como marido y mujer, lo manifestarán tomándose de la mano derecha." Ellos así lo hicieron.

El ministro dirigiéndose a mi padre y mirándolo a los ojos le dijo: "¿Toma usted a esta mujer, cuya mano sostiene, como su legítima esposa; promete delante de Dios y de estos testigos, que usted la amará, honrará, consolará; que se conservará solamente para ella, cumpliendo los deberes de un esposo para con su esposa, mientras Dios le conceda vida?" el con el profundo enamoramiento del novio contestó "Si, lo haré."

Luego el ministro se dirigió a mi madre y mirándola a los ojos le dijo: "¿Toma usted a este hombre cuya mano sostiene como su legítimo esposo; promete delante de Dios y de estos testigos, que lo amará, honrará, consolará; que se consagrará solamente para él, cumpliendo con todos los deberes y obligaciones que una esposa tiene para con su esposo, mientras Dios les conceda vida?" ella con la belleza de los años mozos y con una sonrisa en sus labios contestó "Si, lo haré."

La ceremonia finalizo con estas palabras "Por cuanto este hombre y esta mujer solemnemente, y delante de Dios y de estos testigos se han dado y empeñado su fe y palabra el uno y el otro, y lo han manifestado por la unión de las manos, yo los declaro marido y mujer en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre."

La fiesta de celebración fue en un famoso club de la ciudad de Manizales y se extendió hasta el amanecer, allí estuvieron acompañados por sus seres queridos. La luna de miel fue en la costa norte de Colombia.

Como manda La Palabra de Dios dejaron a sus padres y se unieron y los dos llegaron a ser un solo cuerpo. Así que desde aquel momento ya no son dos, sino uno solo.

Viajaron a otras tierras, al Valle del Cauca, aquí muy recién casados sufrieron la triste perdida de un hijo, además en todo este tiempo han perdido, hermanos, amigos, propiedades, empleos, negocios, pero siguen unidos.

Tienen 3 hijos, 5 nietos, pocos amigos, aun muchos familiares queridos vivos, esperanza de seguir, ayudan siempre, no paran de servir y aman a Dios.

Desde el año 2000 siguen los caminos de mi Señor Jesús y he sido fiel testigo del glorioso cambio por buscar a Dios de corazón. Mi padre abandonó vicios y malas compañías, mi madre abnegada como la gran mayoría en nuestro país, dejo de sufrir por las noches que pasaba sola. Hoy viven una nueva vida en Cristo Jesús. En el año 2002 cuando cumplían 34 años de matrimonio decidieron renovar votos y compromisos para con ellos y para con Dios.

Hoy siguen unidos y no solo eso, sino que son un testimonio viviente, que expresa que los matrimonios si pueden ser duraderos, estables y un lugar seguro para levantar una familia.

Casarse no es juego, comprometerse con otra persona para su realización personal no es fácil. El estado del matrimonio debe asumirse con gran seriedad y con oración ferviente.

Cuando de verdad se abraza el evangelio, los padres se hacen buenos y fieles amigos de los hombres. Se aprende a llevar la carga y a soportar las enfermedades de aquellos con quienes estamos relacionados, a cumplir con nuestros compromisos, a considerar la paz y la felicidad de ellos más que las propias.

El divorcio hoy esta a flor de piel todo por la falta de compromiso de los hombres. Sostener un matrimonio sólo puede llevarse con gran éxito de la mano del Todopoderoso. Confiar en nuestras propias habilidades para resolver los conflictos presentados durante la unión conyugal es una actitud más que arrogante. Apartados de Dios nada podemos hacer y en el matrimonio no es la excepción.

Si estás casado te animo a continuar y a evadir los dardos del maligno que siempre te traen a la mente las ideas del rompimiento físico y espiritual con tu ser amado. Humíllate delante de Dios, pídele perdón por lo que has hecho mal y comienza de nuevo, ya que estar casado, ser fiel y comprometido trae grandes recompensas.

"Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" Mateo 19:6

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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