domingo, 5 de octubre de 2008

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD


Escrito por: Chalo Jiménez


“»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros.” Juan 17:11


La PelículaLa Segunda Oportunidad” (The Second Chance) cuenta la historia de dos pastores apasionados que adoran al mismo Dios de la Biblia, pero hasta aquí llegan las similitudes. Ambos trabajan en niveles sociales muy lejanos uno del otro. Ethan es un hombre blanco acaudalado que trabaja cómodamente en su ministerio musical en una mega-iglesia llamada La Roca (The Rock) ubicada en los suburbios adinerados de la ciudad. Mientras tanto, Jake es un afro-americano que trabaja en las calles de los barrios más difíciles, ocupado con pandillas, madres adolescentes y adictos de las drogas.


Inesperadamente ambos son enviados a uno de los barrios más difíciles de la ciudad, viéndose forzados a trabajar uno al lado del otro. Ethan encuentra y conoce otro mundo, desconocido para él, en donde descubre que no hay límite entre las calles y el santuario, la iglesia es la calle. La trama se desarrolla entonces en torno a los prejuicios que ambos tienen, versus la misma fe que comparten en Jesús, enfrentados a la dura realidad de que todos pueden optar a una segunda oportunidad para sus vidas.


Una ligera mirada a la realidad misionera del tiempo presente nos muestra, un panorama de divisiones no bíblicas entre los cristianos. Todo ello sin duda afecta el testimonio de la Iglesia de Cristo en el mundo como el mismo Señor lo demanda en Su Palabra. Un aspecto visible de este panorama es El Denominacionalismo.


El Señor Jesucristo fundó una sola Iglesia, única y universal y las distintas congregaciones que los apóstoles fueron estableciendo en las diferentes ciudades que visitaban, no tenían entre sí otra diferencia que su localización en el espacio. ¿Por qué circunstancia, entonces, tenemos tantas Denominaciones Evangélicas?


La Iglesia de Cristo, la una y santa, como organismo visible, se halla dividida desde hace siglos en una multiplicidad de Iglesias o Denominaciones, como la Bautista, Luterana, Calvinista, Presbiteriana, Metodista, Reformada, etc., las cuales mantienen sus peculiaridades respectivas.

La Unidad del Cuerpo ha sido cortada en pedazos y puesta bajo la tutela de diferentes "Jefes", como si el todo no fuera de una sola Cabeza.

A la severa amonestación del Apóstol Pablo: "¿Acaso está dividido Cristo?" 1Corintios 1:13, todas contestan al unísono: ¡NO!, pero con los hechos dicen ¡SI!

Ninguna pretende ser la poseedora exclusiva de la Verdad, pero cada cual se precia de ser la Iglesia auténticamente Evangélica.

Todas confiesan enfáticamente la Doctrina Bíblica de la Unidad, pero se encierran en su sectarismo y conservan celosamente sus inter-discrepancias en doctrinas y prácticas.

Cada uno de sus ministros, desde el púlpito, Denominacionaliza a sus alumnos o a las almas que conduce a Cristo, a la imagen de la Iglesia o denominación a que pertenece; y por ende, la enseñanza es diferente en asuntos normativos de la fe. La instrucción Evangélica, que debe ser instrumento para la Unidad, de forma incomprensible resulta ser el vehículo para alargar las discordancias.

De todas las oraciones hechas por Jesús hay una que aun no ha sido respondida, se encuentra en Juan 17:21-23 ¿Cómo puede pasar eso? ¿Será que las oraciones de Jesús no tienen poder? La respuesta es ¡S¡! tienen poder y es un poder sobrenatural, capaz de resucitar muertos, sanar enfermos, liberar endemoniados, parar tormentas. Cinco veces Cristo oro por la unidad y aun esto no sucede. El Pastor Tommy Tenney dice que para Jesús es más fácil tratar con un cuerpo muerto que tratar con un ego vivo. Los egos han perdido su equilibrio. La Unidad solo puede ser creada por aquellos que están dispuestos a ser siervos.

Cuando hay desunión la solución es servir, no importa en que área se presente, en el hogar, en el trabajo, en la iglesia, en la comunidad.

Comprometamos hoy nuestras vidas para servirles a Dios y a los hombres. Dejemos de lado los prejuicios y la discriminación puesto que los cristianos compartimos la misma fe en Jesús, enfrentémonos a la dura realidad de que todos podemos optar a una segunda oportunidad para nuestras vidas.


“…para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” Juan 17:21-22.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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