miércoles, 10 de diciembre de 2008

LLEVANDO LA CRUZ PARTE III

Escrito por: Watchman Nee


Muchas veces tenemos que estar dispuestos a renunciar a cosas que creemos buenas y preciosas -si, y puede ser aun las mismas cosas de Dios- para que se haga su voluntad. La preocupación de Pedro, si recordamos, era por su Señor y obedecía a un afecto natural por El. Podríamos creer que Pedro tenía por su Señor un gran amor, tan grande que le permitía aun reprenderle. ¡Sólo un amor excepcional le llevaría a hacer esto! Sí, pero cuando todo es del espíritu, sin esa mezcla del alma, no serás arrastrado al error de Pedro. Reconocerás la voluntad de Dios y encontrarás que ella sola es la que deleita el corazón. Ya no se derramará ni una lágrima en solidaridad con la carne. Sí, la cruz corta profundamente y vemos de nuevo cómo tiene que tratar inexorablemente con el alma.


El Señor Jesús trata nuevamente del asunto del alma en Lucas, capítulo 17, ahora en relación con su segunda venida. Hablando de "…el día en que se manifieste el Hijo del hombre", presenta un paralelo entre ese día y "el día en que Lot salió de Sodoma" Lucas 17:29,30. Un poco más tarde habla del "arrebatamiento" en las palabras dos veces repetidas: "El uno será tomado y el otro será dejado" (v. 34,35). Pero, entre su referencia al llamado de Lot a salir de Sodoma y esta alusión al arrebatamiento, el Señor emplea estas palabras notables: "En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Así mismo el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás. ¡Acuérdense de la esposa de Lot!" (v. 31,32). “¡Acuérdense de la esposa de Lot!" ¿Por qué? Porque "El que procure conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará." (v. 33).


Si no me equivoco, éste es el único pasaje en el Nuevo Testamento que habla de nuestra reacción al llamado del arrebatamiento, y sobre esta base senos hace una advertencia muy urgente para que estemos listos Mateo 24:42. Seguramente hay una razón para ello. Si de pronto, ese llamado no obrará en nosotros, sobre el último momento, ningún cambio que no tenga relación con nuestro previo andar con el Señor. No, en ese momento descubriremos el verdadero tesoro de nuestro corazón. Si es el Señor, entonces no habrá ninguna mirada hacia atrás. Una mirada hacia atrás lo decide todo. Es tan fácil ocuparnos más de las dádivas de Dios que del Dador, y debo agregar, más de la obra de Dios que de Dios mismo.


Permítanme ilustrarlo. Actualmente estoy escribiendo un libro. He terminado ocho capítulos y me faltan otros nueve acerca de los cuales estoy muy ejercitado delante del Señor. Pero si viniera el llamado de "subir arriba", y mi reacción fuera: ¿y mi libro?, la respuesta bien podría ser: muy bien, quédate a terminar el libro. Aquella cosa preciosa que estamos haciendo aquí en la tierra puede ser suficiente para atarnos, una estaca que nos liga al mundo.


Todo se reduce a la cuestión de vivir por el alma o por el espíritu. Aquí en este pasaje en Lucas se describe la vida natural en su preocupación por las cosas terrenales, y notemos bien que no son cosas malas. El Señor sólo mencionó el casarse, sembrar, comer, vender; todas ellas actividades perfectamente legítimas en su lugar. Pero lo que nos puede atar es la forma de darle tanta importancia de modo que el corazón se va tras ellas. La liberación del peligro se produce mediante la pérdida del alma. Esto se ilustra hermosamente en la acción de Pedro cuando reconoció al resucitado Señor Jesús a la orilla del lago. Aunque junto con los demás, él había vuelto a su antigua ocupación. De repente no hubo más preocupación ni por el barco ni por la red tan llena de peces mediante el milagro. Al oír el grito de reconocimiento de parte de Juan: "¡Es el Señor!", leemos que Pedro "se echó al mar".


Allí vemos una verdadera separación. El problema principal siempre es el mismo: ¿dónde está mi corazón? La cruz tiene que obrar en nosotros una verdadera separación espiritual que nos libre de todo y de todos excepto del Señor mismo.

Pero aun aquí estamos tratando todavía solamente los aspectos exteriores de la actividad del alma. El alma que da rienda suelta a los afectos, el alma que se hace sentir y que trata de manejar las cosas, el alma que se preocupa de las cosas terrenales, éstas son todavía cosas relativamente pequeñas que no llegan a la verdadera raíz del asunto.


Tomado del libro "La Cruz en la vida Cristiana Normal" Watchman Nee

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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