martes, 23 de diciembre de 2008

UN ABISMO LLAMA A OTRO ABISMO II

Escrito por: Watchman Nee

UNA VIDA SUPERFICIAL

Isaías 39 narra la ocasión cuando el rey de Babilonia recibió la noticia de que Ezequías había estado enfermo y que ya se había recuperado; envió mensajeros con cartas y presentes para él. Ezequías, quien había recibido mucha gracia de Dios, no pasó la prueba de la gracia.

La palabra de Dios dice: “Ezequías se alegró al recibir esto, y les mostró a los mensajeros todos sus tesoros: la plata, el oro, las especias, el aceite fino, todo su arsenal y todo lo que había en ellos. No hubo nada en su palacio ni en todo su reino que Ezequías no les mostrara” Isaías 39: 2.

Ezequías no pudo resistir la tentación de mostrar todo lo que poseía. Apenas fue sanado milagrosamente de su enfermedad y se sintió autosuficiente, actuó con arrogancia. Después de todo, a ninguna otra persona que fue sanada se le dio la asombrosa señal de hacer retroceder diez grados la sombra del sol Isaías 38:8.

En su gozo, Ezequías mostró todos sus tesoros, lo cual revela que no había sido quebrantado por la cruz. Su vida natural no fue eliminada y, como consecuencia, todas sus raíces quedaron al descubierto. Todo su conocimiento y todas las riquezas que acumuló, se lo mostró a los babilonios.

Debido al despliegue que hizo, Isaías le dijo: “—Oye la palabra del Señor Todopoderoso: "Sin duda vendrán días en que todo lo que hay en tu palacio, y todo lo que tus antepasados atesoraron hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia. No quedará nada —dice el Señor—” Isaías 39:5-6.

Aquello que mostremos a los demás, lo perderemos. La medida de vida que exhibamos, será la medida de vida que se nos escapará. Este es un asunto muy solemne y requiere toda nuestra atención.

Lamentablemente, muchas personas no pueden abstenerse de revelar sus experiencias, dándolas a conocer para deleitar su corazón, que fue lo que hizo Ezequías al mostrar sus tesoros. En una ocasión un hermano dijo: “Cuando algunos hermanos dieron sus testimonios acerca de la manera en que Dios los sanó, yo también quise enfermarme, aunque no de algo serio, para poder testificar en la siguiente reunión que Dios me sanó”.

El único motivo de este hermano era tener algo qué testificar. Quería tener esa experiencia únicamente para tener algo de qué hablar. Vivir de modo superficial impide que progresemos espiritualmente.

TESTIFICAR SIN EXHIBIRSE

¿Significa esto que no debemos testificar? Por supuesto que debemos hacerlo. Pablo lo hizo, y los hijos de Dios lo han hecho por generaciones.

Pero testificar es una cosa, y complacerse en exhibir nuestras experiencias es otra. ¿Cuál es nuestro verdadero motivo al testificar? ¿Es que otros sean ayudados o simplemente nos gusta ser vistos? Deleitarnos en oír nuestra propia voz y desear ayudar a otros son dos cosas totalmente diferentes. ¿Testificamos sólo porque tenemos algún problema del cual hablar? Un testimonio no es algo que contamos en la conversación de sobremesa. Cuando hablamos vanamente, perdemos riquezas espirituales.

Cuando el Señor en verdad nos lo indique, debemos testificar, procurando ayudar a los demás. Pablo testificó en 2 Corintios 12 lo que había experimentado catorce años antes. El ocultó su experiencia durante catorce años, y nadie supo nada al respecto. Aun cuando habló de ello, no lo reveló todo. El mencionó el hecho, pero no dio ningún detalle. Únicamente habló del hecho de que había tenido una revelación en la que oyó palabras inefables que no le era dado al hombre expresar, y no dijo las palabras que oyó. Hasta el día de hoy, el tercer cielo es un misterio y todavía no sabemos cómo es.

Hermanos, ¿cuáles son nuestros tesoros? ¿Cuál es el oro, la plata, las especias, los ungüentos y las cosas preciosas que tenemos? ¿Cuál es nuestro arsenal? Debemos recordar que el oro representa todo lo que es de Dios y que la plata se relaciona con la redención efectuada en la cruz; las especias son el resultado de nuestras heridas; las cosas preciosas son todo lo que se relaciona con el reino; y el arsenal es la obra del Señor, la cual recibimos de Dios y del Señor Jesús.

Esto no es doctrina, enseñanzas bíblicas ni teología; es lo que hemos adquirido en nuestra comunión con el Señor. Cuando tenemos comunión con Dios y nos comunicamos con El, adquirimos muchas cosas. No está bien hablar libremente de estos tesoros. Esto no significa que no debamos testificar, sino que muchas de estas experiencias deben permanecer escondidas. Hermanos, éste es un asunto crucial en la vida cristiana. Muchas de nuestras experiencias espirituales deben guardarse en secreto.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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