lunes, 22 de diciembre de 2008

UN ABISMO LLAMA A OTRO ABISMO

Escrito por: Watchman Nee

En Salmos 42:7 dice: “Un abismo llama a otro abismo”. Solamente el llamado de un abismo puede lograr que otro abismo responda. Lo superficial no puede descender a los abismos ni penetrar jamás a las partes más hondas, ya que lo profundo sólo responde a lo profundo.

Sólo lo que procede de lo más íntimo de nuestro ser puede lograr una respuesta íntima. Cuando escuchamos un mensaje, lo único que conmueve nuestro interior es lo que proviene del interior del que habla; si no sale nada de lo profundo de su ser, la ayuda que recibimos es superficial. Debemos ver que la profundidad espiritual es crucial, pues sólo lo que brote de allí podrá tocar lo profundo del ser de otros. Si nuestro ser interior no recibe ayuda ni beneficio, nunca brotará nada de él. Si queremos ayudar espiritualmente a alguien, algo debe brotar de lo profundo de nuestro ser. Si no cavamos profundo en nuestro interior, nunca podremos llegar a nadie. A menos que nuestras palabras salgan de lo más recóndito de nuestro ser, no tocaremos lo profundo de otros. Podemos estimular sus emociones y pensamientos; podemos hacer que lloren, se alegren o se conmuevan, pero sólo “un abismo llama a otro”. Las expresiones superficiales nunca tocarán lo profundo de los demás.

En la parábola del sembrador encontramos el principio que debemos seguir cuando predicamos el evangelio o recibimos la palabra de Dios. Cuando el sembrador salió a sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, otra en pedregales y otra entre los espinos, pero otra cayó en buena tierra. Vemos aquí las cuatro maneras en que el hombre recibe la palabra. El Señor Jesús nos dice que uno de esos lugares es los pedregales. Allí se ve la tierra en la superficie, pero por debajo hay muchas piedras. La semilla que cae en esta clase de terreno, brota pronto, pero en cuanto sale el sol, se seca porque no tiene raíz.

¿Qué es la raíz? Es la parte de la planta que crece bajo la tierra. ¿Qué son las hojas? Es la parte que crece sobre la tierra. Podemos decir que la raíz es la parte escondida de la vida, mientras que las hojas son la vida manifestada. El problema de muchos cristianos es que aunque tienen mucha vida, muy poca se mantiene en secreto. En otras palabras, les falta esa vida escondida. Ustedes han sido cristianos por años, pero ¿cuánto de esa vida se mantiene en secreto y cuánto de ella es evidente? Ustedes dan mucho énfasis al trabajo. Por supuesto, las buenas acciones son importantes, pero aparte de esa expresión de su vida, ¿cuánto de esa vida se mantiene escondida? Si toda la vida espiritual de uno está expuesta, entonces uno no tiene raíces. ¿Están sus virtudes manifestadas ante los hombres, o hay algo que ellos no conocen? Si todas sus experiencias son manifiestas, esto indica que su crecimiento es externo y que carece de crecimiento interno. Si éste es el caso, usted es una persona que tiene hojas, pero no tiene raíces, así que se encuentra en la superficie.

Como creyentes necesitamos aprender lo que significa el Cuerpo de Cristo, y debemos practicar la vida del Cuerpo. Además, debemos saber que la vida que el Señor le da a cada miembro de Su Cuerpo, es individual. Por ello, usted debe guardar en secreto esa porción personal que El le dio; de no ser así, esa porción perderá su carácter específico, y no podrá ser útil para el Señor. Si usted pone al descubierto aquello que se le ha dado específicamente, se marchitará.

El mensaje que el Señor Jesús dio en el monte fue extraordinario. El dijo allí: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse” Mateo 5:14. Es algo totalmente al descubierto.

Pero en otro lado dijo: “Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto” “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto” Mateo 6:3-6.

Esto indica que, por un lado, si usted es cristiano, debe confesar su fe de forma pública; y por otro, ciertas virtudes cristianas se deben guardar de la vista pública. El creyente que exhibe todas sus virtudes y no reserva nada en lo profundo de su ser, no tiene raíces; y no podrá permanecer firme cuando lleguen las pruebas y las tentaciones.

Hace muchos años que somos hijos de Dios; quiera el Señor abrir nuestros ojos y mostrarnos hasta qué punto nuestras experiencias han estado escondidas de la vista pública. ¿Cuántas de esas experiencias quedarían si se eliminara lo que ya se ha hecho público? Que el Señor se forje en nosotros, de modo que podamos tener raíces.

Pablo dijo en su carta a los corintios: “Me veo obligado a jactarme, aunque nada se gane con ello…” 2 Corintios 12:1. El admitió que escribir lo que nos presenta en 2 Corintios 12 “no conviene”. Pero por causa de otros, se vio obligado a hablar de las visiones y revelaciones que el Señor le había dado. Hermanos, ésta debe ser nuestra actitud. Muchos de nosotros no podemos pasar la prueba al recibir visiones y revelaciones, porque tan pronto tenemos una pequeña experiencia, tocamos trompeta y todos se enteran. Si Pablo sabía que no le era de provecho mencionar sus visiones y revelaciones, ¿por qué lo hizo? Porque se vio forzado a hacerlo ya que algunos dudaban de su apostolado, y por los problemas que existían acerca del fundamento de la fe cristiana.

¿Dio Pablo a conocer todas las revelaciones que recibió? De ninguna manera. El escribió: “Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo; Dios lo sabe).” 2 Corintios 12:2. Por catorce años él no habló de esta experiencia. ¡Qué profundidad había en Pablo! Sería asombroso si nosotros ocultáramos por lo menos siete años alguna revelación dada por Dios. Sin embargo, Pablo por catorce años no divulgó su experiencia; en catorce años la iglesia de Dios no supo nada al respecto; ni siquiera los apóstoles habían oído de ello. Pablo tenía raíces muy profundas.

Algunas personas le dirían: “Pablo, háblanos de esa experiencia que tuviste hace catorce años en el tercer cielo. Nos ayudaría mucho conocer los detalles”. Pero Pablo solamente dijo: “Y sé que este hombre (no sé si en el cuerpo o aparte del cuerpo; Dios lo sabe) fue llevado al paraíso y escuchó cosas indecibles que a los humanos no se nos permite expresar.” 2 Corintios 12:3-4. Hasta hoy esta experiencia de Pablo no ha salido a la luz y sigue siendo un misterio.

Hermanos, este asunto de tener raíces es de suma importancia. Si desean que su obra sea como la de Pablo, deben tener raíces como las de Pablo; si desean tener la conducta de Pablo, necesitan tener la vida interior de Pablo; y si anhelan tener el poder que se manifestó en él, entonces necesitan tener las experiencias secretas de Pablo. El problema de los cristianos de hoy es que no pueden tener alguna experiencia espiritual o especial, sin revelarla de inmediato. Tan pronto como obtienen una pequeña experiencia, corren a contarla. Viven una vida pública; no hay nada guardado en su interior; no tienen raíces. Quiera Dios mostrarnos la experiencia de Pablo y guiarnos a tener tal profundidad.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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