jueves, 27 de noviembre de 2008

EN CRISTO

Escrito por: Watchman Nee


Cuando el Señor Jesús murió en La Cruz, Él derramó su Sangre, dando así Su vida impecable para expiar nuestro pecado y para satisfacer la justicia y la santidad de Dios. Hacerlo era prerrogativa exclusiva del Hijo de Dios. Ningún hombre pudo tener parte en ello. Las escrituras nunca dicen algo así como que nosotros derramamos nuestra sangre juntamente con la de Cristo. En la obra expiatoria delante de Dios, Él actuó solo; Ningún otro pudo tomar parte. Pero el Señor Jesús murió no solo para derramar Su Sangre; murió para hacer que nosotros pudiéramos morir. Murió como nuestro Representante. En Su muerte, Él nos incluyó a ti y a mí.


Nosotros solemos usar los términos ‘sustitución’ e ‘identificación’ para describir estos dos aspectos de la muerte de Cristo. El Señor Jesús me incluyó a mí en Su muerte. Es la muerte ‘inclusiva’ del Señor lo que me coloca en una posición para identificarme, no es que yo me identifico para luego ser incluido. Lo que cuenta es mi inclusión en Cristo de parte de Dios. Es algo que Dios ha hecho. De allí que aquellas dos palabras del Nuevo Testamento, ‘En Cristo’, me sean siempre tan preciosas.


NUESTRA MUERTE CON CRISTO UN HECHO HISTORICO


¿Crees tú en la muerte de Cristo? Por supuesto que sí. Bien, la misma Escritura que dice que Él murió por nosotros, dice también que nosotros morimos con Él. “Cristo murió por nosotros” Romanos 5:8 es la primera declaración y es suficientemente clara. Pero ¿son estas otras, acaso, menos claras?: “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Él”, y “hemos muerto con Cristo” Romanos 6:6, 8.


¿Cuándo somos crucificados con Él? ¿Cuál es la fecha de crucifixión de nuestro viejo hombre? ¿Es mañana, ayer, u hoy? “nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Él”, es decir, al mismo tiempo. Algunos de vosotros vinisteis aquí juntos. Podríais decir: Mi amigo vino aquí conmigo, Si uno hubiera venido hace tres días, y el otro recién hoy, no podríais decir así: pero, bien, como hecho histórico, podemos decir con reverencia pero con certeza: Yo fui crucificado cuando Cristo fue crucificado –por cuanto no se trata de dos acontecimientos, sino de uno solo. Mi crucifixión fue “con Él” ¿Ha sido crucificado Cristo? Luego ¿Cómo podría no haberlo sido yo? Si Él fue crucificado hace dos mil años, y yo con Él ¿cómo podría decirse que mi crucifixión tendrá lugar mañana? ¿Puede ser pretérita la crucifixión del Señor, y la mía presente o futura? ¡Alabado sea el Señor! Cuando Él murió en la Cruz, yo morí con Él. No solamente murió en mi lugar, sino que me llevó a mí consigo a la Cruz y yo también morí. Si creo en la muerte del Señor Jesús entonces puedo creer en mi propia muerte con tanta seguridad como creo en la de Él.


En Romanos 6:3-5, escribiendo a los que “fueron bautizados”, Pablo dice, que somos “hemos estado unidos con él en su muerte” porque por el bautismo reconocemos en figura que Dios ha obrado una unión intima entre nosotros y Cristo en este asunto de muerte y resurrección. Comprenda el carácter íntimo y decisivo de nuestra unión con Cristo en Su muerte. Es Dios quien nos ha puesto allí y los actos de Dios son irreversibles.


¿Qué implica, en realidad, esta unión? El verdadero significado que yace tras el bautismo es que en la Cruz “fuimos bautizados” en la muerte histórica de Cristo, de modo que Su muerte se hizo la nuestra. Nuestra muerte y la suya quedaron entonces tan estrechamente identificadas que es imposible separarlas. A este bautismo histórico, a esta unión con Cristo que Dios ha obrado consentimos nosotros cuando descendemos a las aguas. Nuestro testimonio publico por medio del bautismo pone en evidencia nuestro reconocimiento de que la muerte de Cristo ocurrida dos mil años ha fue una muerte potente e inclusiva, lo suficientemente poderosa e inclusiva como para quitar y poner fin por medio de ella a todo lo que en nosotros no sea de Dios.


Infelizmente algunos han aprendido a considerar el entierro como un medio de muerte: procuran alcanzar muerte enterrándose. Permítaseme decir que ha menos que nuestros ojos hayan sido iluminados por Dios para comprender que hemos muerto en Cristo y hemos sido enterrados con Él, no tenemos derecho a bautizarnos. La razón porque descendemos a las aguas es que hemos reconocido esto: Que ha la vista de Dios ya hemos muerto. A esto damos testimonio. La pregunta de Dios es clara y sencilla: ‘Cristo ha muerto y yo te he incluido allí. Ahora bien, ¿qué dices tú? ¿Cuál es mi respuesta? ‘Señor creo que Tu me has crucificado. Reconozco la muerte y el entierro a que me has destinado’. Sí Él me ha entregado a la muerte y la tumba; y mediante mi pedido de bautismo yo doy asentimiento en público a ese hecho.


En Gálatas 6:14, dice el Apóstol Pablo: “…la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo”, es la misma figura que el apóstol Pedro desarrolla cuando escribe de las ocho almas que: “se salvaron mediante el agua” 1 Pedro 3:20. Al entrar en el arca, Noé y su familia salieron por fe del viejo mundo corrompido para entrar en otro nuevo. No se trata tanto del hecho de que ellos personalmente no perecieron ahogados sino que salieron de aquel sistema corrupto. Esto es salvación.


Luego continua diciendo Pedro: “…la cual simboliza el bautismo que ahora los salva” 1 Pedro 3:21. En otras palabras, es mediante ese aspecto de La Cruz que el bautismo implica, que somos librados de este presente siglo malo y, por el bautismo en agua, esto se confirma. Es el bautismo, “en Su muerte”, que pone fin a una creación, pero es también bautismo “en Cristo Jesús”, que tiene en vista la nueva creación Romanos 6:3. Te sumerges en el agua y, en figura, tu mundo desciende contigo. Tú resurges en Cristo, mas tu mundo perece ahogado.


“—Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos”, dijo Pablo en Filipo, y hablo la palabra del Señor al carcelero y a su familia, “en seguida fueron bautizados él y toda su familia” Hechos 16:31-34. Al hacer esto, el carcelero y los que con él estaban, testificaron ante Dios, su pueblo y las potestades espirituales que de veras habían sido salvadas de un mundo bajo juicio. Como consecuencia, leemos que “les sirvió comida y se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios”


Antes de ser salvo por Jesucristo, quizás, procuraste salvarte a ti mismo. Leías La Biblia, orabas, ibas a las reuniones de la iglesia, diezmabas. Luego un día tus ojos fueron abiertos y viste que una salvación plena había sido ya provista para todos en La Cruz. Aceptaste eso y agradeciste Dios. Entonces la paz y el gozo llenaron tu corazón. Pues bien, la salvación y la santificación tienen exactamente la misma base. Se recibe la liberación del pecado del mismo con que se recibe el perdón de los pecados.


El camino de liberación hecho por Dios, es pues diferente del camino del hombre. El procedimiento humano es el de, tratar de suprimir el pecado, esforzándose por vencerlo, en tanto que el divino es de quitar de en medio el pecador. Muchos cristianos lamentan su debilidad, creyendo que, si tan solo fueran algo más fuertes, todo andaría bien. La idea de que el fracaso en mantener una vida santa se debe a nuestra impotencia y de que como consecuencia se nos demanda algo mas, conduce inevitablemente a ese falso concepto del camino de liberación. Si estamos preocupados por el poder del pecado y por nuestra incapacidad de enfrentarlo, llegaremos a creer que para ganar la victoria sobre el pecado necesitamos tener más poder. Si tan solo fuera algo más fuerte, decimos, yo podría vencer mis violentos accesos de mal humor –y de allí que rogamos al Señor nos dé fuerzas para ejercer mayor autodominio.


Pero esto es del todo errado; la vida cristiana no es esto. El procedimiento que Dios sigue para librarnos del pecado, no es el de hacernos cada vez más fuertes, sino por el contrario el de hacernos cada vez más débiles. Tú dirás con razón que este es un camino algo singular hacia la victoria, pero es el camino de Dios. Dios nos libra del dominio del pecado, no fortaleciendo a nuestro viejo hombre, sino crucificándolo; no ayudándole a hacer algo, sino quitándolo del todo del escenario.


Durante años quizás tú has tratado en vano de ejercer control sobre ti mismo, y quizás aun hoy te esfuerzas en ello, pero, el día en que tus ojos sean abiertos te darás cuenta de que eres impotente para hacer cosa alguna y que al dejarte de lado, Dios lo ha hecho todo. Revelación tal pone fin a todo esfuerzo humano.


Tomado del libro "La Cruz en la vida Cristiana Normal" Watchman Nee


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.
Imprimir

miércoles, 26 de noviembre de 2008

EL EGOCENTRISMO

Escrito por: Rick Joyner


A causa del egocentrismo en que se incurrió por el conocimiento del bien y del mal, y de la compulsión a medirnos por él, así como por el hecho inherente de "no es bueno que el hombre esté solo," uno de los temores más dominantes que aquejan al hombre caído es el temor al rechazo. Este temor nos lleva a convertirnos en la persona que creemos que va a ser aceptada o reconocida, hecho que variará con cada grupo o situación nuevos. Con cada cambio que hacemos para cumplir con el propósito del ambiente exterior, hay una sutil erosión tanto en la consistencia como en la estabilidad de nuestra personalidad. Pronto estaremos confundidos sobre quiénes somos realmente, y casi nos podrán controlar por completo las circunstancias externas.


Con el ingreso reciente de ciertas teorías filosóficas y psicológicas, ha habido una erosión mayor de la consistencia en la personalidad. En las transacciones humanas, desde las individuales hasta las políticas internacionales extranjeras, las oscilaciones se han hecho cada vez más pronunciadas. Los veloces cambios en la opinión pública (como lo indican, por ejemplo, las encuestas políticas) son asombrosos en su rapidez. Nuestra tendencia a abandonar con facilidad una posición por otra, es un signo diciente de cuan pronto perdemos nuestra adherencia a aquello sobre lo que justamente creíamos que era la verdad. Hay fuerzas poderosas que trabajan con éxito para minar la estabilidad humana. El resultado futuro será un alud de corrupciones y libertinaje que el Señor llama en La Biblia, los mayores días de tribulación que el mundo jamás haya visto (Marcos 13:19).


Como nuestros primeros padres probaron el fruto prohibido (todo lo que se siembre se debe cosechar), cada individuo que nace en la tierra tiene el conocimiento interior del bien y del mal. Hasta cierto punto, este conocimiento ha ayudado a mantener al hombre del tremendo caos después de nuestra separación de Dios, sin embargo, es aún la raíz de la discordia interior o depresión de los seres humanos. Como Dios le dijo a Caín: “Entonces el Señor le dijo: « ¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.»" Génesis 4:6-7. Debido a su conocimiento interior del bien y del mal, Caín tuvo que vivir por eso. La Ley está en todo hombre, y cuando el hombre hace lo que sabe que es correcto, se siente bien. Cuando no lo hace, aparece la discordia interior, sin tener en cuenta cuan astutamente procure racionalizar las cosas.


Para el hombre caído es imposible cumplir completamente con la Ley en su corazón. Sigmund Freud se dio cuenta de que la causa de la depresión era la culpa, tal como encontrará todo el que busca honradamente la verdad, si estudia la raíz de la confusión humana. Pero, Freud no pudo ver después del Árbol de la Ciencia y supuso que el remedio se iba a encontrar en el mismo fruto, origen del problema. En lugar de enseñar que el alivio de la culpa y de la depresión resultante estaba en hacer lo correcto, comenzó a atacar lo que consideró como moralidades y patrones irreales; esto se hizo muy sutilmente y de manera efectiva. Muchas de las tendencias hacia la ilegalidad que hoy invaden el mundo, se pueden rastrear desde las doctrinas de Freud; por medio de ellas se han abierto las puertas a la corrupción y a las perversiones más profundas y negras del corazón humano. Como dijo con tanta certeza Margaret Thatcher, la dama que ocupó el cargo de Primer Ministro de Gran Bretaña, "la capa de la civilización es muy delgada." Las teorías de Freud ayudaron a desnudar por completo esa delgadísima capa. Varios centenares de años antes de nuestra época, esto lo previó exactamente el salmista: “¿Por qué se sublevan las naciones, y en vano conspiran los pueblos? Los reyes de la tierra se rebelan; los gobernantes se confabulan contra el Señor y contra su ungido. Y dicen: « ¡Hagamos pedazos sus cadenas! ¡Librémonos de su yugo!»" Salmos 2:1-3.


Freud percibió de manera precisa que La Ley es la fuente de la depresión, pero que nadie puede vivir por encima de sus patrones; la culpa que resulta de no llenar todos los parámetros de La Ley, origina una depresión que puede ser muy profunda. Debido a esto Pablo escribió: “Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero." Romanos 7:18-19.


Pablo había visto que la Ley es buena, y que él era malo. Este conflicto lo llevó a buscar la ayuda de la única solución verdadera al dilema: el mismo Señor Jesús. En cambio, Freud se volvió a la causa de toda la muerte y de todo el mal que este planeta ha conocido—el razonamiento humano. En lugar de buscar las provisiones de Dios para nuestra liberación de La Ley y del cuerpo de muerte que ella manifiesta en todos nosotros, Freud trató de librar al hombre de La Ley. Desde luego, esto es imposible porque hemos comido del Árbol de La Ciencia, está dentro de todos nosotros y nunca se irá. Como el salmista pudo discernir, atacarlo sólo traerá confusión para las naciones. Entre más procuremos ignorar La Ley, estaremos más deprimidos y esquizofrénicos. La filosofía de "quitar las fronteras antiguas", en alguna forma invade todas las sociedades del mundo. Ya se soltaron sobre el planeta, según la profecía, las profundas "...tinieblas cubren la tierra..." Isaías 60:2.


El historiador Will Durant observó que hay costumbres que mantienen sano al hombre. Y por eso lo pudo dejar escrito con estas palabras que incluso en la actualidad, conservan su vigencia y toda su lozanía: "Sin surcos por donde nuestros pensamientos se puedan mover con facilidad inconsciente, vendremos a estar en perpetuas vacilaciones y siempre seremos presas de la inseguridad." Tal como los rieles pueden limitar la libertad del tren para moverse, sin ellos, no podría ir a ninguna parte. Pero, tampoco es el hombre verdaderamente libre para vivir en este mundo sin las restricciones que Dios le ha puesto. La misma cosa que confina al hombre es la que lo hace libre, a fin de ser aquello para lo cual fue creado. Si un tren deja los rieles para lanzarse por el campo, rápidamente se atasca y como es apenas natural, deja de funcionar y pierde todo su valor. Desde cuando el hombre decidió liberarse de los "rieles" que el Creador le puso, se ha empantanado de una forma cada vez más creciente en una inestabilidad que cada día alcanza mayores profundidades. Quienes eligen el curso de su propia "libertad", se convierten en los más restringidos esclavos de todos. Los rieles del bien y del mal son frustrantes para el hombre, pero son los únicos elementos que lo mantienen estable relativamente, hasta el encuentro con Cristo.


Tomado del libro “Hubo dos árboles en el huerto” de Rick Joyner


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.
Imprimir

martes, 25 de noviembre de 2008

LA CRUZ DE CRISTO

Escrito por: Watchman Nee


Así vemos que, en forma objetiva, la Sangre trata con nuestros pecados. El Señor Jesús los ha cargado, llevándolos en la Cruz por nosotros, como Sustituto nuestro, habiendo logrado así, para nosotros, el perdón, la justificación y la reconciliación. Pero debemos avanzar un paso más en el plan de Dios para entender como procede Él con el principio del pecado en nosotros. La Sangre puede lavar mis pecados, pero no puede lavar mi “viejo hombre” Se hace necesaria la Cruz para que yo sea crucificado.

Nosotros estamos siempre dispuestos a creer que efectivamente lo que hemos hecho es muy malo, pero que nosotros mismos no lo somos tanto. Dios, por su parte, se empeña en mostrarnos que nosotros mismos somos malos, radicalmente malos. La raíz del problema es el pecador mismo; por tanto, hay que proceder con él. La sangre procede con nuestros pecados, pero la Cruz debe tratar con el pecador. La sangre procura el perdón por lo que hemos hecho; La Cruz procura nuestra liberación de lo que somos.


En los primeros cuatro capítulos del libro de Romanos apenas ocurre la palabra “pecador”. Ello se debe a que allí no se tiene en vista al pecador mismo sino a los pecados cometidos. La palabra “pecador” recién se destaca en el capitulo 5, y es importante observar como se introduce allí al pecador. Notemos que en ese capitulo, un pecador es llamado así porque nace pecador, no porque haya cometido pecados. La distinción es importante. Aunque bien es cierto que cuando un predicador quiere convencer a un hombre cualesquiera de que es pecador, se sirve a menudo del verso favorito que se halla en romanos 3:23 donde dice que “todos pecaron”; es cierto también que tal aplicación de ese versículo no esta estrictamente justificado por las Escrituras. Los que así lo usan caen en el peligro de argumentar al revés, porque la enseñanza del libro de Romanos no es que somos pecadores porque pecamos, sino de que pecamos porque somos pecadores. Somos pecadores por constitución más bien que por acción. Como se expresa en Romanos 9:19: “Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores”.


¿Cómo fuimos constituidos pecadores? Por la desobediencia de Adán. No nos convertimos en pecadores por lo que hemos hecho, sino por causa de lo que Adán hizo y llego a ser. Yo hablo ingles, pero no por eso soy ingles. Yo de hecho soy chino.


Cierta vez pregunte a una clase de niños: “¿Qué es un pecador?, y su respuesta inmediata fue: ‘uno que peca’. Sí, es verdad el que peca es un pecador; pero el hecho de que peque no es la causa sino solo la evidencia de que ya es pecador. Uno que peca es pecador, pero si uno pudiera vivir sin pecar igualmente seria pecador, puesto que tiene en si mismo la naturaleza caída de Adán y necesita la redención. ¿Me entiendes? Hay pecadores malos y pecadores buenos, hay pecadores morales y hay pecadores corruptos, pero todos son igualmente pecadores. A veces pensamos que, con tal de no haber incurrido en ciertas cosas, todo está bien; pero el problema reside más hondo que en aquello que hacemos; radica en lo que somos. Lo que cuenta es lo que somos por nacimiento. Así, pues, yo soy pecador porque nací en Adán. No es asunto de mi conducta, sino de mi herencia, de mi origen. No soy pecador porque peco sino que peco porque desciendo de una mala estirpe. Peco porque soy pecador. Además, no puedo hacer nada para cambiar esto. Nada por mejorar mi comportamiento; no puedo dejar de ser Adán y, por lo tanto, pecador.


En la china hablé una vez en este tenor y observé: Todos hemos pecado en Adán. Como alguien dijo que no comprendía, trate de explicarlo de este modo: Todos los chinos remontan su ascendencia a Huang-ti. Hace mas de cuatro mil años él sostuvo una guerra con Si-iu. Su enemigo era muy poderoso; no obstante, Huang-ti lo venció y lo mato. Después de esto Huang-ti fundo la nación china. Por tanto, hace cuatro mil años nuestra nación fue fundada por Huang-ti. Y bien, ¿qué habría sucedido si Huang-ti no hubiera matado a su enemigo, sino que él mismo hubiera perecido? ¿Dónde estaría usted ahora?


No habría nada de mí, el hombre contestó. Oh, no, Huang-ti puede morir su muerte y tu puedes vivir tu vida.


Imposible, gritó él: Si Huang-ti hubiera muerto, entonces yo nunca podría haber vivido, porque mi vida procedió de él.


En Romanos 5:12-21 no solo se nos dice algo al respecto de Adán, sino algo también tocante al Señor Jesús: “Así como por desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos fueron constituidos justos.” En este notable pasaje la gracia contrasta con el pecado y la obediencia de cristo se contrapone a la desobediencia de Adán. En Adán recibimos todo lo que es de Adán; En cristo recibimos todo lo que es de Cristo. Luego se nos ofrece una nueva posibilidad. En Adán todo se perdió. Por la desobediencia de un hombre fuimos todos constituidos pecadores. Por él entro el pecado y por el pecado la muerte; desde ese día en adelante y a través de toda la raza, el pecado ha reinado para muerte. Pero ahora un rayo de luz se hace sobre la escena. Por medio de la obediencia de Otro, nosotros podemos ahora ser constituidos justos. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, y así como el pecado reino para muerte, así también puede reinar la gracia por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo nuestro Señor
Romanos 5:19-21. Nuestra desesperación esta en Adán; nuestra esperanza en Cristo.


Tomado del libro "La Cruz en la vida Cristiana Normal" Watchman Nee


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.
Imprimir

lunes, 24 de noviembre de 2008

COMO DEBEMOS ORAR

Escrito por: Watchman Nee


Por lo general, de continuo hacemos hincapié en que las oraciones reciben contestación. Sin embargo, el Señor Jesús pone énfasis en que las oraciones reciben recompensa.


¿Como lo sabemos? Porque la palabra "recompensa" que se usa en el versículo 5 es la misma que se utiliza en el versículo 2 con respecto a las limosnas, y en el versículo 6 con al ayuno. Si la recompensa es la contestación a la oración, ¿entonces que significa dicha palabra en relación con las limosnas y con el ayuno? A juzgar por el contexto, la recompensa aquí se refiere a la que se obtiene en el tiempo del reino. Aquí se nos indica que la contestación a la oración es secundaria, mientras la recompensa de la oración es primaria. Si nuestra oración esta de acuerdo con la mente de Dios, no solo será respondida, sino que también será recordada en el futuro, en el Tribunal de Cristo, para su recompensa. Y por tanto, la oración que se menciona aquí nos impartirá justicia, así como nos da respuesta hoy. En otras palabras, nuestra oración de hoy es nuestra justicia. Sin embargo' la justicia de la oración no se obtiene orando descuidadamente, sin piedad, habitualmente ni impropiamente' Por el contrario, el Señor nos enseña aquí que no debemos imitar las oraciones de dos clases de personas' Y también nos enseña una oración modelo.


No como Los Hipócritas


"Y cuando ores -dice el Señor-, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, paro ser vistos de los hombres" ' La oración es, en primer lugar, comunión con Dios para la manifestación de la gloria de Dios. Pero esos hipócritas usan la oración que debe glorificar a Dios para glorificarse a si mismos; en consecuencia, les gusta orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles. Actúan de este modo para ser vistos de los hombres, puesto que las sinagogas y las esquinas de las calles obviamente son lugares públicos donde se reúne la gente. No oran para que Dios los oiga, sino para ser vistos de los hombres. Se proponen manifestarse ellos mismos. Tal oración es excesivamente superficial.


No puede considerarse como una oración a Dios, ni como una comunión con Él. Puesto que el motivo de tal tipo de oración es recibir la gloria de los hombres, no esta registrada delante de Dios y, por tanto, no obtendrá nada de Él. Ya han recibido su recompensa en la alabanza de los hombres, y por lo tanto no serán recordadas en el reino venidero. ¿Entonces como debemos orar? El Señor continua: "Mas tu, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora o tu Padre que esta en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensara en público". La palabra "aposento" es figurada en este caso. Así como las "sinagogas" y las "esquinas de las calles" sirven para representar lugares públicos, así el "aposento" representa un lugar oculto. Ciertamente uno puede hallar un aposento aun en las esquinas de las calles y en las sinagogas, o en un camino abierto así como en un automóvil. ¿Por que? Porque un aposento es un lugar donde usted tiene comunión con Dios en secreto, y en el cual no despliega su oración a propósito. Las palabras "entra en tu aposento, y cerrada la puerta" significan cerrar la puerta para que el mundo quede afuera y nosotros quedemos adentro. En otras palabras, debemos descartar todas las voces de afuera, y callada y silenciosamente orar a nuestro Dios.


"Ora a tu Padre que esta en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público". ¡Cuan consoladora es esta palabra! Para orar al Padre que esta en secreto se necesita fe. Aunque usted no sienta nada exteriormente, usted cree que esta orando al Padre que esta en secreto. Él esta en secreto, fuera de la mirada de los ojos humanos, sin embargo, también esta realmente allí. EI no menosprecia la oración; esta allí observando. Todo esto indica cuan atento es El a nuestra oración. No solo esta observando. Incluso va a recompensarnos. ¿Puede usted creer esta palabra?


Cuando el Señor dice que "recompensara", ciertamente recompensara. El este presente para garantizar que la oración que se hace en secreto no será en vano. Si usted realmente ora, El ciertamente lo recompensara. Aunque no parezca que hay ninguna recompensa hoy, vendrá un día cuando usted será recompensado. ¿Es su oración capaz de resistir el escrutinio de su Padre que esta en secreto? ¿Cree usted que el Padre que esta en secreto lo recompensara?


No como los gentiles


El Señor no solo nos enseña a no exhibirnos a nosotros mismos, sino que también nos instruye: "Y orando no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos". La expresión "vanas repeticiones" significa en griego repetir monotonías a la manera como habla un tartamudo.


Cuando oran, los gentiles repiten la misma palabra monótonamente. Tal oración es solo sonido, pero sin significado. Cuando uno pasa cerca para oír la oración de ellos, oirá un sonido monótono y repetido como si estuviera cerca de una corriente y oyera el murmullo del agua contra las rocas, o como si fuera por una carretera llena de guijarros y oyera el interminable ruido de las ruedas del coche sobre ella. Los gentiles entonan las mismas palabras muchas veces. Piensan que serán oídos por su palabrería. Sin embargo, tal oración es vana e ineficaz.


No debemos orar de esa manera. Por esta razón, cuidémonos de que las palabras de sus oraciones en un culto de oración no estén desprovistas de significado. Cuando alguno ora, y usted no dice amén, tal persona lo acusara de no ser de un mismo sentir.


Sin embargo, si usted dice amén a la oración de ese individuo, Él usara esa palabra repetidamente. Su oración no esta gobernada por la abundancia del corazón, sino por el grado de fervor que lo sostiene. No dice la oración con el fin de liberar una carga interna, sino para terminar un discurso. Muchas son las oraciones hechas por los hombres; muchas son las expresiones que sobrepasan al corazón. Repito que tal oración es como el sonido del murmullo del agua contra la roca, o como el ruido de las ruedas del carruaje sobre la carretera de guijarros.


Tal oración tiene sonido, pero no tiene significado. No debemos orar así. "No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, antes que vosotros la pidáis". Este versículo nos muestra que depende de nuestra actitud delante de Dios, como también de nuestra necesidad real, el que nuestra oración sea oída por Dios o no. No depende de nuestras muchas o pocas palabras.


Si lo que pedimos no es lo que necesitamos, nuestra oración no será contestada, por más que pronunciemos muchas palabras. El pedir sin necesidad revela avaricia; eso es pedir equivocadamente. Dios suplirá con mucho gusto lo que necesitamos, pero no está dispuesto a satisfacer nuestros deseos egoístas. ¡Cuan necia es la actitud de algunos individuos que dicen que ellos no necesitan orar, pues Dios conoce todas sus necesidades!


Porque el propósito de la oración no es el de notificar a Dios, sino el de expresar nuestra confianza, nuestra fe, nuestra esperanza y el deseo de nuestro corazón. Por esto, debemos orar. Sin embargo, en nuestra oración el deseo de nuestro corazón debe exceder a la palabra de nuestros labios, y la fe debe ser más fuerte que la palabra.


Tomado del libro "La Oración" Watchman Nee

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

Imprimir

sábado, 22 de noviembre de 2008

LA VISION


Escrito por: Myles Munroe


La Clave para Poder Cumplir Tu Propósito en la Vida


Dios ha colocado dentro de cada persona una visión que ha sido diseñada para darle propósito y un verdadero significado a la vida.


Hace años, durante la temporada de Navidad, mi esposa y yo llevamos a los niños a una tienda muy grande. En ese tiempo, mi hijo Chaira tenía como cuatro años de edad, y sus ojos se encendieron de brillo cuando vio un caballito mecedor de madera. El se subió en el caballito, se agarró fuertemente de las orejas del caballo, y comenzó a mecerse para delante y para atrás. Después de unos minutos, yo traté de quitarlo, pero él se enojó mucho. Cuando ya nos íbamos a salir de la tienda, él todavía seguía divirtiéndose en ese caballito, así que lo dejamos ahí jugando, mientras que caminábamos una última vez por la tienda y le dijimos a nuestro hijo que era tiempo de ir a casa. Cuando regresamos, Chairo se estaba meciendo aun más aprisa. Para entonces, él ya se había estado meciendo como por una media hora, y él estaba empapado de sudor. A medida que yo lo observaba, yo sentí como si Dios me estuviera diciendo, "Esta es la manera como la mayoría de la gente acostumbra vivir. Ellos trabajan muy duro, sudan bastante, pero en realidad no están progresando en ninguna cosa en la vida. No van a ningún lado".


Nuestro mundo está lleno con gente que está muy ocupada pero sin hacer nada en forma efectiva y sin estar satisfechos con nada. Ellos hacen muchas cosas, invirtiendo tiempo y energía, pero completando muy pocas cosas de valor. Por consecuencia, ellos pasan sus vidas haciendo mucho movimiento pero sin avanzar a ningún lado.


¿Adónde Vas Tú en la Vida?


Considera estas estadísticas de empleados y trabajadores americanos:


  • Cerca del 50 por ciento de todos los trabajadores de Estados Unidos se sienten sobre saturados debido al creciente número de tareas en su trabajo y a muchas más horas que tienen que trabajar. - Families and Work Institute, 2001
  • Ochenta y ocho por ciento de todos los trabajadores dicen que tienen mucha dificultad al combinar el trabajo con la vida. - Aon Consulting, 2000
  • Sólo el 48 por ciento de los trabajadores dentro de las edades 35-44 años están satisfechos con sus trabajos, lo cual ha bajado de ser casi el 61 por ciento en 1995. Los trabajadores de mayor edad, con edades de 55-64 años de edad, también expresan un nivel muy bajo de satisfacción. Sólo un 48 por ciento aproximadamente dicen estar satisfechos. - Conference Board, 2002
  • En todas las áreas de trabajo, los niveles de satisfacción han caído desde 1995. -Conference Board, 2002


Estas estadísticas muestran que un gran número de gentes en los Estados Unidos están luchando con asuntos que tienen que ver con la satisfacción de su trabajo y de su vida. Es muy desalentador trabajar muy duro y no recibir satisfacción ni realización alguna de tu trabajo.


¿Y qué pasa con tu propia vida? ¿En qué estás usando tu preciosa energía? ¿Qué logros estás teniendo? ¿Te levantas cada día con un sentido de anticipación y significado debido a que tú sabes que estás haciendo aquello para lo cual naciste? ¿Acaso sientes que tu trabajo es completamente compatible con tus habilidades y con tu personalidad? O ¿acaso estás derramando tu vida hacia tu trabajo sin sentirte realizado y sin que se vea ningún fruto de lo que haces? ¿Acaso has estado pasando tu vida, ayudando a alguien más a que se vuelva rico, mientras que tú te quedas con muy poco o con nada? ¿Acaso has pensado en secreto que tú fuiste hecho para hacer algo importante en la vida, pero ni siquiera sabes lo que es?


Unos de los dilemas de la sociedad contemporánea parece ser la falta de significado y la falta de propósito en cada día de la vida cotidiana. Algunas gentes están demasiado conscientes de que no están realizando todo su potencial. Ellos comienzan la semana arrastrando el día lunes, y viven esperando que llegue el fin de semana debido a que odian sus trabajos. Todas sus vidas parecen estar centradas en esos dos días en que son libres de ese sentimiento de estar atrapados que experimentan en su lugar de trabajo. Ellos anhelan poder ir en busca de sus propios intereses y talentos. En la obra Waitingfor theWeekend (Esperando el Fin de Semana), su autor Witold Rybczynski escribió:

“Para mucha gente, el tiempo libre del fin de semana se ha convertido no en una oportunidad para escapar del trabajo, sino en una oportunidad para crear otro tipo de trabajo que tenga más importancia y significado el hecho de poder trabajar en el esparcimiento y entretenimiento para poder llevar a cabo las satisfacciones personales que su lugar de trabajo ya no les ofrece”


Otras gentes están aparentemente contentas con su vida, pero tienen un vago sentido que tal vez podría haber más significado en su vida de lo que están experimentando. Pero hay otros que viven en un nivel muy superficial, buscando una serie de logros emocionales que siempre los deja con ese sentimiento de vacío y hace que continuamente están buscando la siguiente excitación emocional que tal vez pueda satisfacerlos. Ninguno de estos grupos de gentes se da cuenta que, escondido dentro de ellos es dónde se encuentra la clave para vivir una vida más realizadora de lo que jamás se han imaginado.


¿Acaso sabes la razón de por qué existes? Ya sea que ellos se encuentran satisfechos o insatisfechos con sus vidas, el objetivo eventual de la mayoría de la gente es el retiro o la jubilación. ¿Acaso hemos nacido sólo para ir a través de ciertos rituales de la vida-buscar un trabajo, casarse, comprar una casa, criar hijos, cambiar trabajos o cambiar profesiones, retirarse o jubilarse-y entonces morir? ¿O acaso hay más que esto en la vida?


Ninguna Razón para Vivir


Si tú le preguntas a la gente, "¿Cuál es la razón de que tú existes?", la mayoría no va a ser capaz de contestarte. Ellos no pueden explicar su propósito en este mundo. Ellos no tienen visión alguna para sus vidas.


¿Acaso tú tienes un sentido de tener un propósito personal? ¿Acaso tú sabes por qué es que naciste? ¿Acaso tu propósito te da esa pasión para vivir? Tú me puedes preguntar, "¿Acaso realmente necesito una razón para existir?" Mi respuesta es, "¡Definitivamente!" La vida fue hecha para que tuviera significado; tú no naciste sólo por el simple hecho de hacerlo. Si todo lo que tú tienes como esperanza después de haber trabajado durante años para otras gentes es sólo un reloj de oro y una pensión de jubilación, entonces, tu vida es una tragedia que se está llevando a cabo. Tú puedes saber la razón de tu existencia, y tú puedes experimentar una vida fabulosa a la luz de ese conocimiento. La vida no tiene que ser algo sin objetivo, ni como un ejercicio repetitivo, debido a que tú no fuiste enseñado para moverte sólo como un caballito mecedor. Tú fuiste diseñado para llegar a algún lado, para dirigirte a un destino.


Tomado del libro “El poder de la visión” Myles Munroe


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.
Imprimir

viernes, 21 de noviembre de 2008

LA VERDADERA LIBERTAD


Escrito por: Myles Munroe


El Dios que nos dio la vida nos dio al mismo tiempo la libertad.

Thomas Jefferson


La libertad es una responsabilidad que solo los maduros pueden aceptar y sobrellevar. Se da en nuestra mente cuando aceptamos nuestra responsabilidad de avanzar y permitir el reacondicionamiento de nuestro pensamiento opresivo. Quienes no avanzan viajan en interminable círculo porque nada cambia de verdad hasta tanto cambie la mente.


Leí un informe reciente en una revista científica, sobre un hombre de ciencias que estudia el poder del condicionamiento. El equipo de este científico ató a un perro a un poste. Luego pusieron su alimento justo fuera de su alcance. Cuando el perro intentaba llegar a la comida se lastimaba porque su correa no era lo suficientemente larga. Cada vez que tironeaba para llegar a la comida, sentía dolor. A la cuarta semana de este cruel experimento, el perro permanecía junto al poste. Ni siquiera intentaba llegar a la comida. Durante la quinta semana le quitaron la correa y lo ubicaron a sesenta centímetros del alimento. Pero el perro permanecía cerca del poste. El animal se negaba a acercase a la comida. Había sido condicionado por el dolor que le impedía buscar el alimento que ahora era libre de comer, pero él creía que no podría hacerlo.


El perro casi muere de hambre durante las últimas siete semanas del experimento. No se apartaba del poste aunque el alimento estuviera a su alcance. De hecho, debieron alzarlo y llevarlo hasta el alimento para volver a condicionarlo gradualmente.


Este experimento, cruel como es, demostró que cuando la mente del animal está condicionada, vivirá dentro de las limitaciones impuestas por el condicionamiento, aún después de ser librado del mismo. También ilustra con claridad el problema que tuvo Dios con los hijos de Israel. Estaban sometidos a la esclavitud, atados al poste del Faraón, como lo habían estado durante cuatrocientos treinta años. Luego, un día Dios envió a un hombre llamado Moisés para que quitara la correa y los dejara libres y él liberó a Israel de la mano de su opresor.


Pero liberarlos de sus pensamientos de opresión fue algo totalmente diferente.


La razón por la que Dios se negó a llevar a los israelitas directamente a Canaán después de su liberación, fue porque seguían mentalmente siendo esclavos de Egipto. Habían sido liberados de Egipto, pero todavía no eran libres. Así que Dios debió lidiar con sus mentes aunque sus cuerpos estaban ya libres de la opresión. Esta ilustración capta el principio que se aplica a las personas, las comunidades y las naciones: las condiciones determinan la conducta hasta que son interrumpidas por una fuerza externa.


El componente importante que falta en la vida de muchos creyentes y comunidades cristianas es la base del conocimiento sobre la administración. Es con el fin de cambiar esta situación que he escrito los capítulos que siguen. No hemos aprendido a dominar la irresponsabilidad que nos legó Adán, y hemos malinterpretado y administrado mal nuestro llamado a gobernar La Tierra.


Para muchos de nosotros el cielo es el objetivo y la opresión es nuestro modo de pensar. Como los hebreos en la antigüedad, marchamos en círculo sin ver la buena vida en La Tierra. Mientras tanto podemos hablar en lenguas, pero no sabemos hablar con el banquero. Podemos saltar y danzar "en el Espíritu", pero no sabemos manejar nuestras propias vidas.


Hay cristianos supuestamente exitosos que tienen título y posición en grandes compañías, pero no pueden manejar a su propia familia. Ganan US$ 600.000 al año, pero siguen dando vueltas en el desierto cuando se trata de amar a sus esposas. Han aprendido a ganar y administrar el dinero, pero no saben manejar sus hogares. El Salmo 127:1 dice: "Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles". Quiero hablar de la administración como la designa Dios: para plenitud de cada uno de nosotros.


Creados para la libertad


La libertad -lo que es y lo que no- es el principio central de la relación original de Adán, y el propósito de este libro. En el relato de Génesis, Dios el Creador puso al hombre en el Jardín y dijo: "Eres libre".


"…y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.»" Génesis 2:16-17


Dios declaró que el hombre era libre y le dio trabajo. La libertad es algo básico en la voluntad de Dios para el hombre. Adán era libre de producir, duplicar, multiplicar y fructificar todo lo que Dios le había dado para hacer, pero no era libre de violar la ley de Dios. Dios puso solo un elemento en el Jardín para mantener la obediencia del hombre: el árbol del conocimiento del bien y del mal. Imagine los millones de árboles que Dios había creado y, sin embargo, puso un cartel de "No pasar", frente a uno solo. Esto era necesario para poder activar la voluntad del hombre por medio del poder de elección.


Liberación no es libertad


Quizá haya construido usted una linda casa al borde del desierto de Sinaí. Se siente cómodo en su opresión, pero sabe que Dios tiene mucho más reservado para usted. Ha dejado de creer en los milagros porque ya no los ve. No ha escuchado a los mentores que se le asignaron en la vida. Y no ha sido fiel a la Palabra de Dios. Ha sido liberado pero aún no es libre. Y sabe que hay más en la vida, más que esto. Es por eso que le escribo.


No hay forma de entrar en la libertad sin soportar el peso de su responsabilidad. Si quiere ascender al puesto de gerente general, debe estar dispuesto a aceptar la responsabilidad de esta posición. El precio de la responsabilidad requiere de más tiempo, talento, energía, iniciativa y sustancia. El título es bueno; la paga, maravillosa; pero la carga laboral es siete veces mayor. Tiene que estar allí antes que todos los demás, y será el último en dejar la oficina. Si algo sale mal, lo llamarán a usted, de día o de noche. Si el caño de agua se rompe a las 03:00, recibirá una llamada de teléfono. El día de trabajo de 09:00 a 17:00 ya no se aplica a usted, porque ahora es usted el gerente general, y ahora usted trabaja todo el tiempo.


Es fácil ser encargado de limpieza, porque puede irse a las 17:00. Cuando trabaja como empleado, a veces podrá salir a almorzar y tardar casi dos horas, porque casi nadie se dará cuenta. Pero si quiere progresar debe madurar a la responsabilidad de la libertad, porque hay un costo.


Liberarse del opresor no garantiza que nos liberemos de la opresión. Pero la responsabilidad sí nos da esta garantía. La responsabilidad hace que decidamos esforzarnos para levantarnos más temprano y trabajar todo el día hasta terminar con la tarea. Y esto es lo que nos permite hacer la libertad cuando sinceramente queremos ser libres de veras.

Tomado del libro “EN BUSCA DE LA LIBERTAD” Myles Munroe.


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.
Imprimir