jueves, 24 de diciembre de 2009

La Navidad ¡Cristiana o pagana!




Escrito por: Dawlin A. Ureña

Nosotros los cristianos esperamos con ansias la llegada de las Navidades en todo el mundo para dar riendas sueltas a nuestra alegría al recordar el nacimiento de nuestro Salvador. Sin embargo, para un observador imparcial, la forma en la que se celebran las Navidades podría resultar reprochable, especialmente en las grandes ciudades, donde la gente celebra de maneras que no podrían nunca ser consideradas cristianas.

La palabra Navidad es procedente de la palabra “Natividad”, la cual significa “Nacimiento”. En otras palabras, sin importar con cuáles otras celebraciones de fin de año coincidan las Navidades, es indudable que la celebración de las Navidades alude a un “Nacimiento”. ¿El nacimiento de quién? El Diccionario de la Real Academia Española, en su definición de “Navidad” nos proporciona la respuesta: “Navidad: Natividad de Nuestro Señor Jesucristo; Día en que se celebra” Diccionario de la Real Academia Española. Espasa, España, 1996. Pág. 776.

Dicho esto, es apropiado también decir que a través del paso del tiempo se han agregado muchas costumbres tradicionales a la celebración de las Navidades. Estas adiciones socavan la celebración auténtica del nacimiento de nuestro Señor y Salvador. El materialismo que día tras día más y más rodea esta celebración obviamente nos dirigen a lo superficial, material y mundano. Durante las Navidades las tiendas reportan ventas récords de alcohol, el uso de drogas aumenta desmesuradamente y la gente parece solamente estar concentrada en la diversión.

¿Nació Jesús el 25 de diciembre?

Los estudiosos bíblicos no tienen ni idea de cuándo pudo haber ocurrido el nacimiento de Jesús. Por más de 300 años los cristianos primitivos observaron días diferentes. En el 354 después de Cristo el Obispo Liberio de Roma ordenó a los creyentes celebrar el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre. El Obispo escogió tal día porque muchos en Roma ya celebraban ese día como festivo y lo dedicaban a Saturno. Sin embargo, las Navidades no son, como muchos alegan, históricamente descendientes de la celebración romana llamada Saternalia, la cual incluía excesos carnales extravagantes. La explicación del Obispo fue que había escogido este día para contrarrestar la celebración pagana ya existente, y para comenzar a cambiar la tradición y para cristianizar la fecha. A partir de ese momento, debido a la hegemonía romana en el mundo, los cristianos fueron poco a poco adoptando tal día como el escogido para la celebración del nacimiento de Cristo.

Celebrar el nacimiento de Cristo, aún cuando no sabemos a ciencia cierta cuándo ocurrió en realidad, no es malo en lo absoluto. Ese es el día escogido para recordar su nacimiento. Eso es lo importante.

Costumbres paganas y tradiciones que desvirtúan las Navidades

Es increíble pensar que por tantos años la gente celebró las Navidades ÚNICA y EXCLUSIVAMENTE como una fiesta religiosa. Sin embargo, recientemente hemos adoptado costumbres que no están relacionadas con la iglesia y la tradición cristiana en lo absoluto. Durante la Edad Media, en Inglaterra, los cristianos celebraban las Navidades y era la época que definitivamente traía más alegría y comunión en todo el año. Mucha gente se extralimitaba y llegó un punto cuando la gente comenzó a confundir la alegría mostrada por la mayoría cristiana, y aprovechaban y se daban al alcohol y a la prostitución. Las barras y los cabarets se abarrotaban de clientes y unos cristianos llamados “puritanos” decidieron suspender completamente la celebración de las Navidades en Inglaterra. Se pasó una ley y en 1643 se suspendió la celebración. Más tarde este decreto se suspendería, por supuesto.

La celebración navideña que llevamos a cabo en Estados Unidos y en la mayoría de las ciudades grandes de Latinoamérica son una combinación de varias costumbres y tradiciones que provienen de diferentes culturas europeas y en algunos países, tales como República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, hasta se notan influencias africanas. En nuestro caso, como cristianos que somos, sería bueno y provechoso eliminar al menos las más nocivas de estas tradiciones y costumbres de nuestra celebración. Cualquier cosa que no dé la gloria a Cristo debe ser eliminada.

Dicho esto, es bueno dejar claro que no debemos caer en extremos. En los países latinoamericanos existe gente que es como los fariseos de los tiempos de Jesús, que creen que la santidad es externa, mientras en su corazón está lleno de orgullo. “¡Yo soy santo!”, es lo que dicen. No estando conscientes que la santidad solamente se obtiene mediante la limpieza del corazón, no gracias a las apariencias.

¿Y qué de los árboles de navidad? ¿No son ellos una tradición pagana?

Existen varias historias acerca del origen de los árboles navideños. Hubo un tiempo que la gente de Escandinavia hasta los adoraba. Otras culturas, incluyendo a los romanos, quienes adoraban cientos de dioses, creían que los ramos verdes de los árboles traían buena suerte. Por su parte los alemanes fueron los que probablemente usaron los árboles como decoraciones navideñas. Pero hasta en los tiempos bíblicos ya existía una costumbre parecida. Después de todo, es el estándar bíblico el que debemos usar para decidir positiva o negativamente.

“Oíd la palabra que ha hablado Jehová acerca de vosotros, oh casa de Israel. Así ha dicho Jehová: “No aprendáis el camino de las naciones, ni tengáis temor de las señales del cielo, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad: Cortan un árbol del bosque, y las manos del escultor lo labran con la azuela. Lo adornan con plata y oro; lo afirman con clavos y martillo para que no se tambalee. Son como un espantapájaros en un huerto de pepinos. No hablan; son llevados, porque no pueden dar un paso. No tengáis temor de ellos, porque no pueden hacer daño ni tampoco tienen poder para hacer bien.” Jeremías 10:1

Es totalmente obvio que en este caso bíblico aludido por el profeta Jeremías, esta gente cortaba los árboles, los decoraba ¡y los adoraba! Pero la Palabra del Señor instruía a su Pueblo a no se dejaran influir por estas costumbres paganas, ya que no tenían el poder que la gente reclamaba que tenían ni eran capaces de hacer las cosas que sus adoradoras creían. El Señor claramente le hace saber a su Pueblo que no hay poder en los árboles. El mal se encontraba en la adoración de los árboles, tal y como está el mal en la adoración de una estatua (Buda), una fotografía de Jesús, una imagen de la virgen María o cualquier otro objeto.

La conclusión práctica es que el mal no yace en colocar los árboles de navidad. Si nosotros colocamos y decoramos un árbol con escenas del nacimiento, evidentemente estamos recordando el nacimiento del Salvador, ¡NUNCA alabando al árbol mismo!

Una iglesia en crecimiento compra un edificio que no fue fabricado para ser un templo, sin embargo la congregación da gracias a Dios por bendecirlos con una nueva edificación donde pueden alabar con mayor amplitud. Una iglesia en crecimiento usa artefactos como altos parlantes o bocinas e instrumentos que no fueron creados con la finalidad exclusiva de adorar a Dios, pero tan pronto estos instrumentos y equipos electrónicos son obtenidos por la iglesia y “separados” para el servicio del Creador, éstos quedan automáticamente santificados, y no deben ser usados para otros fines que no sean los de la alabanza a Dios. Sin embargo, muchos dicen que no debemos escuchar merengues, salsas, cumbias, o rock cristianos, “porque esa música no es de Dios”. ¿Pues son los instrumentos musicales fabricados para Dios desde el principio? ¡No! Ellos son santificados y separados para el servicio una vez son obtenidos con el dinero del pueblo Santo y usados en las alabanzas del Salvador. Un merengue o un Rock pueden ser compuestos para alabar, y el hecho de que sean merengue o rock, no los hace inaceptables ante Dios.

Lo mismo podría decirse de los árboles. Es el propósito con que se coloque el árbol en la casa, el que determina si es aceptable antes Dios o no lo es.

Cuando Caín y Abel trajeron sus sacrificios, el de Caín no fue agradable a Dios no porque fuera el fruto de la tierra. ¡No! La razón fue porque Caín no le trajo la primicia de sus frutos a Jehová. Abel sí lo hizo. Dios no anda buscando ovejas en vez de frutos de la tierra. ¡Él anda en busca de siervos que le alaben en espíritu y en verdad! Sea con un árbol, un merengue, una oración, una danza, una tambora, una trompeta, o a cappella.



©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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miércoles, 23 de diciembre de 2009

La Navidad : ¿Qué es la Navidad para Usted?




Escrito por: Sergio A. Perelli

La semana previa a la Navidad, mientras preparaba un café; mis oídos no dejaron escapar una conversación que se estaba desarrollando en un programa de televisión que mi hijo menor estaba viendo.

Entonces, decidí pasar a la habitación en donde se encontraba Giovanni y la escena de la serie televisiva presentaba a un padre que tenía a sus hijos reunidos alrededor de la mesa familiar y a los cuales les hacía la siguiente pregunta: ¿qué es la Navidad para Ustedes?

El mayor de los hijos tomando la iniciativa respondió: “Papá, si le hicieras la misma pregunta a 100 personas tendrías 100 respuestas diferentes”.

¿Será que si yo les pregunto a 100 personas que pudiera encontrar participando de una carrera para comprar regalos en un centro comercial qué es la Navidad para ellos; obtendría 100 respuestas diferentes?

Tengo que confesar que me siento inclinado a estar de acuerdo con el enunciado que salió de los labios del joven actor porque en la misma semana había escuchado algo similar en un programa de radio con el agregado de que muchos llegaron a la conclusión de que: “La Navidad puede tener muchos significados…es un tiempo de familia, de dulces, de regalos, de fiestas, de amigos, de solidaridad, de ocio, de compras, de cenas, de nieve, etcétera.”

¿Será que en el etcétera están incluidas las borracheras y todas las obras de la carne?

¿Será que en el etcétera está incluido Papá Noel?

O ¿será que en el etcétera alguien pensó en el nombre de JESUS?

No me extraña que en el mundo en que vivimos los nombres de los personajes de Papá Noel, de Santa Claus, de San Nicolás, del niño Dios, hayan reemplazado el nombre de JESUS; pero el temor más grande que tengo es que en la Navidad, JESUS tampoco sea el invitado de honor en los hogares de familias que dicen profesar el Cristianismo.

Yo aproveché la oportunidad para preguntarle a mi hijo: ¿qué es la Navidad para ti?

Su respuesta fue: “En la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, que vino al mundo para morir por nuestros pecados en la Cruz”.

¿No fue el mismo apóstol que escribió: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que CRISTO JESUS VINO AL MUNDO PARA SALVAR A LOS PECADORES, DE LOS CUALES YO SOY EL PRIMERO?” 1 Timoteo 1:15.

Cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños a José para anunciarle que María daría a luz un niño le dijo: “Llamarás su nombre JESUS, porque EL SALVARA A SU PUEBLO DE SUS PECADOS”.

No existe otra razón válida para celebrar la Navidad de que “CRISTO VINO AL MUNDO A SALVARNOS” y esto es lo que debería significar la Navidad también para Usted.

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lunes, 30 de noviembre de 2009

EL FUERTE



Escrito por: Dante Gebel

En la vieja Argentina de los setenta la gran mayoría pertenecíamos a la clase obrera. Los más afortunados podían irse de vacaciones a la costa, las sierras o a las cataratas. Los más pobres nos conformábamos con quedarnos en casa. Lo que jamás se me hubiese cruzado por la cabeza, es que aquel verano del 77 un pequeño incidente me iba a cambiar la vida para siempre.

Era el primer día de regreso a clases, a principios de Marzo. Y la maestra insistió con el mismo método pedagógico que venía usando desde el primer grado: preguntarle a cada alumno a dónde habían pasado sus vacaciones. Uno a uno iban levantando la mano y diciendo en voz alta los lugares que habían visitado. Y la inmensa mayoría tenía una historia que contar. Las montañas. El mar. La carpa junto al río. La nieve en algún lugar remoto.

Fue entonces que me cansé de ser pobre, supongo. O de no haber podido ir a ninguna parte, casi nunca.

-Yo no fui a ningún lado, porque no quise –confesé con la mano alzada.
 -¿Cómo que no quisiste? –replicó la maestra.
-Sí, porque mi papá me dijo que podía elegir: o íbamos a algún lugar de vacaciones o me construía un fuerte.
-¿Un fuerte? ¿Cómo que un fuerte? –contestó.

A esta altura me había ganado la atención de toda la clase. Fue la primera vez que sentía que yo era por fin, importante para los demás, y dejaba de ser el alumno invisible de siempre.

Obviamente, lo del fuerte era mentira, pero por alguna razón sentía que se me había ocurrido una buena idea para no ser menos que los demás. Era justo que por esta vez, me tocara a mí ser el centro de las miradas y los comentarios.

-Un fuerte de verdad –agregué- un fuerte como tienen los soldados en las películas, con troncos alrededor, con un mangrullo para ver los indios de lejos, con armas, con una bandera…me lo hizo mi papá al fondo de mi casa porque él es carpintero.

-Qué bueno. Con semejante regalo es lógico que no hayas querido irte de vacaciones- finalizó la maestra.

En el recreo me rodearon casi todos los compañeros pidiéndome detalles. Y como ya no me sentía avergonzado de no haberme ido de vacaciones, no escatimé en agregarle lo que se me ocurría a la virtual construcción del fondo de mi casa. Dije que era inmenso, tamaño real. Que tranquilamente podía albergar a toda la clase, que seguramente algún parque de diversiones iba a querer comprarlo, algún día. Todos los alumnos me miraban asombrados. Que tipo con suerte. Tener un papá que te construya un fuerte para uno solo. Esas eran verdaderas vacaciones, si señor.

Pero alguien decidió arruinarme el día.

-Si es verdad, queremos ir a verlo –dijo un “mal compañero” que se llamaba Marcelo Negri.

-¿H…oy? –Tartamudeé- hoy no se va a poder, porque mi mamá está muy enferma (a esta altura, una mentira mas era una manchita más al tigre).

-Entonces mañana, ¿o te inventaste todo eso del fuerte? –dijo.

-¿Cómo me lo voy a inventar? Si les digo que tengo un fuerte, es porque es verdad- respondí enojado, mientras me daba cuenta que me acababa de meter en un grave problema.

Ese día volví a casa devastado. Mi propia boca me había puesto entre la espada y la pared. Pensaba que todo iba a terminar en la clase y jamás me imaginé que alguien se iba a empecinar en querer ver mi fuerte. No podía decir que lo habíamos desarmado porque no era lógico, ni mucho menos confesar la verdad, porque iba a transformarme en un muerto político para todo el colegio. Y esa fue la peor noche que recuerdo de toda mi niñez.

Cerca de la una de la madrugada, no aguanté más y me aparecí en la habitación de mis padres, llorando. Les confesé que me había sentido mal por no haber ido a ningún lugar de vacaciones y que me inventé lo del fuerte. Y lo peor es que Marcelo quería venir a verlo mañana, después de clases.

Obviamente, ni vale la pena que transcriba lo que me dijeron y las caras de asombro. Mi madre me miró con cierta lástima y me dijo que iba a tener que confesarles la verdad a todos y pedirles perdón por semejante mentira.

Volví a la cama más destrozado aún e intenté dormirme.
A los quince minutos, sentí a mi papá que me tocaba el hombro.
-Dante, levántate. Y abrígate que hace frío.
-¿A dónde vamos?
-A construir ese fuerte- dijo, y se dio media vuelta.

Y esa noche, casi sin hablarnos y bajo el rocío de la madrugada, ayudé a mi papá a construir un fuerte…o algo parecido. Una vieja cucha del perro hizo de cuartel, unas viejas lonas sirvieron como techo. Algunas ramas de limonero hacían a su vez, de troncos. Y de mangrullo, pusimos una escalera que me ocupé personalmente de tapar con hojas de higuera. Cuando terminamos, casi dos horas después, mi papá, (que por cierto siempre fue un hombre de pocas palabras) me dijo:

-Ahora puedes traer a quien quieras, pero cuando se vayan, tú y yo vamos a hablar, largo y tendido.

El resto de la historia es predecible. Aunque mi amigo comprobó que había exagerado un poco, no pudo negar que lo que yo había dicho era la pura verdad. Y esa tarde, hasta jugamos un rato a los soldados e indios.

Pero a la noche, tuve una charla que no pude olvidar, aún con el paso de los años.

-Lo que hiciste estuvo muy mal- dijo mi papá- y por eso, vas a tener penitencia. Esta vez te salvé porque soy tu padre y no quería que pasaras vergüenza. Pero en la vida, tienes que andar con la verdad, siempre, aunque sea fea o no te guste. La verdad es lo único que te va a ser una persona de bien.

Le pedí perdón y le agradecí por salvarme el pellejo. Pero principalmente por ayudarme a comprender el amor de Dios.

Hoy ya soy un hombre. Y muchas veces, vuelvo a meter la pata. Me equivoco, callo cuando debía hablar o hablo cuando debía haberme callado. Y entonces es cuando voy a la presencia del Señor y le digo que estoy consciente que me equivoqué, pero que por favor…me construya el fuerte. Le digo que si alguna vez mi papá lo hizo, El también puede ayudarme a salir del embrollo. Y en más de una madrugada, siento que el Padre me toca el hombro y me dice que de algún modo lo vamos a arreglar. Y me construye el fuerte. Aunque me haya equivocado, no me deja avergonzar. Paga mis deudas, me saca del lío, saca la cara por mí.

Claro que después tenemos que charlar “largo y tendido”, pero El siempre me ayuda a arreglar esos errores que me devastan el alma.

Si a lo mejor te equivocaste feo, o volviste a caer en eso que prometiste no volver, o si te alejaste de El e hiciste cosas que te da vergüenza solo de contarlas. Yo sé que es bíblico el tener que asumir las consecuencias, pero también sé que infinidad de veces, El puede transformar tus errores en algo bueno. El es capaz de tapar el error. De protegerte de la vergüenza. De tenerte una solución antes que amanezca.

No te lo olvides nunca. Él es un gran constructor de fuertes.




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martes, 10 de noviembre de 2009

COMO CAMBIAR TU CARACTER



Escrito por: Apóstol Rosado

Efesios 4:22-24 Todo cristiano debe de entender que ya morimos al viejo hombre y que ya hemos crucificado nuestra carne con sus pasiones y deseos, y que también ya somos libres de todo pecado y de toda condenación, según (I Corintios 5:17).


Cristo ya nos hizo nuevas criaturas y por lo tanto ya no debemos de vivir de acuerdo a nuestra vieja pasada manera de ser porque ya nosotros somos nuevas criaturas por lo tanto el cristiano de verdad ya no debe de andar como el mundo anda. El mundo anda en odio, en amarguras, en pleitos, en contiendas, en griterías, en pecados y ya el cristiano no vive bajo el sistema del mundo sino que tiene que aprenderá vivir bajo el sistema de Dios, sino acuérdate como vivíamos antes que conociéramos al señor.


Antes vivías como querías hacías lo querías, decías lo que se te venia en gana y nadie te podía decir nada, porque vivías en tu “libre esclavitud del pecado” sin conocer la moralidad el respeto, la honra, El amor, los principios éticos morales y espirituales y sin conocer a Dios, que es la base de toda moralidad, y respeto.


Antes nos decían dos palabras y nosotros les decíamos cuatro, y teníamos una mala forma de decir las cosas, éramos grotescos y lo cubríamos todo con aquella famosa palabra “yo no tengo pelos en la lengua” o “yo le digo la verdad a cualquiera” “ami me vale, al que le quede el guante que se lo plante”. Vivíamos enojados, con  cólera, con amargura, con cara de limón. No seas cara de limón gózate, gózate, en tu Señor.


Que lindo es ver a Cristianos sonrientes, contentos, felices, a veces en pruebas pero contentos, porque saben que tienen una esperanza en el reino de los cielos, y que a pesar de las circunstancias Dios esta Con ellos. Es importante reconocer que ahora como Cristianos necesitamos vivir nuestra nueva vida en Cristo y que el mundo pueda ver en nosotros algo que realmente ellos no tienen. Por eso usted y yo debemos de trabajar para mejorar cada día nuestro carácter y que pueda haber una diferencia entre el carácter del mundo y el carácter de Dios, entre el que sirve y el que no le sirve a Dios, y te pregunto ¿Cuál es tu carácter?


Sabes que tu carácter antiguo, representa tu vieja naturaleza y manera de vivir. La vieja naturaleza representa el sistema del mundo, solo que tenemos una mente religiosa, pero que nuestra manera de ser, de pensar, de hablar, no hay ninguna diferencia entre el mundano y el Cristiano, y debe de haber una diferencia. Porque somos nuevas criaturas en Cristo, la escritura dice “pues ya no vivo yo, mas cristo vive en mi”. Lo que pasa es que muchas personas no quieren cambiar de manera de ser, de pensar, de hablar de vivir. Porque esto representa despojarse de la pasadas manera de vivir. Ya que esto se nos había formado como un mal habito una mala costumbre, y creíamos que era correcto actuar como actuábamos y así éramos felices pero ahora en Cristo nos damos cuenta que esas actitudes no nos traen ningún beneficio y debemos de cambiar.


Te voy a definir la palabra carácter y su significado, y cual es el carácter de Dios, cual es el carácter aceptable a los ojos de Dios, ¿que le agrada a Dios y que no le agrada? Carácter Significa: personalidad, naturaleza, genio, temperamento, humor, animo, firmeza, voluntad, forma, estilo, tipo, Eso significa Según el mundo y la psicología, que la personalidad de las personas esta dividida en cuatro tipos de caracteres los cuales son: el colérico, el flemático, el sanguínea, y el melancólico. ¿Con cuál de estos cuatro caracteres te defines o son compatibles a tu personalidad? O cual te gusta, o con cual te has identificado. ¿Esperar Respuestas? Y este a sido el problema de muchos cristianos que toda su vida han vivido confesando que este es su carácter, “es que así soy yo” “es que yo tengo un carácter fuerte” “es que así me criaron” y toda su vida han vivido confesando esto mismo, pero ya es el tiempo de cambiar, y de entender que ahora somos diferentes, y que somos nuevas criatura en Cristo.


EL SIGNIFICADO CADA UNO DE ESTOS CARACTERES


1. El carácter colérico: significa, violento, furioso, rabioso, irritado, enojado, disgustado, indignado, exasperación, enfadado.


2. El carácter flemático: persona tranquila, calma, lenta, no activa, no es dinámica, tonta, lela, también es moderada y prudente.


3. El carácter sanguíneo: persona que es pacifica, casi nunca se enoja.

4. El carácter melancólico: persona, con gran tristeza, abatimiento, languidez, pesadumbroso, decaimiento, con gran pena y aflicción extrema, que de todo llora, de todo se aflige, persona muy sensible alas malas noticias.


Estos caracteres representan el carácter del mundo y no el de Dios, el señor no quiere que tú seas a si, o que vivas bajo este sistema, Dios quiere que tú tengas su carácter, ya que no tienes porque vivir confesando, yo soy colérico, yo soy flemático, soy sanguíneo, o yo soy melancólico. Este es el tiempo para que cambiemos, y seamos diferentes. Sabes porque personas no están cambiando, aunque se dicen ser cristianos, ¿por qué? Todavía quieren vivir o están viviendo en su carne y no en el Espíritu Santo y todavía no han muerto a sus pasiones y deseos, viven todavía su vida antigua solo que con una mente religiosa, (por ejemplo) si una persona me dice: “es que a si soy yo” ¿que me estas diciendo que su vida no ha cambiado? Si la escritura dice que ya hemos muerto a nuestras pasiones y deseos, (Galatas 5: 24) y en I Corintios 5:15-17, y Gálatas 2:20, Filipenses 1:21


En Efesios 4:21 dice: y es lo que quiero enfatizar con ustedes y esta palabra involucra una “duda” “si en verdad le habéis oído y si habéis sido por el enseñado conforme a la verdad que esta en Jesús. El Verso 22 dice “Despojaos del viejo hombre que esta viciado conforme a los deseos engañosos” en otras palabras que esta acostumbrado o que esta viciado, a vivir su vida antigua. Despójate, quítate eso que no es de Dios, despojarse es como cuando usted se quita la ropa que se cambia cada mañana después que se baña, que pasaría si usted se pusiera la misma ropa, no le gustaría verdad que no, ¿porque no le gustaría?


Porque esta sucia, porque ya la uso también porque no es bueno, andar con ropa sucia, y hedionda, por eso nosotros debemos de cambiarnos. Y no solo del carácter sino que tenemos que despojarnos de otras cosas que perjudican nuestra nueva vida en Cristo, como la mentira, el enojo, la amargura, el robo, las malas palabras de nuestras bocas Efesios 4:25-30.


Efesios 4:31 se nos dice: “Quítense de vosotros toda amargura, griterías, iras, maledicencias, y toda clase de malicias”. Mientras hay vida hay esperanza, ¡saben hasta cuando voy a decir que una persona no puede cambiar¡ cuando lo estén enterrando y voy a decir ¿pobre hermano no pudo cambiar, se fue con eso? Pero mientras tengamos vida podemos ser mejores, podemos lograr alcanzar el carácter de Dios, porque no es Imposible podemos lograrlo si queremos. ¿CÓMO TENER EL CARÁCTER DE DIOS?



Efesios 4:32; 5:1-5 y Colosenses 3:1-17, I de Juan 4:8 y Gálatas 5:22-23 Sino veamos el carácter de Moisés, por causa de su carácter no pudo entrar en la tierra prometida, aunque Dios ya se lo había prometido, pero tu carácter puede ser la diferencia de hacer cambiar de idea a Dios, también el carácter de Pedro era un hombre aventado, adelantado, un día el Señor lo reprendió, en el huerto de Getsemaní le corto la oreja a un guardia, tu carácter te puede llevar al fracaso espiritual o a la victoria total en Cristo, Dios quiere que tu y yo seamos humildes, mansos, Espirituales, Dios es amor, Paz, Justicia, misericordioso y perdonador.


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viernes, 23 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VIII

Escrito por: Watchman Nee


D. La fe en que la ascensión del Señores superior al poder de Satanás. En cuarto lugar, debemos creer que la ascensión del Señor lo puso por encima del poder de Satanás. En Efesios 1:20-22 dice: “Resucitándole [a Cristo] de los muertos y sentándole a Su diestra en los lugares celestiales, por encima de todo ... no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”. Esto significa que el Señor Jesús ya está sentado en los lugares celestiales y está por encima de toda potestad de Satanás.


En Efesios 2:6 dice: “Y juntamente con El nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús”. Esta es nuestra posición como cristianos. El Señor Jesús resucitó, está sentado en los lugares celestiales por encima de todo poder de Satanás. Nosotros fuimos resucitados juntamente con Cristo y estamos sentados en los lugares celestiales con El, por encima de todo poder de Satanás.


Efesios 6:11-13 dice: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las estratagemas del diablo ... y habiendo acabado todo, estar firmes”. El capítulo dos nos muestra que estamos sentados en los lugares celestiales juntamente con el Señor, y el capítulo seis, que necesitamos mantenernos firmes. El capítulo dos dice que necesitamos sentarnos, mientras que el capítulo seis dice que necesitamos estar de pie. ¿Qué significa sentarse? Sentarse significa descansar e indica que el Señor venció y que nosotros ahora podemos reposar en Su victoria. Esto es lo que significa depender de la victoria del Señor. ¿Qué significa estar firmes? Quiere decir que la guerra espiritual no consiste en atacar, sino en defender. Estar firme no indica atacar; sino defender. Debido a que el Señor obtuvo una victoria total, no necesitamos seguir atacando. La victoria de la cruz es completa, y no es necesario atacar. Aquí podemos ver dos actitudes: una es sentarse, y la otra estar firmes. Nos sentamos a descansar en la victoria del Señor, y estamos firmes resistiendo a Satanás y no permitiéndole quitarnos la victoria.


La guerra cristiana se basa en rechazar la derrota, no en pelear por obtenerla. Ya vencimos. Peleamos desde nuestra posición de victoria, para mantener nuestra victoria, pues ya está en nuestras manos. La lucha que se menciona en Efesios, es la guerra que pelean los vencedores. No llegamos a ser vencedores luchando. Necesitamos distinguir entre estas dos cosas.


¿Cómo nos tienta Satanás? El trata de hacer que nos olvidemos de nuestra posición de victoria; trata de poner un velo sobre nuestros ojos para que no veamos nuestra propia victoria. Si cedemos a sus tácticas, pensaremos que la victoria está lejos y fuera de nuestro alcance. Debemos recordar que la victoria del Señor es completa. Es tan completa que toda nuestra vida está incluida en esta victoria. Una vez que creemos, vencemos. Satanás está derrotado, y nosotros hemos vencido en Cristo. Satanás quiere robarnos la victoria que hemos obtenido. Su obra consiste en probarnos para descubrir secretamente si tenemos fe. Si no sabemos que la victoria ya es nuestra, fracasaremos. Pero si estamos conscientes de nuestra victoria, su obra fracasará.


Por consiguiente, contraatacamos la obra de Satanás con la obra del Señor Jesús. Nosotros resistimos a Satanás por medio de la manifestación, la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor. Hoy nos mantenemos firmes en la obra consumada del señor. No necesitamos tratar de vencer de algún modo cuando Satanás nos ataca. Cuando tenemos el más leve pensamiento de procurar vencer, ya fracasamos porque nuestra posición es incorrecta. Cuán grande es la diferencia entre una persona que trata de vencer y una que resiste sabiendo que ya venció. Resistir al diablo significa que lo resistimos por la victoria de Cristo.


Este asunto requiere revelación. Necesitamos ver la manifestación del Señor, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión. Debemos estar conscientes de todas estas cosas.


Como cristianos debemos aprender a resistir al diablo. En toda circunstancia debemos decirle a Satanás: “¡Aléjate de mí!” Que Dios tenga misericordia de nosotros para que tengamos esta fe. Espero que tengamos fe en las cuatro cosas que el Señor efectuó por nosotros, y que podamos tener una fe firme que resista a Satanás y rechace su obra sobre nosotros.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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jueves, 22 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VII

Escrito por: Watchman Nee

Parte 5

C. La fe en que la resurrección del Señor puso en vergüenza a Satanás. En tercer lugar, debemos creer que la resurrección del Señor puso en vergüenza a Satanás; de modo que ya no puede atacarnos.


En Colosenses 2:12 dice: “Sepultados juntamente con El en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados juntamente con El, mediante la fe de la operación de Dios, quien le levantó de los muertos”. Este versículo habla tanto de la muerte como de la resurrección. El versículo 13 presenta el hecho de que nosotros estábamos muertos y resucitamos; el versículo 14 nos muestra lo que realizó el Señor al morir; y el versículo 15 nos dice que el Señor Jesús despojó a los principados y a las potestades y “los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. El versículo 20 dice: “Si habéis muerto con Cristo”, y en 3:1 leemos: “Si, pues, fuisteis resucitados juntamente con Cristo”. Este pasaje comienza con la resurrección y finaliza con la resurrección; y entre el principio y el fin se habla de triunfar en la cruz. Debemos permanecer en resurrección para triunfar en la cruz.


¿Cómo podemos hacer esto? La declaración que hicimos anteriormente lo explica: el Señor murió, y nosotros morimos en El. Satanás, quien tiene dominio sobre el viejo hombre, sólo nos puede perseguir hasta la cruz, pero la resurrección está fuera de su alcance. Así como Satanás no tenía nada en el Señor Jesús mientras estaba en la tierra (Jn. 14:30), tampoco tiene nada en El ahora que está en resurrección. Satanás no tiene absolutamente ningún lugar ni ninguna autoridad en la nueva vida. No puede tocar nuestra nueva vida.


Cuando el Señor Jesús estaba en la cruz, estaba rodeado de innumerables demonios, los cuales pensaban que podían destruir al Hijo de Dios. Esto pudo haber sido una gran victoria para ellos. No tenían idea de que el Señor Jesús iba a morir y luego saldría de la muerte y vencería la autoridad de la muerte. Este es un hecho glorioso: el Señor no pudo ser retenido por la muerte. Por eso, tenemos la confianza de decir que la vida de Dios vence la muerte.


¿Qué es la vida de resurrección? Es una vida que no puede ser afectada por la muerte, que trasciende la muerte, que va más allá de los linderos de la muerte y que no puede ser retenida por la muerte. El poder de Satanás se extiende solamente hasta la muerte. El Señor Jesús demostró con Su resurrección cuán grande es el poder de Su vida, pues con él desmenuzó el poder de Satanás. La Biblia llama a este poder “el poder de Su resurrección” (Fil. 3:10). Cuando este poder se expresa en nosotros, todo lo de Satanás es derribado.


Podemos resistir a Satanás porque tenemos la vida de resurrección, la cual no tiene nada que ver con Satanás. Nuestra vida procede de la vida de Dios; es una vida que no puede ser retenida por la muerte. Satanás no puede tocar esta vida, porque su poder sólo llega hasta la muerte. Debemos mantenernos en la resurrección y mirar triunfalmente hacia atrás por medio de la cruz. Colosenses 2 habla de triunfar en resurrección. Dicho capítulo habla de la resurrección, no de la muerte. No triunfamos sobre la muerte por medio de la resurrección, sino en la resurrección.


Al resistir al diablo los hijos de Dios deben declarar con una fe firme: “Gracias doy a Dios por haberme resucitado. Satanás, ya no puedes hacer nada. ¡No tienes poder! ¡Esta vida está muy por encima de ti! ¡Satanás, aléjate de mí!”

No podemos hacerle frente a Satanás basándonos en la esperanza. Sólo lo podemos detener en la resurrección, el terreno del Señor. Este es un principio fundamental. Colosenses 2:12 nos dice que debemos creer en “la operación de Dios, quien le levantó [a Jesús] de los muertos”.


Necesitamos mantener ante Satanás la posición que tenemos ante Dios. La Biblia nos dice que cuando nos acerquemos a Dios lo hagamos con manto de justicia (Is. 61:10; Zac. 3:4-5), el cual es Cristo. Necesitamos vestirnos de Cristo para acercarnos a Dios. De la misma manera, necesitamos vestirnos de Cristo cuando enfrentamos a Satanás. Dios no halla pecado en nosotros cuando nos vestimos de Cristo. Tampoco Satanás puede hallar nuestros pecados cuando estamos en Cristo. Cuando nos mantenemos en esa posición, Satanás no nos puede atacar, pues allí somos perfectos ante Dios y también ante Satanás. ¡Qué hecho tan glorioso!


No debemos temerle a Satanás. Si tenemos temor de él, se reirá de nosotros y dirá: “¡Qué persona tan necia! ¿Cómo puede ser tan insensata?” Todo aquel que le teme a Satanás es un tonto, porque ha olvidado su posición en Cristo. No tenemos razón para temerle. Hemos trascendido sobre su poder. Podemos mantenernos firmes en nuestra postura y decirle: “¡No puedes tocarme! ¡No importa cuán fuerte seas ni cuántos recursos tengas, te has quedado atrás!” En el día de la resurrección del Señor, llevó cautivo al enemigo y lo expuso a vergüenza pública. Hoy estamos permaneciendo en el terreno de la resurrección, y ¡triunfamos por medio de la cruz!

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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lunes, 5 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VI


Escrito por: Watchman Nee


En todo el universo la autoridad está por encima del poder. No importa cuán fuerte sea el poder de Satanás, hay un hecho cierto: el Señor Jesús dio Su nombre a la iglesia. Este nombre representa Su autoridad. La iglesia puede echar fuera demonios en el nombre del Señor. Podemos invocar el nombre del Señor para combatir el poder de Satanás. Agradecemos a Dios porque el nombre del Señor es inmensurablemente mayor que el poder de Satanás. La autoridad que sustenta el nombre del Señor vence el poder de Satanás.


Los discípulos salieron en el nombre del Señor y cuando regresaron contaron que se habían sorprendido. Ellos le dijeron al Señor: “Aun los demonios se nos sujetan en Tu nombre” (Lc. 10:17). El nombre del Señor tiene autoridad. Al darnos Su nombre nos da Su autoridad. El Señor dijo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará” (v. 19). Todo aquel que desee resistir a Satanás debe reconocer la diferencia entre la autoridad del Señor y el poder de Satanás. No importa cuán grande sea el poder de Satanás, la autoridad del Señor lo vence.


Debemos creer que Dios dio Su autoridad a la iglesia, la cual, a su vez, puede echar fuera demonios y resistir al diablo en el nombre del Señor Jesús.


B. La fe en que la muerte del Señor destruyó a Satanás. En segundo lugar, debemos creer que el Señor Jesús destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (He. 2:14). La manifestación del Señor Jesús destruyó las obras del diablo, y Su muerte destruyó al diablo mismo.


La muerte del Señor constituye la mayor derrota para el diablo porque no solamente es un castigo [para él], sino también el camino de la salvación [para los creyentes]. En Génesis 2:17 Dios habló de la muerte: “Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Esta muerte es un castigo. Satanás se deleitó al oír esta palabra. Puesto que el hombre moriría si comía el fruto, Satanás lo indujo a comer dicho fruto, para que la muerte reinara en el hombre y así poder reclamar la victoria. Al mismo tiempo, la muerte del Señor constituye el gran camino de salvación. Dios dijo: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. La muerte es, entonces, un castigo. Pero el Señor ofrece otra muerte, la cual es el camino de la salvación. La muerte puede castigar a los que pecan, pero también puede salvar y librar a quienes están en pecado. Satanás pensó que la muerte sólo podía castigar al pecador. El se asió de este hecho y reinó mediante la muerte sobre el hombre. No obstante, Dios salva y libra al hombre del pecado por medio de la muerte del Señor Jesús. Este es un aspecto profundo del evangelio.


La muerte del Señor en la cruz no solamente nos libra de nuestros pecados sino también de la vieja creación. Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con el Señor. Aunque Satanás reina por medio de la muerte, cuanto más reina por la muerte, peor es su suerte, porque su reino llega a su fin con la muerte. Puesto que ya morimos, la muerte no nos puede hacer daño; ya no reina sobre nosotros.


“El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Dios dijo esto para que el hombre no comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero el hombre comió y pecó. ¿Qué se podía hacer entonces? El pecado se paga con la muerte; esto es irreversible. Sin embargo, hay un camino de salvación, el cual consiste en pasar por la muerte. Cuando el Señor Jesús fue crucificado por nosotros, la vieja creación y el viejo hombre fueron crucificados con El. Esto significa que la autoridad de Satanás sólo llega hasta la muerte. La Escritura dice: “Para destruir por medio de la muerte al que tiene el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2:14).


Damos gracias y alabamos al Señor porque ya estamos muertos. Si Satanás nos ataca, podemos decirle: “¡Ya estoy muerto!” El no tiene autoridad sobre nosotros pues estamos muertos. Su autoridad sólo llega hasta la muerte.


Nuestra crucifixión con Cristo es un hecho que Dios ya efectuó. La Biblia no dice que nuestra muerte con el Señor pertenezca al futuro; no es algo que esperemos experimentar algún día. La Biblia no nos dice que procuremos la muerte, sino que nos muestra que ya estamos muertos. Si una persona todavía procura morir, obviamente no está muerta. Pero así como Cristo murió por nosotros gratuitamente, asimismo Dios puso a nuestra disposición la muerte de Cristo. Si un hombre procura ser crucificado, aún está en la esfera de la carne. Así como creemos en la muerte del Señor por nosotros, de la misma manera necesitamos creer que morimos en El. Ambas cosas requieren un acto de fe y no tienen nada que ver con el esfuerzo humano. Cuando tratamos de llevar a cabo estos hechos, nos exponemos al ataque de Satanás. Tenemos que asirnos a los hechos ya cumplidos y declarar: “¡Te alabo Señor y te doy gracias porque ya estoy muerto!”


Debemos ver que ante Dios morimos juntamente con Cristo; es un hecho consumado. Una vez que tengamos esto en claro, Satanás no podrá hacernos nada. Satanás sólo puede hacerles daño a los que no han muerto. El sólo puede gobernar a aquellos que están luchando contra la muerte y que van apenas camino a la muerte. Pero nosotros ya no peleamos contra la muerte, pues ya morimos. Satanás no nos puede hacer nada.


Para resistir a Satanás, debemos comprender que la manifestación del Señor fue una manifestación de autoridad, y la obra de Su cruz libró a todos los que estaban bajo la mano de Satanás. Satanás ya no tiene autoridad sobre nosotros, pues estamos muertos; estamos por encima de él. La obra de Satanás sólo llega hasta la muerte, y después ya no pueda hacer más daño.

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