lunes, 5 de enero de 2009

BUSCANDO EL REINO

Escrito por: Myles Munroe


La amenaza más grande a la sociedad civil es la humanidad. Cada día la inundación de imágenes en nuestras pantallas de televisión habla de la triste realidad. La sangre, la muerte, la diplomacia, el conflicto, el odio, el temor, la pobreza, el hambre, la violación, el genocidio, refugiados y migración humana, los desastres naturales, los bombardeos diarios, la incertidumbre económica, la inmigración, la corrupción corporativa, el decaimiento moral, la revolución sexual, y el choque de contra culturas—todo éstos testifican al hecho innegable que somos nuestro peor enemigo. Todas nuestras universidades, la tecnología del ciberespacio, los tanques, las reuniones del G-8 y las políticas de la inmigración, adelantamientos médicos, los experimentos sociales, las conferencias religiosas, las caminatas por paz, y las declaraciones de alto al fuego y paz en la tierra, todo parece desplomarse a merced de nuestro propio espíritu destructivo voluntario. Construimos edificios y entonces nos bombardeamos; hacemos armas y entonces las utilizamos en contra de nosotros mismos; inventamos medicinas que curan y entonces se la retenemos al enfermo; mejoramos la telaraña mundial para aumentar la comunicación global y entonces la utilizamos para destruir la fibra moral de nuestros niños. Somos nuestro peor enemigo.


Todo esto es compuesto por el establecimiento de religiones sofisticadas en las que nosotros nos retiramos para escapar al caos social que hemos creado. La religión es la fuerza más poderosa en la tierra. A pesar de los reclamos de muchos, todos en la tierra son religiosos. La religión es definida como la adherencia a un conjunto de las creencias que regulan la enseñanza, la conducta social y ritualista del individuo. Esta definición incluiría al ateo llamado, el laicista, el comunista, el socialista, el humanista o el agnóstico, porque todos adhieren a un sistema de la creencia de alguna clase, incluso si la creencia es que no hay componente providencial en la creación ni en la vida como nosotros lo sabemos, ni una creencia en el poder humano como la medida suprema de la verdad y la justicia.


Virtualmente cada gran problema en la historia y en nuestro mundo contemporáneo puede ser trazado a alguna base religiosa. La religión ha motivado la masacre de millones con el paso de los años en acontecimientos horribles tales como Las Cruzadas, La Inquisición, y Las guerras relacionados con La Reforma protestante y La Contra-reforma católica. La esclavitud, la limpieza étnica, el apartheid, la segregación, la discriminación racial, y otras prácticas opresivas que han sido justificadas por algún código o sistema religioso.


Aún este nuevo milenio comenzó con actos definitivos de terrorismo religioso. Los atentados terroristas del 9/11 mandado por el sistema nervioso global de la humanidad y continúan abasteciendo de combustible los fuegos del conflicto, del odio, del temor, y del asesinato a través del mundo. Cuán irónica es esa religión, que por su naturaleza debe proporcionar la solución a los problemas de la humanidad y proporcionar la esperanza y la fe para la vida, son más los problemas que crearon a través de la historia que los que ha resuelto. Quizás esto es una razón para los millones que han girado lejos de todas las formas de religión institucionalizados y han optado por abrazar filosofías tales como el humanismo, el comunismo, y el agnosticismo. Algunos han renunciado simplemente y perdido toda esperanza en la humanidad. Yo mismo he luchado por enfrentarme mucho tiempo con esta dicotomía de la humanidad.


La naturaleza—nuestro deseo para venerar y servir alguna deidad que reclamamos para ser benévolos y adorar, mientras demostramos al mismo tiempo un afán destructivo motivado por nuestra "lealtad" a esta misma deidad. En el camino yo también perdí la fe en el concepto de la religión y en un sentido verdadero tuve que buscar algo más allá y superior a estas prácticas defectuosas creadas por el hombre. La religión es un fenómeno natural que existe de alguna forma en cada cultura humana—y siempre esta ahí. Esto levanta la pregunta natural: ¿Cuál es la fuente de la religión, y por qué son tales características naturales e inherentes del espíritu humano?


Treinta y cinco años de investigación y exploración personal de esta pregunta me han dirigido a la conclusión que la religión es el resultado de un hambre inherente en el espíritu humano que el hombre no puede definir mas debe procurar satisfacer. Esta hambre indefinible, surge de un vacío creado por la pérdida de algo que el hombre poseía, lo maneja para seguir las respuestas más allá de su propio reino. Las generaciones han procurado satisfacer esta hambre con supersticiones, rituales sofisticados y prácticas que a menudo parecen desafiar la lógica y la razón humanas. Las actividades religiosas procuran tratar con las preguntas de la existencia de la humanidad y el propósito así como la vida después de la muerte y el mundo espiritual desconocido. Muchas de estas religiones son atractivas porque ellos prometen a sus adherentes las acciones para controlar las circunstancias de su diario vivir. Si ellos pueden cumplir con esta promesa o no es otro asunto. El propósito de este libro es ayudarlo a dirigir estas preguntas y presentarle una propuesta que va más allá de la religión y directo al corazón de la necesidad más grande de la humanidad y ofrece una solución a esta búsqueda humana universal. Tengo la convicción de que cada persona en la tierra busca dos cosas en la vida: el poder y el propósito. Todos nosotros buscamos el significado para nuestra existencia y el poder de controlar nuestro vivir y nuestras circunstancias; el poder de determinar el futuro y predecir lo desconocido; el poder sobre la vida y la muerte. Buscamos este propósito y el poder en muchos sentidos: la religión, la política, el dinero, la fama, la notoriedad, el reconocimiento, la influencia. Nuestro búsqueda de propósito y poder es la fuente y el motivo primarios para el desarrollo de la religión.


Todas las religiones son lo mismo en el sentido que procuran contestar las preguntas de poder y significado. Todos prometen el poder para controlar la vida y las circunstancias y explican la vida y la muerte. Todos reclaman tener la verdad. Todos reclaman la superioridad sobre el otro. Todos comparan y compiten uno con el otro. Todos demandan la adherencia a su sistema de creencias particular al negar a los otros. Todos son motivados por la contienda y prosperan generalmente en una cultura aislada que excluye otros segmentos de la humanidad. De hecho, todas las religiones se parecen a la perfección en su espíritu de segregación y separatismo. Antes que unir a la humanidad con el poder y el conocimiento comunes de propósito, esta comprobado que la religión es un gran divisor de la humanidad.


Tomado del libro "Los Principios del Reino" Myles Munroe


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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