domingo, 4 de enero de 2009

EL LLAMAMIENTO DE ABRAHAM

Escrito por: Watchman Nee


Ya mencionamos que Dios desea obtener un grupo de personas que lleven Su nombre y sean Su pueblo. El quiere obtener un grupo de personas que puedan decir que pertenecen a Dios y que son Su pueblo. A fin de lograr esta meta, El primero trabajó en Abraham, luego en Isaac, y por último en Jacob. Las experiencias de Abraham junto con las de Isaac y las de Jacob constituyen las experiencias básicas de todos los que deseen ser el pueblo de Dios. Esto significa que ser el pueblo de Dios no se produce por casualidad. A fin de ser el pueblo de Dios, necesitamos tener experiencias específicas con El; debemos pasar por una medida de disciplina y cierto adiestramiento antes de poder ser el pueblo de Dios y vivir para Dios en la tierra. Las experiencias básicas que se necesitan para ser el pueblo de Dios son las de Abraham, Isaac y Jacob. En otras palabras, aunque muchas personas puedan llevar el nombre de Dios y sean reconocidas exteriormente como pueblo Suyo, en realidad no son aptas para serlo, a menos que vean que todo lo que tienen proviene de Dios, que todo lo han recibido y que Dios tiene que despojarlos de todo lo que pertenece a la vida natural. De no ser así, no podrán ser útiles en las manos de Dios.


Vayamos al relato de Abraham. Todos los que leen la Biblia notarán la importancia de Abraham. Su nombre se menciona al comienzo del Nuevo Testamento. El Señor Jesús habló de Abraham muchas veces en Sus discursos, pero a Adán, por ejemplo, no lo mencionó. El dijo: “Antes que Abraham fuese, Yo soy” (Jn. 8:58). El no dijo: “Antes que Adán fuese, Yo soy”. Tampoco se refirió a Adán como padre de los judíos, sino a Abraham (v. 56). Abraham era su punto de partida.


Que el Señor abra nuestros ojos para que veamos que Abraham es el punto de partida en el plan redentor de Dios y en Su obra de restauración. Romanos 4 nos dice que Abraham es el padre de los que creen (v. 17). Todo creyente comienza en Abraham; su punto de partida es Abraham, no Adán. Adán es el comienzo del pecado, pues el pecado entró en el mundo por un hombre (5:12). Aquel fue un comienzo corrupto. A pesar de que Abel ofreció sacrificios a Dios por fe, de que Enoc caminó con Dios y de que Noé temía a Dios, y toda su familia entró con él en el arca, no podemos recibir bendición de ninguno de éstos, pues no eran más que buenos individuos y, por tanto, ninguno de ellos puede ser el comienzo de la obra de restauración de Dios. Abel, Enoc, Noé y Abraham creyeron en Dios, pero existe una gran diferencia entre Abraham y los demás. Abraham ocupa un lugar mucho más importante en el plan de redención que ellos, porque la obra de restauración la comenzó Dios con él.


Debemos tener presente que Abraham es diferente de los demás hombres. Desde que Adán pecó, ha existido en la humanidad una línea de pecado. Aunque Abel, Enoc y Noé eran buenas personas, no pudieron interrumpir la línea de pecado ni cambiar la condición pecaminosa. El hombre había caído y había fracasado. A pesar de que estos tres hombres eran buenos, sólo lo fueron a nivel individual. Existe una gran diferencia entre ser bueno individualmente y producir un cambio. El primer caso en el que Dios usó a un hombre para cambiar la situación de pecado fue el caso de Abraham. Antes de éste, Dios obró en algunos individuos, pero no hizo nada que cambiara la situación de pecado. La primera vez que Dios movió Su mano para cambiar la condición pecaminosa se produjo cuando El escogió a Abraham. En otras palabras, el primer acto restaurador ocurrió en el caso de Abraham. La corriente del pecado había estado avanzando, y en medio de ella encontramos a Abel, Enoc y Noé. Abraham fue la primera persona mediante la cual Dios cambió la corriente. El levantó a Abraham y por conducto de él trajo la obra de liberación. Por medio de él vino el Salvador y la redención. Por esta razón, el evangelio que contiene el Nuevo Testamento comienza con Abraham. Que el Señor tenga misericordia de nosotros para que no nos limitemos a dar una exposición de la Biblia ni a ayudar a otros a entender algún tema de la misma. Esperamos que Dios en Su misericordia nos manifieste lo que está haciendo.


La redención fue efectuada por el Señor Jesús; sin embargo, comenzó con Abraham. Dios ha estado llevando a cabo una obra de restauración a lo largo de las edades y la continuará hasta el milenio. Pero el punto de partida se halla en Abraham. En otras palabras, el centro de la redención es el Señor Jesús, y su consumación se producirá al final del milenio cuando vengan el nuevo cielo y la nueva tierra. Sin embargo, comenzó con Abraham. Desde los días de Abraham hasta el final del milenio, Dios continuamente ha realizado, y seguirá realizando, una obra de restauración. Durante el largo proceso de dicha obra, el Señor Jesús es el centro, pero nunca debemos olvidar que el punto de partida fue Abraham.


Esta es la característica especial de Abraham. Lo que Dios hizo al escoger a Abraham fue muy diferente de lo que en Su gracia hizo con Abel, Enoc y Noé. Cuando Dios tomó para Sí a Abel, a Enoc y a Noé, sólo obtuvo individuos, pero cuando escogió a Abraham, no obtuvo un solo hombre, pues cuando lo llamó, le dijo claramente el motivo de dicho llamado. Le dijo que dejara su tierra, su parentela y la casa de su padre y fuera a la tierra de Canaán, y le prometió hacer de él una gran nación por medio de la cual todas las familias de la tierra serían benditas (Gn. 12:1-3). En otras palabras, el llamamiento y la elección de Abraham tenían como propósito reparar la situación pecaminosa; no estaban dirigidas solamente a Abraham como individuo. Dios llamó a Abraham porque quería usarlo, fue llamado a ser un vaso, parte de una obra, no simplemente a recibir la gracia. Una cosa es ser llamado a recibir la gracia, y otra muy distinta ser llamado a transmitir la gracia. El llamamiento de Abraham no tenía el fin exclusivo de impartirle gracia, sino hacer de él un transmisor de ella.


Tomado del libro "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" Watchman Nee


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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