miércoles, 14 de enero de 2009

NO HAY PAN II

Escrito por: Tommy Tenney


Quizá Dios tenga que "perforar" el velo de nuestra carne para revelar nuestro vacío interior (que es el de la Iglesia) también. Es un problema de orgullo. Señalamos con orgullo el lugar y el tiempo donde el Señor ha estado (protegiendo la tradición del templo) mientras negamos la obvia y manifiesta "Gloria" del Hijo de Dios. Los líderes religiosos del tiempo de Jesús en la tierra, no querían que el pueblo se diera cuenta que no había gloria detrás del velo. La presencia de Jesús trae problemas. Los religiosos pretenden mantener a Dios en el lugar donde ha estado, a expensas o en perjuicio de dónde esté ahora.


Pero un hombre que ha tenido una experiencia nunca está a merced de otro que tan solo tiene un argumento, "...una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ¡ahora veo! (Ver Juan 9:25) Si podemos guiar a la gente a la presencia manifiesta de Dios, todas las falsas teologías se derrumbarán como castillos de naipe.


Todavía nos preguntamos por qué la gente no baja la cabeza cuando entran en nuestras reuniones o lugares de adoración. Y clamamos como A.W Tozer: "¿A dónde se ha ido el temor de Dios?" La gente no siente la presencia de Dios en nuestras reuniones, porque ella no es suficiente para que la registren nuestros manómetros. Esto a la vez crea otro problema. Cuando se le da a la gente un poquito de Dios, mezclado con mucho de lo que no es de Dios, es como si se les vacunara contra Dios. Una vez que han sido "inoculados" con una migaja de la presencia del Señor, cuando decimos: "Dios realmente está aquí," ellos dicen: "No, yo he estado allí, he hecho lo que me dijeron que hiciera, y no lo encontré. Realmente eso no funciona para mí." El problema es que algo de Dios si estaba allí, pero no lo suficiente. No hubo una experiencia de encuentro con él como en el camino a Damasco. No hubo un sentir innegable y abrumador de su manifiesta presencia.


La gente ha venido vez tras vez a la Casa del Pan tan solo para encontrar que sencillamente hay demasiada presencia humana, y muy poca presencia de Dios. El sentir de la presencia reverencial y manifiesta del Todopoderoso debe ser restaurado en nuestras vidas y en nuestros lugares de adoración. Hablamos mucho de la gloria de Dios cubriendo toda la tierra, pero, ¿cómo es que esa gloria va a manifestarse en las calles de nuestras ciudades, si ni siquiera puede fluir en los pasillos de nuestras iglesias? Ese fluir tiene que comenzar en algún lugar y no va a hacerlo "allá" afuera. ¡Debe comenzar en el templo!, como escribió Ezequiel: "...y ví aguas que salían debajo del umbral de la casa del templo..."(Ezequiel 47:1 NVI)


Si la gloria de Dios no puede fluir por los pasillos de la iglesia a causa de espíritus seducibles y de hombres manipuladores, entonces Dios tendrá que volverse a otro lugar, tal como lo hizo cuando Jesús pasó de largo junto a "la casa del pan" (el templo) en Jerusalén, montado en un asno. Si no hay pan en la casa, entonces no culpo a los hambrientos por no ir allí. ¡Yo tampoco lo haría!


Llega a Moab el rumor de que hay pan


Cuando Belén, la casa del pan, está vacía, la gente se ve forzada a acudir a cualquier otro lugar en busca del pan de vida. El dilema que enfrentan es que las alternativas que el mundo ofrece pueden ser mortales. Tal como Noemí lo descubrió, Moab es un lugar cruel. Moab le robará a sus hijos y los hará morir antes de tiempo; lo separará de su esposo o esposa y le robará su misma vitalidad. Al final, todo lo que le quedó a Noemí fueron dos nueras, a las cuales había conocido solo durante diez años. Sin ninguna posesión y encarando un funesto y sombrío futuro les dijo: "No tienen que andar tras de mí. Ya no tengo más hijos que darles." Pero luego dijo: "Yo he oído un rumor..."


Hay una información, "un secreto" que vuela a través de cada comunidad, de cada aldea, y de cada ciudad en el mundo. Vuela a través de nuestras costas, cruza nuestras montañas, y llega cada lugar habitado. Es el rumor, es "la buena nueva para los hambrientos". Si sólo uno de ellos oye el rumor de que hay de nuevo pan en la Casa del Pan, éste correrá como una carga eléctrica a través de una línea de alta tensión a casi la velocidad de la luz. La noticia de la existencia de pan saltará de una casa a otra, y de un lugar al otro, casi instantáneamente. Usted no tendrá que preocuparse por hacerle publicidad en la T.V., o de promocionarla por los canales usuales. Los hambrientos escucharán. Las nuevas se esparcirán:


"No, no es una farsa. Es difícil de creer pero esta vez no es exageración ni manipulación; no, no es una treta; no son migajas sobre la alfombra. ¡De veras hay pan de nuevo en la Casa del Pan!"


Contentos con las migajas sobre la alfombra


Hay mucho más de Dios disponible para nosotros de lo que podemos saber o imaginar, pero hemos estado tan contentos con el lugar donde estamos y con las cosas que tenemos que no nos esforzamos por obtener lo mejor de Dios. Si Dios se está moviendo en medio nuestro y está obrando en nuestras vidas, pero nos hemos contentado con recoger las migajas de la alfombra, en vez de disfrutar las abundantes porciones de pan que Dios prepara para nosotros en los hornos celestiales Él ha dispuesto una gran mesa de su presencia en el día de hoy, y está llamando a su Iglesia: Vengan y coman."


Ignoramos los requerimientos del Señor mientras contamos cuidadosamente las rancias migajas del pan añejo. Mientras tanto, millones de personas fuera de las paredes de nuestras iglesias están a punto de morir de hambre. Están hastiados de nuestros humanos programas de auto ayuda y de auto promoción. Estos millones de personas tienen hambre de Dios, no de historias acerca de Él. Quieren alimento, pero todo lo que tenemos para darles es un miserable menú, empacado en recipientes plásticos, para proteger las imágenes desvanecidas de los dedos codiciosos de los hambrientos desesperados. Por eso es que vemos a personas sumamente educadas con cristales alrededor de sus cuellos, esperanzadas en lograr contacto con algo sobrenatural que esté por encima de ellos y de su triste existencia. Tanto ricos como pobres acuden a seminarios relumbrones sobre iluminación y paz interior, y engullen ingenuamente cada pizca de la increíble basura que se hace pasar como la última y más brillante revelación del otro mundo.


¿Cómo puede esto ocurrir? Debería avergonzar y producir convicción a la iglesia el ver a tantas personas heridas y dolientes que vuelven sus ojos al esoterismo, a la astrología y al espiritismo, en busca de guía y esperanza para sus vidas. La gente vive tan hambrienta, que gasta millones de dólares en la recién aparecida industria del ocultismo, controlada por falsos adivinos (aún los "médiums" o "canalizadores" genuinos que perforan el oscuro mundo de lo oculto, y los espíritus satánicos más familiares, son cosa rara en este ramillete). Están tan carentes de esperanza, que aceptarán material envasado por mercaderes pagados, como si fuera conocimiento espiritual. ¡Ah la profundidad del hambre espiritual en el mundo! Hay solo una razón por la cual tantas personas están tan dispuestas a intentar un contacto con el más allá, aún aceptando el engaño: y esta es que no saben dónde encontrar lo real y verdadero. La culpa de tal cosa solo puede residir en un lugar. Esta hora parece haber sido diseñada especialmente para la Iglesia, para que haga prevalecer su presencia.


Tomado del libro "En La Búsqueda de Dios" Tommy Tenney

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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