sábado, 14 de febrero de 2009

ESPIRITUALIDAD SIN DIOS II

Escrito por: Neil Anderson

Si deseas vivir libre de la esclavitud del mundo, de la carne y del diablo, el principal eslabón de la cadena deberá ser destruido.


La visión del mundo que ofrece Satanás y sus emisarios, centralizada en uno mismo, debe ser reemplazada por la perspectiva que Jesús entrega, la disciplina tras la reprimenda a Pedro.


«Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿ü qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras» (Mateo 16:24,27).


Este pasaje constituye el mensaje central de los cuatro Evangelios.


A la falta de conocimiento de este texto, yo le llamo «el gran descuido». Cuando escribí junto al doctor Elmer Towns el libro Ríos de avivamiento (Editorial Unilit), llegué a la conclusión de que la autosuficiencia es la primera compuerta que detiene los ríos del avivamiento. Tratamos de hacer el trabajo de Dios a nuestra propia manera, con nuestros propios recursos e incluso así no nos resulta. Las siguientes seis guías que Jesús nos entrega son la perspectiva de la cruz para los que quieren ser libres de la esclavitud del sistema del mundo y de quien lo inspira, el diablo.


Aférrate a la cruz y tendrás éxito al encontrar tu camino dentro del mundo de tinieblas.


Niégate a ti mismo


La negación de sí mismo no es igual que la propia negación.


Por ejemplo, cada estudiante, atleta o devoto a algún culto, practica negación de sí mismo, ya que se someten continuamente a sustancias y actividades que los mantienen alcanzando sus metas.


Como resultado, la única meta de este tipo de negación de sí es el ascenso personal; llegar a la cima, romper el récord, alcanzar estatus y reconocimiento.

Negarnos a nosotros mismos es negarnos a ser nuestro propio director.


Acabar con el «yo» es la batalla fundamental en la vida, ya que la carne lucha por el trono y por llegar a ser Dios. Aquí es importante recordar que Jesús no pelea en esa batalla, porque El ya triunfó.


Cristo ocupa su lugar en el trono y por su misericordia nos ofrece compartirlo con Él. Pero por alguna razón nosotros queremos ser reyes y señores de nuestras propias vidas. Hasta que no nos neguemos a nosotros mismos, nunca estaremos en paz con Dios, con nuestro propio ser ni tampoco lograremos ser libres.


No fuimos creados para vivir alejados de Dios, tampoco nuestra alma está diseñada para funcionar como señor. «Ninguno puede servir a dos señores... » (Mateo 6:24). Cuando nos negamos a nosotros mismos, estamos invitando a Dios a tomar el trono de nuestra vida, para ocupar lo que legítimamente es de Él. Entonces así, podremos vivir como personas vivas espiritualmente. La negación de sí mismo es esencial para la libertad espiritual.


Toma tu cruz diariamente


La cruz que debemos tomar no es nuestra, es la cruz de Cristo.


Pablo escribe: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20).


Esta cruz nos provee el perdón por lo que hemos hecho y nos libera de lo que éramos hasta ese momento. Fuimos perdonados, porque Cristo murió en nuestro lugar; fuimos liberados, porque morimos con Él. Como resultado de la cruz somos justificados y santificados.


Llevar la cruz cada día es recordar diariamente que pertenecemos a Dios y que fuimos comprados por la sangre del Señor Jesucristo (l Pedro 1:18,19).


Cuando llevamos la cruz estamos afirmando que nuestra identidad no se basa en nuestra existencia física, sino en nuestra relación con Dios. También afirmamos que somos hijos de Dios (l Juan 3:1,3) y que nuestra vida es en Cristo, porque Él es nuestra vida (Colosenses 3:3,4).


Sigue a Cristo


Procurar vencer el «yo» a través del propio esfuerzo es una batalla sin esperanzas de triunfo. El yo no puede ser destruido con otro yo, ya que la batalla estaría motivada por la carne, y esta tiene como objetivo ser dios.


Debemos seguir a Cristo y dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Desde el camino de muerte y vieja naturaleza que teníamos con Adán, a la nueva naturaleza con Cristo.


«Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal» (2 Corintios 4:11).


Esto se asemeja a un desolador sendero por transitar, pero les puedo asegurar que no es así. Ser vistos en todo momento por el Pastor y el hecho de que lo podamos seguir como sus ovejas, es una grandiosa experiencia (Juan 10:27). Ser guiados por el Espíritu Santo, aunque resulte en la muerte del yo, nos da la seguridad de que somos sus hijos (Romanos 8:14). No hemos sido creados para vivir alejados de Dios.


Solo cuando dependemos de él y le seguimos, somos completamente libres para probar que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Tomado del libro “Rompiendo Las Cadenas” Neil Anderson

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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