jueves, 30 de abril de 2009

¿MANDAMAS O SIERVO?

Escrito por: Charles Swindoll 


En el sistema secular hay niveles distintos de autoridad. Ciertamente esto se cumple en el día de hoy. En el gobierno está el presidente, los ministros de su gabinete y un gran cuerpo de hombres personalmente seleccionados, los cuales tienen privilegios que no posee el ciudadano común. En las fuerzas armadas hay oficiales y hombres sin grado de oficial…y grados dentro de cada rama de las fuerzas. En los deportes hay entrenadores y jugadores. En los negocios hay presidentes de las corporaciones y líneas de autoridad entre los administradores y el personal, superintendentes de las tiendas, capataces y obreros. Se espera que la persona que pertenece a la fuerza laboral marque la hora de llegada en el reloj registrador, que se presente a tiempo, que trabaje duro y que no se aproveche de su patrón. Hay un nombre que se aplica a los que prefieren no seguir estas instrucciones: ¡Desempleados! ¿Por qué? Porque el jefe tiene a su cargo la elección de la empresa. Así es como opera el sistema. Jesús lo «expreso de la siguiente manera: "Los que son grandes ejercen sobre ellas potestad". Pero luego agrega: "Mas entre vosotros no será así”. ¿Qué es lo que no será así? Simple­mente esto: en la familia de Dios tiene que haber un gran cuerpo de personas: siervos. De hecho, ésa es la manera de llegar a la cumbre en su reino. 


“…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” 


Esas son palabras olvidadas. 


Sí, éstas parecen ser palabras olvidadas, aun en muchas iglesias que tienen pastores afables, ejecutivos de gran autoridad y cantantes de primera categoría. Infortunadamente, no parece haber mucho de la mentalidad de siervo en tales ambientes. Aun en nuestra iglesia tenemos la tendencia de dejarnos atrapar tanto por la competencia de éxito y prestigio que perdemos de vista nuestro llamamiento esencial como seguidores de Cristo. El "síndrome de la celebridad", que está tan presente en nuestro pensamiento y actividades cristianas, no cuadra con las actitudes y mensajes de Jesús. Nos hemos deslizado hacia un patrón en el que las celebridades y los mandamás en la vida de nuestra iglesia dan las órdenes, y es difícil ser un siervo cuando uno es utilizado para que les diga a otros qué es lo que deben hacer. 


Tal vez debo aclarar lo que quiero decir. En el cuerpo de Cristo hay una cabeza. Cristo Jesús es el Señor de su cuerpo. 


“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación,  porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero” (Colosenses 1:15-18). 


Ningún ser humano se atreve a tomar esa posición. Un hombre llamado Diótrefes, que se menciona en 3 Juan, versículos 9 y 10, intentó hacer eso, y fue directamente reprendido por el apóstol. Diótrefes llega a ser una advertencia para cualquiera que desee llegar a ser "el jefe de la iglesia". Este pudiera ser un miembro de la directiva, un pastor, un maestro, un músico, un ex funcionario o un ex pastor de la iglesia. No importa quién sea, la mentalidad de Diótrefes no tiene lugar en el cuerpo de Cristo. Sólo Cristo es la cabeza. Todos los demás pertenecemos a la clase a la cual se refirió Jesús en Mateo 20…siervos. 


Probablemente usted está diciendo: "Pero para que se hagan las cosas, tiene que haber liderato". Sí, estoy de acuerdo. Pero tiene que ser un liderazgo con corazón de siervo entre todos. Usted se dará cuenta de que no estoy interesado en la forma de gobierno que su iglesia pueda escoger, sino sólo en que todos los que participan en ese ministerio (sean líderes o no) se consideren como servidores, como dadores. Lo más importante es la actitud. 


Tal vez el mejor ejemplo, aparte del mismo Cristo, fue aquel joven judío de Tarso, quien fuera radicalmente transformado: era un obstinado funcionario del judaísmo, y llegó a ser un esclavo de Jesucristo. Se llamó Pablo. ¡Qué cambio tan notable! ¡Qué hombre tan destacado! 


Es posible que usted tenga la noción de que el apóstol Pablo se abrió paso por la fuerza a través de la vida, como un barco de guerra completamente cargado en el mar. Arremetiendo y descargando golpes contra los objetivos, simplemente era demasiado importante para preocuparse por los pequeños o por los que se le atravesaban en el camino. Al fin y al cabo, ¡él era Pablo! Tengo que confesar que esta descripción no está muy lejos de la impresión original que de este hombre tuve en mis primeros años de cristiano. Según mi manera de pensar, Pablo había sido una combinación de los artistas cinematográficos John Wayne, Clint Eastwood y Hulk, si hubieran sido cristianos. Lo que quiero decir es que él lograba que se hicieran las cosas. 


Pero esa falsa impresión comenzó a desvanecerse cuando hice un estudio profundo de Pablo: su estilo, la descripción que él dio de sí mismo, aun los comentarios que hizo de varias iglesias y de diversas personas al escribir a unas y a otras. Descubrí que el hombre a quien yo consideraba como el personaje principal, por excelencia, se consideraba a sí mismo completamente lo contrario. Casi sin excepción, él comenzó todas sus cartas y epístolas con palabras que tenían este sentido: "Pablo, siervo…" o "Pablo, esclavo…” 


Cuanto más reflexionaba yo en esas palabras, tanto más profundo me penetraban. Este hombre, que ciertamente pudiera haber esperado un trato preferencial, o haber exigido un papel arrogante de autoridad sobre los demás, se refirió a sí mismo muy a menudo como un "siervo" de Dios. ¡Sorprendente! El en realidad era un apóstol, pero se conducía, se portaba, como un siervo. Esto me pareció sumamente conmovedor. 


Cuanto más pienso en este concepto, tantas más evidencias surgen de la Biblia que lo apoyan. En efecto, la mayoría de los descubrimientos pertenecen a una de las tres categorías de características relacionadas con esta imagen de siervo: Humanidad transparente, humildad genuina, honestidad absoluta.

Tomado del libro: “DESAFÍO A SERVIR” Charles R. Swindoll 

©Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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