martes, 12 de mayo de 2009

BUSCANDO ACEPTACIÓN

Escrito por: Rich Miller 

Todos sabemos a qué se refiere el doctor Parrott. Los primeros años de adolescencia suelen ser los más traumáticos de nuestra vida. Mirando atrás a lo que yo (Rich) pasé desde los 12 a los 14 años, sólo puedo decir que estaba convencido de que la pubertad era ¡una enfermedad terminal! Mi búsqueda de identidad por la cual pudiera hallar respeto propio, dignidad, aceptación de los demás, la sensación de pertenecer y la felicidad, se estrellaba con una pared de ladrillos. 

En mis primeros años de escuela secundaria, el diario mensual imprimía la columna más increíblemente insensible que haya visto jamás. Se llamaba "Niño Perfecto, Niña Perfecta". Cada mes salía alguien por ahí y juzgaba al cuerpo de estudiantes por las siguientes categorías: pelo, aspecto, sonrisa, ojos, nariz, físico/figura, habilidad atlética, personalidad y cerebro. Era espantoso. 

Cada mes yo anhelaba aparecer en esa lista. Cada mes cerraba, enojado, el diario, convencido nuevamente de que nunca estaría a esa altura. Hasta que un mes lo conseguí: fue por "Cerebro Perfecto". 

Ahora bien, no quiero en forma alguna disminuir la importancia de la inteligencia, don precioso de Dios por el cual me he regocijado muchas veces desde entonces. 

Sin embargo, para un muchacho de 13 ó 14 años que trata de salir adelante en una escuela orientada al deporte, eso fue como una sentencia de muerte. Ellos bien hubiesen podido poner mi nombre en la categoría de "Idiota Perfecto" por lo que a mí concernía.

Casi 30 años después, puedo reírme de eso pero, en aquel momento, mi delgadez, mi acné, mis frenillos y mi caspa se sintieron como una prisión de la cual nunca escaparía. El dolor fue casi insoportable: me sentí como un inadaptado, preguntándome si alguien llegaría a aceptarme alguna vez. Recuerdo que una vez lloré, en mi corazón, clamando a quien pudiera oírme, "¡sólo quiero ser normal!" 

¿Traducción? Sólo quiero encajar y pertenecer. 

Quizá usted pueda entender el dolor que viví. Quizá no. Quizá usted fue como esos de la escuela que yo envidiaba: de buen parecer, atlético, popular y seguro, por lo menos por fuera. Todos los adolescentes, sin que importe que estén "ganándosela al sistema", "siendo vencidos por el sistema" o "diciéndole al sistema que ¡golpee!" están pasando por una lucha por la identidad.

Como adultos necesitamos una gran dosis de compasión por los adolescentes. Resulta fácil olvidar el dolor que sentimos en la adolescencia y, por tanto, minimizar las luchas de la gente joven que conocemos y amamos. 

Cuando yo, (Rich) fui a un médico para ver si podía conseguir algo de ayuda para aumentar de peso, el médico calvo y gordo, se inclinó delante de mí y, divertido, comentó: "¡alégrate de no ser gordo!" No me dio ánimo para nada. Recuerde que el doctor Parrott dijo: "Los adolescentes están en guerra". Sin embargo, no se trata sencillamente de una batalla con las hormonas. Es una batalla desesperada contra el mundo, la carne, y el diablo. Primordialmente, se trata  de una batalla espiritual y los adolescentes cristianos están justamente en medio de eso. 

Buscando aceptación, seguridad y significado 

Todos nosotros, incluyendo los adolescentes cristianos, tenemos la necesidad inherente de aceptación, seguridad y significado. En otras palabras, tenemos que saber que somos amados y que pertenecemos. Anhelamos sentirnos seguros y, de alguna manera, tener la sensación de que nos cuidan. Todos anhelamos desesperadamente saber que nuestra vida significa algo y que, de alguna manera, somos importantes. 

Como niño esas tres áreas críticas de necesidad son predominantemente satisfechas por la familia aunque, trágica y muy frecuentemente, no siempre esto es así. Entonces, los niños suelen verse forzados a buscar en otra parte. ¿Cuántos niños (y adolescentes) se van de la casa esperando encontrar la vida y el amor que nunca hallaron en sus hogares? Desdichadamente, la cara sonriente y acogedora del "mundo de afuera" demasiado a menudo esconde un juego de feroces colmillos listos para devorar al ingenuo o rebelde. 

Los satanistas que andan buscando reclutar jóvenes para meterlos en el tenebroso mundo del ocultismo, suelen poner su mira en los adolescentes y púberes que andan de allá para acá en la vida, desprovistos de toda identidad significativa. Estos muchachos "del grupo marginal" suelen ser muy inteligentes y creativos y tener imaginaciones vividas. Con la carnada apropiada, tal como jugar un juego de "Dungeons & Dragons"® (Fosos y Dragones) con un grupo de pares/adultos, a estos jóvenes puede darles un falso sentido de pertenecer. Además, se puede despertar la curiosidad enfermiza y la lujuria del poder y saber acerca del mal. Sin embargo, el plan de Dios para los adolescentes es que aprendan a buscar su aceptación, seguridad y significado en Cristo, lo cual es opuesto a todo lo que hay en el mundo o en la carne. Este es, tristemente, un distanciamiento radical de la manera en que viven la mayoría de los adolescentes cristianos y gran parte de la culpa tiene que caer en los hombros de los adultos cristianos. ¿Cuántas veces ha leído (¡o escrito!) esos boletines anuales de noticias de la familia que se esconden en las tarjetas de Navidad? Habitualmente dirán algo así: 

“Jorge sigue muy ocupado en el trabajo y como diácono en la iglesia, mientras que yo estoy muy atareada con la casa y haciendo de chofer para los muchachos, llevándolos de aquí para allá a sus juegos y prácticas; Jasón entró este año al equipo de fútbol "Todas Estrellas" y Rebeca tiene gimnasia cinco días a la semana. A Miguel le gusta realmente caminar alrededor de la casa meciendo la raqueta de tenis, igual que su papá” 

¿Qué tiene de malo ese retrato? Suena tan normal, tan sano, tan estadounidense, Por cierto que no hay nada malo inherente en los trabajos, las responsabilidades de la iglesia, la casa y los deportes. Son parte de la vida pero ¿cuál es el mensaje que comunicamos sutilmente a los demás? ¿Cuál es el mensaje que los hijos de las familias cristianas captan de los adultos? Dice algo así:

Serás feliz en la vida si tienes buen aspecto, te desempeñas bien en la escuela, los deportes u otras actividades y te consigues un buen trabajo y vas a la iglesia. 

Esa es la filosofía básica de la generación de la explosión demográfica de los Estados Unidos de Norteamérica y es la manera en que viven muchas familias cristianas. Sin embargo, hay un creciente número de gente de la generación de la disminución demográfica de los Estados Unidos de Norteamérica, conocida como "generación X", que no se tragan eso. 

Naturalmente, hay algunos adolescentes que en su corazón son realmente de la generación de la explosión demográfica y que encuentran su identidad en cosas como dinero, deportes, vestidos apropiados de personas de clase adinerada, etc.

Tomado del libro: “Cómo guiar a los adolescentes hacia la Libertad en Cristo” Neil Anderson y Rich Miller 

©Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor

1 comentario:

CARLOS CASTRO dijo...

felicitaciones por el aniversario.He encontrado escritos bastante importantes para mi y me gozo de ser participe de ellos.
bendiciones
carlitos