miércoles, 27 de mayo de 2009

EL PODER DE LA PRESIÓN II

Escrito por: Watchman Nee 

LA PRESION DEL PECADO 

¿Cuántos de nosotros tienen alguna experiencia nítida de vencer el pecado? ¿Quién entre nosotros conoce como la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos libera de la ley del pecado y de la muerte? ¿Quien ha tratado explícitamente con el pecado y ha vencido? ¿Por qué tan pocos de nosotros, los cristianos, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado? 

Puede ser tal vez debido a nuestra incapacidad de usar este principio: saber cómo usar la presión del pecado sobre nosotros; por el contrario, nos desmayamos bajo su presión. Fallamos por no usar esa presión para clamar Dios y recoger Su liberación. Cuan frecuentemente debemos ser presionados por el pecado hasta ese punto — presionados además hasta nuestra medida, de tal forma que no pudiéramos ayudarnos o a salvarnos a nosotros mismos — antes que se haga real, tenemos el poder para ir a Dios y recibir la victoria de Cristo. Entonces, seremos liberados. 

Supongamos, por ejemplo, que un creyente, involuntariamente, cuente mentiras a menudo. Un pequeño descuido y una mentira escapará de su boca. Él no podrá vencer ese pecado si no tuviera la conciencia de la impiedad de las mentiras y del dolor del mentir, tampoco sentirá profundamente que está bajo la opresión de las mentiras y que no tiene fuerza alguna para luchar contra ellas. Solamente cuando deseamos no cometer ese pecado es que él reconocerá cuanto está bajo su presión. Luchar contra el pecado sólo aumenta cada vez más en ese cristiano la conciencia de la opresión del pecado. Él aún no puede hablar sin mentir y se va haciendo cada vez más y más miserable. 

¿Cuando y como puede él encontrar liberación de ese pecado? No antes de confesar, un día, no importa cuanto intente, él simplemente no podrá vencer ese pecado y siente que sería mejor que estuviera muerto. Está tan consciente de la presión de ese pecado que ya no puede soportarlo. La presión en el momento es grande y suficiente y por eso el poder de vencerla se hace suficientemente grande también. 

Enseguida, dirá: "Dios, no puedo vivir si Tú no me capacitas a vencer mi pecado por medio de la obra consumada del Señor Jesús". Cuando se adora a Dios de esa forma, él vence. Usted ve como la presión del pecado le da poder para ir Dios en búsqueda del liberación. 

Usemos otra ilustración. Un creyente es incomodado por pensamientos impuros. Él no tiene como refrenar esos pensamientos impuros. Él sabe que eso no es correcto, pero no consigue resistir ni tiene poder para orar Dios. Él podrá intentar resistir e incluso intentar orar, pero parece que está intentando sin mucha dedicación. No existe poder. ¿Por que? Porque él aún no sintió la presión del pecado y, por eso, no tiene el poder de la liberación. Pero se queda perturbado por esos pensamientos, no sólo uno o dos, sino un centenar de veces, y es vencido todo el tiempo a despecho de sus esfuerzos, entonces sufrirá el dolor de la confesión y de las derrotas a punto de no poder más soportar la presión, ni aún por cinco minutos más. Y es en ese momento que él recibe la fe, como también el poder para vencer su pecado. Los días comunes, él no tiene ni fe ni poder. Pero cuando experimenta el calor de la presión, su fe parece acumular poder. Normalmente, su resistencia en el pasado era pequeña, pero ahora, después de la presión habrá aumentado tanto y su resistencia se hace más poderosa. 

Acordemos, por lo tanto, que la presión va a producir poder. Utilicemos la presión, en nuestro vivir diario, para transformarla en poder a fin de progresar espiritualmente. Tenga en mente también que un creyente poderoso no posee cualquier medida extra de poder además de lo que nosotros mismos poseemos;  simplemente sabe como utilizar la presión sobre él y está determinado a hacerlo. 

LA NECESIDAD DE LA PRESIÓN 

Un hermano me preguntó por qué su oración no tenía respuesta. Le respondí que era por que no había presión. Cuando preguntó por qué la presión era necesaria, yo le dije: “ella es necesaria para que la oración tenga respuesta”  

La verdad, yo siempre hago esta pregunta a los hermanos: "¿Dios oye su oración?" La respuesta que generalmente recibo es esta: después de orar tres o cinco veces, el asunto es olvidado. ¿Por qué es olvidado? Porque esos que olvidan no sienten la presión sobre sí. No es extraño que frecuentemente sea ese el caso. Si usted olvidó un asunto de oración, como puede culpar Dios por no responder. Naturalmente, Dios no le responderá si usted meramente pronuncia algunas palabras de oración casualmente. Muchos oran como se estuvieran escribiendo una redacción. Sería mejor que no oraran. La oración de muchos transgrede el primer principio de la oración, que no es fe, ni promesa, sino necesidad. Sin necesidad no hay oración. 

No es de maravillarse que las personas no reciban respuesta para sus oraciones. Para que Dios responda la oración de un creyente, Él le dará primero una necesidad, dará al creyente alguna presión a fin de que este sienta la necesidad. Entonces, el creyente se vuelve a Dios pidiendo una respuesta. 

John Knox era poderoso en la oración. La reina María, de Inglaterra, dijo cierta vez: "No tengo miedo del ejército de toda Escocia; sólo temo la oración de John Knox". ¿Como oraba John Knox? Él decía: "¡Dios dame Escocia o me muero!" ¿Por qué él oraba de esa forma? Porque la presión dentro de él era muy grande. Era además su capacidad; por eso, él se derramaba delante de Dios. La presión dentro de John Knox lo llevaba a hacer tal oración. 

Usted puede no comprender por qué Moisés, en su época, oró de esta forma: "Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!" Éxodo 32: 32. La razón era que Moisés estaba consciente de una necesidad y estaba tan oprimido por esa necesidad que prefería perecer si Dios no salvaba a  los hijos de Israel. Por eso, Dios lo oyó. El corazón de Pablo era el mismo: "Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los de mi propia raza" Romanos 9:3. Él preferiría no ser salvo si los hijos de Israel no eran salvos también. Tal palabra no es mera adoración de boca para fuera, tampoco una mera explosión emocional. Ella viene de un profundo sentimiento causado por la presión de la necesidad. 

Alguien puede imitar las palabras de la oración de otro, pero la oración será ineficaz y sin utilidad porque no hay presión. ¿Quien irá a orar diciendo que, si Dios no le responde, él no se levantará? Si alguien tiene realmente ese sentimiento y esa palabra dentro de sí, su oración será oída. Usted también puede orar con esas palabras, pero es esencial en usted sentir la presión dentro. 

 ©Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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