jueves, 28 de mayo de 2009

EL PODER DE LA PRESIÓN III

Escrito por: Watchman Nee  

En Tsinan, había un hermano en el Señor muy bueno. Él tenía un hermano en la carne que era también su compañero de escuela. A causa de su fe, él era frecuentemente ridiculizado y hostilizado por su hermano. El año pasado, yo prediqué en aquella escuela y tuve oportunidad de conversar con su hermano de carne y sangre, lo cual, no obstante, permaneció indiferente. Ahora, ese buen hermano solía testificar en la escuela y asumir el liderazgo entre los hermanos de allá. Pero, por algún tiempo, él paró de testificar y su rostro se quedó triste. Por eso, los otros hermanos me informaron de su condición. En verdad, temían que él hubiera apostatado. Fui llamado para ayudarlo. 

Allá, entonces, yo me encontré con él pocas veces; sin embargo, en cada ocasión él salió después de solamente unas pocas palabras que intercambiamos. Él me evitaba, y yo me quedé realmente confuso. Otro hermano me relató que ese joven hermano le había dicho la razón por la qué había dejado de testificar: mientras su hermano en la carne no fuera salvo, él no testificaría del Señor. En la noche de la última reunión que hubo mientras yo estaba allá, hablé con él nuevamente. Yo le pregunté, por qué él estaba actuando de aquella manera en los últimos tiempos. Él respondió que, si Dios no salvaba a su hermano, él ya no testificaría. Yo sabía cuan honesto él era y que estaba realmente preocupado con el hermano. Sabía también que él debía tener una carga especial en el corazón por el hermano y estaba bajo tremenda presión. 

Sólo podría haber dos explicaciones: o eso era el enemigo que lo engañaba y hacía que desfalleciera y no trabajara por el Señor o, entonces, Dios iba realmente a salvar a su hermano. Si Dios le dio tal presión y lo llevó a orar con esa intensidad, entonces, su hermano sería salvo. La presión sobre él era tan grande, además de su capacidad, por eso él tuvo esa reacción tan peculiar. Después de volver a casa, recibí, de un hermano de aquella escuela, una carta trayendo las buenas nuevas de que el hermano de ese joven fue finalmente salvo. No mucho después de yo haber dejado la escuela, el hermano de ese joven estuvo muy enfermo y, durante la enfermedad, aceptó el Señor y fue sanado de su enfermedad. 

La experiencia de ese joven nos muestra un principio: antes de Dios responder a las oraciones, Él frecuentemente coloca gran presión sobre nosotros para que lo llevemos a la oración. Anteriormente no teníamos poder en la oración, pero ahora, con tal presión, somos capaces de orar. Cuanto mayor sea la presión de Dios, más poderosa se hace nuestra oración. Aprendamos esta lección: la presión produce poder. El propósito de la presión no es tumbarnos, pero si el ser utilizada por nosotros para transformarla en poder. Podemos, así, entender por qué algunas oraciones son respondidas y otras no. ¿Por qué Dios frecuentemente oye oraciones por cosas grandes, mientras no oye oraciones por cosas pequeñas? ¿Por qué Dios oye nuestras oraciones por nuestros queridos, amigos o cooperadores cuando están peligrosamente enfermos, pero no oye inmediatamente nuestras oraciones cuando tenemos dolor de cabeza, resfriado o algunos arañazos? 

Ya dije y voy a repetir: cualquier oración que no nos mueve no puede mover a Dios. Eso está relacionado al poder, y el poder es determinado por la presión. ¿Porqué Dios permite que muchas dificultades, callejones sin salida y hechos ineludibles lleguen a nosotros? Por ninguna otra razón a no ser llamarnos a utilizar tal presión y que nos hagamos poderosos en la oración. Nuestro fracaso está en que no sepamos cómo hacer uso de la presión para transformarla en poder. 

Debemos saber que todas las presiones tienen un propósito. Sin embargo, no debemos esperar hasta que la presión se haga excesivamente insoportable antes de orar. Debemos aprender a orar sin presión como también con presión. Si hay presión, utilicemos cada una transformándola en poder. Haciendo así, reconoceremos que siempre que la presión surge de Dios va a manifestar el poder de resucitar los muertos. No existe poder mayor que el poder de la resurrección. Y cuando estuviéramos oprimidos además de la esperanza, experimentaremos el poder de su resurrección fluyendo de dentro de nosotros. ¿Cuántas veces en su vida sus oraciones fueron respondidas? usted debe haber tenido sus oraciones respondidas por lo menos algunas veces. ¿Por qué esas pocas oraciones fueron respondidas? ¿No fue porque usted sintió la presión y usted derramó su corazón delante de Dios? Tal vez usted nunca hubiera ayunado antes, pero, aquel día particular, usted nada pudo hacer, diferente a ayunar. Usted sintió que estaba siendo presionado a ir delante de Dios y ya no consideraba la oración una carga; bien al contrario, la oración para usted se hizo, aquel día, un medio para descargar una situación. 

LA PRESION DE LAS CIRCUNSTANCIAS 

No sólo el pecado y la necesidad crean presión, pero las circunstancias la producen también. Dios permite que los creyentes pasen por la presión de las circunstancias para que vivan delante De Él. Frecuentemente, situaciones adversas son levantadas en la vida de los hijos de Dios. Algunos son perturbados por los familiares, otros, por los amigos. Algunos pueden sufrir pérdidas en los negocios; otros pueden ser perseguidos por los compañeros. Unos pueden ser hostilizados o malinterpretados por las personas; otros pueden tener dificultades financieras. ¿Por qué todas esas cosas les sobrevienen? Muchos creyentes normalmente no reconocen cuan preciosa es la vida regenerada que recibieron. Aunque sean nacidos de nuevo, son aún ignorantes del hecho de que su vida regenerada no tiene precio. Pero, una vez que estén bajo presión, ellos comienzan a apreciar su vida regenerada porque esa nueva vida que Dios les dio los capacita a vencer en todas las situaciones. Todas esas presiones exteriores pueden probar la realidad de la vida regenerada y de su poder. El Señor a propósito nos coloca en situaciones adversas a fin de recordar que, sin Su vida, no podemos soportar. El poder de su vida es manifestada a través de la presión exterior. 

Si, por ejemplo, su corazón está siendo traspasado por algo que lo lleva a usted a llorar en secreto, y usted reconoce que está totalmente desamparado y distante de cualquier confort, usted ganará la victoria completa si, en aquel momento, se lanza a Dios. Usted se quedará maravillado con la grandeza del poder que le da victoria. Esa presión exterior lo lleva a usted a confiar en Dios espontáneamente, capacitándolo a usted, por su parte, a manifestar, la realidad y el poder de la vida del Señor. Naturalmente, los que no creyeron en el Señor y no poseen la vida regenerada serán, a buen seguro, tomados bajo la fuerte presión de tales circunstancias agonizantes. Un cristiano, sin embargo, es regenerado y tiene una vida dentro de sí que es más fuerte que cualquier presión exterior. Cuando es oprimido, entonces, él vence, visto que la presión de las circunstancias simplemente comprueba la vida regenerada dentro de él.

 ©Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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