domingo, 31 de mayo de 2009

EL PODER DE LA PRESIÓN VI

Escrito por: Watchman Nee

Dios va a permitir que usted sea presionado hasta el punto en que no le importe si la obra muere, o que nadie sea salvo o que todos los hermanos sean esparcidos. Eso porque la obra — en verdad, toda la obra — pertenece a Dios y no a usted. En aquel momento, usted le dirá a Dios que, desde que Él glorifique Su propio nombre, para usted no hace diferencia si Él destruye la obra. Así usted pasa por la muerte, que es el principio de primordial importancia en los tratos de Dios con Sus obreros. Y, de ahí en delante, Dios colocará el peso de la obra nuevamente sobre usted. ¡Porque ahora es diferente de lo que era antes! Antes la obra era suya y usted la realizaba por intereses propios. Pero ahora es de Dios, y no importa si sus intereses están siendo servidos o no. La obra pertenece a Dios. Él debe tener todo. Ya no es suya.

De modo que, en esa nueva situación, usted pide a Dios para que le de poder a fin de que pueda realizar Su obra bajo tales circunstancias difíciles. Usted reconoce tener haber estado bajo presión por algún tiempo y, por eso, le pide a Dios reavivar Su obra. ¡Dentro de poco tiempo, habrá nuevos cambios! La situación próspera retornará y usted verá, claramente, que eso no es algo hecho por usted, sino solamente por el propio Dios por intermedio de usted. El resultado es que la presión que usted soportó le dio nuevo poder para trabajar. Antes era usted quien trabajaba, pero ahora es Dios trabajando, pues Él llevó Su obra a la resurrección a través de la muerte. De ahí en delante, nadie puede impedir la obra De Él.

Cuan lamentable es que muchos de los obreros de Dios rechacen colocarse en Sus manos. Entendamos que, si alguien es fiel y obediente, él no será ahorrado de presión excesivamente grande y no tendrá siquiera un día confortable. Cierta vez, alguien preguntó a un hermano en el Señor como él pasaba sus días en Shangai — cuan confortables eran - y si él tenía privaciones. El hermano, sonriendo, respondió: "¿Existe alguien verdaderamente usado por el Señor que no tenga privaciones y que pueda pasar todos sus días confortablemente?"

Nuestro poder no puede exceder la presión que recibimos. Cuanto mayor sea la presión que Dios calcula para nosotros, mayor el poder que crecerá dentro de nosotros. Dios trabaja por medio del proceso de muerte. Sin pasar por la muerte, nadie puede hacer nada. Lo que yo más temo es que muchos no utilicen la presión que les es dada.

Ella será más como el vapor en una tienda de agua caliente, que es desperdiciado, en vez de ser utilizado para mover un vehículo. En los últimos dos años, he sentido profundamente que la presión es el auxilio para el poder. Si usted tuviera tal experiencia, concordará que todo su poder sólo puede venir de la presión; que el poder que usted tiene en su contacto con las personas procede de la presión. Un día, cuando estuviéramos delante de Dios, reconoceremos llenamente la presión que el Señor Jesucristo sufrió en Sus días en la tierra, que presión los apóstoles soportaron en sus días y que presión soportaron todos los que fueron grandemente usados por Dios.

LA PRESION DEL ENEMIGO

Hoy día muchos creyentes desconocen la presión satánica (A pesar de todo el énfasis dado hoy día a la batalla espiritual, mucho de lo que es dicho no tiene base en las verdades fundamentales del evangelio; por eso, esa afirmación continúa vigente). Sin embargo, el enemigo puede traer muchos males al ambiente donde estamos, como también a nuestra vida. Los cristianos generalmente no entienden por qué existen tantos pensamientos desconcertantes en su mente y tantas perturbaciones a su alrededor. En verdad, algunas de ellas son permitidas por Dios, mientras otras son las obras de opresión del enemigo (El autor no ignora que todo lo que nos acontece es permitido por Dios. Aquí, él hace diferencia entre lo que nos es directamente dado por las manos de Dios de aquello que, con Su permiso, tiene origen en Satanás).

Había un hermano que habitualmente tenía pensamientos libres y no conseguía concentrarse. La situación se hizo tan seria que él llegó incluso a ser tentado a cortarse la garganta. Cuando él compartió eso conmigo, yo le pregunté si tal pensamiento venia de él aún, si había sido dado por Dios o si había sido inyectado en su mente por el enemigo. Obviamente no podría haber venido de Dios. Así, la causa de tal pensamiento fue reducida a las dos fuentes posibles: si no por así decir, cada movimiento sobre el tablero de ajedrez. Mis amigos le dijeron francamente que aquello era obra del enemigo y le aconsejaron resistirlo. Entonces, oraron con él, allí aún sobre el asunto. El hermano volvió inmediatamente para su casa y, después de algún tiempo, escribió a esos hermanos, explicando cómo, después de volver hacia casa, él comenzó a resistir al enemigo día a día, como rechazó a aceptar cualquier cosa que viniera de él y como su situación actual estaba mejorando gradualmente. Él dio gracias a Dios por haber sido liberado, aunque admitiendo no haber sido aún totalmente recuperado.

Lo que deseo enfatizar es el error del hombre en resistir a las tácticas de opresión del enemigo. En el inicio, puede ser que Satanás le de a usted sólo uno o dos pensamientos, pero, por fin, él corromperá, si pudiera, todo su ser como también su familia y ambiente donde está.

Eso porque usted está siendo oprimido, pero no se resiste a él. Eso es un error fatal. Usted debe usar la presión para producir el poder de su resistencia. Cuando usted soporta además de su medida, usted necesita resistir al enemigo. En aquel instante, usted encontrará la salida. Frecuentemente, no tenemos poder para resistir a Satanás, pero, cuando somos presionados además de la medida, descubrimos un poder brotando dentro de nosotros y capacitándonos a resistirle.

Por eso, siempre que estemos siendo presionados por el enemigo, no pensemos que tal presión es inútil; por el contrario, debemos utilizar esa presión porque ella suscita poder. Guardemos en mente esto: si supiéramos como utilizar la presión, ella no permanecerá en nuestro camino. Verdaderamente, mientras más pesada la presión, mayor el poder de resistencia. Que El Señor nos capacite a resistir al enemigo.

©Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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