jueves, 11 de junio de 2009

RESISTAN AL DIABLO II

Escrito por: Watchman Nee

Por el lado positivo, necesitamos ejercitar nuestra mente. Muchas personas tienen una mente perezosa. Esto facilita la entrada de Satanás.

Leemos en Filipenses 4:8: “Todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, a esto estad atentos”.

Debemos estar atentos ejercitando nuestra mente con relación a lo espiritual. Si una persona siempre pone su mente en cosas pecaminosas, Satanás le puede inyectar pensamientos fácilmente, pues no piensa muy diferente a Satanás. Pero si constantemente ponemos nuestra mente en cosas espirituales, Satanás no podrá sembrar sus pensamientos en nosotros fácilmente. El puede inyectar sus ideas en las personas pasivas, porque tienen demasiado tiempo disponible o porque sus pensamientos no están claros.

Otro aspecto que merece atención es que nuestra mente no debe ser atraída por pensamientos satánicos, como les sucede a muchas personas. No tienen interés en las maravillosas experiencias espirituales de otros hermanos, pero se interesan mucho cuando se trata de esparcir chismes. Puesto que se complacen en las obras de Satanás, no pueden rechazar los pensamientos satánicos. Todos los pensamientos sucios que entorpecen nuestra comunión con el Señor y debilitan nuestro amor a El, vienen de Satanás.

En primer lugar, no contemplaríamos tales pensamientos si no nos atrajesen. Si inclinamos nuestro corazón a estas cosas, fácilmente penetrarán en nosotros. Por tanto, debemos aprender a rechazar todo lo que venga de Satanás.

Prestemos especial atención en rechazar todo pensamiento sucio. Satanás siempre pone pensamientos sucios en el hombre para inducirlo a pecar. El punto de partida es un pensamiento sucio. Si permitimos que cobre fuerza, dará como fruto el pecado. Por eso, debemos rechazar todo pensamiento que venga de Satanás.

Sin embargo, se presenta un gran problema: ¿qué podemos hacer si el pensamiento no se va después que lo hemos rechazado? Solamente necesitamos resistir una vez esos pensamientos indeseables. Uno resiste una sola vez; nunca debemos resistir dos veces.

Leemos en Jacobo 4:7: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros”.

Debemos creer que cuando resistimos al diablo, él huye. Es incorrecto continuar resistiendo por temor a que el diablo todavía ande alrededor. ¿A quién hemos de creer? La Biblia dice que resistamos y que él huirá. Si una voz interna nos insinúa que él no ha huido, ¡esa debe ser la voz de Satanás! Muchas personas prefieren creerle a Satanás y, por consiguiente, son derrotadas. Cuando hemos resistido al diablo, debemos declarar: “Ya resistí al diablo; ya se fue”.

La duda de que él todavía esté rondando es una mentira y no procede del Señor. El diablo tiene que huir. No tiene motivo alguno para quedarse. Entendamos claramente que debemos resistir una sola vez y que no necesitamos resistir una segunda vez. Resistir la primera vez glorifica el nombre de Dios; resistir una segunda vez pone en duda la Palabra de Dios.

Mucha gente comete el error de usar sus sentimientos para verificar si el diablo huyó. Ellos se preguntan: “¿Ya se fue el diablo?” Cuando sus sentimientos les dicen que no se ha ido, ellos tratan de resistirlo de nuevo. Si uno resiste una segunda vez, indudablemente lo hará por tercera vez, cuarta, centésima y una milésima vez. A ese paso terminaremos sintiéndonos completamente impotentes para rechazarlo. Pero si después de haber resistido la tentación una vez, no le hacemos el más mínimo caso al asunto, experimentaremos la victoria.

Debemos prestar atención al hecho que consta en la Palabra de Dios y desentendernos de nuestra propia percepción. El hecho radica en que tan pronto resistimos al diablo, él huirá. Si no creemos que él ha huido después de haberlo resistido, nuestra percepción nos está engañando. Si creemos a esta percepción, el diablo regresará. Debemos aprender a creer en las gloriosas palabras de Dios. Una vez que hayamos resistido al diablo la primera vez, no necesitamos hacerlo de nuevo, porque el asunto ya está resuelto.

Esto es lo que Satanás hace en la mente del hombre. Debemos darnos cuenta de que él ataca la mente del hombre. Tenemos que rechazar todo pensamiento que venga de Satanás y, al mismo tiempo, debemos tener presente que una vez que rechazamos sus insinuaciones, el asunto termina. No debemos preocuparnos excesivamente por sus ataques, porque si lo hacemos, nuestra mente se confundirá, y habremos caído en la trampa que el diablo nos tiende.

Parte 2

B. Satanás actúa en el cuerpo del hombre. La Biblia nos muestra claramente que muchas enfermedades físicas son el resultado del ataque de Satanás.

La fiebre que tenía la suegra de Pedro era un ataque de Satanás, y el Señor Jesús reprendió aquella fiebre (Lc. 4:39). Sólo se reprenden entes que tienen personalidad. No podemos reprender a una taza o a una silla. La fiebre es un síntoma, pero el Señor no reprendió el síntoma, sino a Satanás, quien era la causa. Por eso, tan pronto como el Señor reprendió la fiebre, ésta desapareció.

En Marcos 9 vemos el caso de un niño sordomudo. A los ojos del hombre la sordera y la mudez son enfermedades. Pero el Señor Jesús reprendió al espíritu inmundo, diciendo: “Espíritu mudo y sordo, Yo te mando, sal de él, y no entres más en él” (v. 25). La mudez y la sordera del niño eran los síntomas externos de una posesión demoníaca; no eran enfermedades ordinarias. Muchas enfermedades son definidas médicamente, pero hay muchas que son ataques del diablo. La Biblia no dice que el Señor curó la enfermedad, sino que la reprendió. Las llagas que aparecieron en el cuerpo de Job no podían ser sanadas con la medicina, pues no era una enfermedad causada por agentes físicos; era un ataque del diablo. Si uno no combate primero al diablo, no podrá eliminar una enfermedad como éstas.

Reconocemos que en muchas ocasiones las enfermedades se producen cuando se descuidan las leyes naturales. No obstante, en muchos casos, son producto de los ataques de Satanás. En tal caso, necesitamos pedirle al Señor que reprenda la enfermedad, y ésta se irá. Este tipo de enfermedad viene de repente y se va de la misma manera. Es un ataque de Satanás, no una enfermedad común.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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