lunes, 15 de junio de 2009

RESISTAN AL DIABLO IV

Escrito por: Watchman Nee

Parte 3

2. Cómo vencer las acusaciones de Satanás.

En Apocalipsis 12:11 dice: “Y ellos [los creyentes] le han vencido por causa de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y despreciaron la vida de su alma hasta la muerte”.

Vencieron a Satanás, quien acusaba a los hermanos. ¿Cómo podemos vencer nosotros?

Primero, vencemos por la sangre del Cordero. Por un lado, cuando pecamos delante del Señor, debemos confesar nuestras transgresiones; por otra, podemos decirle a Satanás: “¡No necesitas acusarme! ¡Hoy me acerco al Señor por Su sangre!” Para vencer a Satanás, debemos proclamar ante él que fuimos perdonados por la sangre del Cordero. Todos nuestros pecados, grandes y pequeños, fueron perdonados por la sangre del Cordero.

La Palabra de Dios dice: “La sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)

Debemos darnos cuenta de que la sangre del Cordero es la base tanto de nuestro perdón ante Dios como de nuestra aceptación en El. No debemos tener el atrevimiento de creernos buenos, pero tampoco debemos cometer la necedad de condenarnos mañana y tarde. Es tan insensato envanecerse como encerrarse en uno mismo. Todos los que se consideran buenos, son necios; y también lo son quienes no ven el poder salvador del Señor. Son tan insensatos quienes creen en su propio poder como los que no creen en el poder del Señor. Necesitamos comprender que la sangre del Cordero satisfizo todo lo que Dios exigía y venció todas las acusaciones de Satanás.

Segundo, vencemos por la palabra de nuestro testimonio, la cual declara los hechos espirituales y la victoria del Señor. Debemos decirle a Satanás: “¡No me molestes! ¡La sangre del Señor ya borró mis pecados!” Necesitamos ejercer nuestra fe y declarar que Jesús es el Señor y que El ganó la victoria; necesitamos expresar la palabra de nuestro testimonio y hacer que Satanás oiga esta palabra. No solamente debemos creer con el corazón, sino que también debemos declararlo verbalmente a Satanás. Esta es la palabra de nuestro testimonio.

Tercero, debemos menospreciar la vida de nuestra alma hasta la muerte. “La sangre del Cordero” y “la palabra del testimonio de ellos” son dos condiciones necesarias para vencer a Satanás. Menospreciar la vida del alma hasta la muerte no es más que una actitud frente a la misma. No importa lo que Satanás haga, aun si trata de matarnos, debemos seguir confiando en la sangre del Cordero y declarar Su victoria. Si perseveramos en esta actitud, la acusación de Satanás cesará, y él no nos podrá vencer. Por el contrario, ¡nosotros lo venceremos a él! Algunos hermanos y hermanas se abren tanto a las acusaciones de Satanás que dejan de discernir si el sentir interior es una acusación de Satanás o una amonestación del Espíritu Santo.

Ellos deben dejar de confesar sus pecados por un tiempo. El Señor no desea que actuemos insensatamente. En vez de eso, deben orar al Señor y decir: “Si he pecado, confieso que lo he hecho y te pido que me perdones. Pero ahora Satanás me acusa. Oro a Ti pidiéndote que quites todos mis pecados. Desde este momento, todo está cubierto por Tu sangre y no dejaré que nada me perturbe”. Quienes se hallan en tal condición deben hacerlo todo a un lado, temporalmente, para poder identificar claramente entre la acusación de Satanás y la corrección del Espíritu Santo.

3. Cómo ayudar a quienes están oprimidos por la acusación de Satanás.

Nunca debemos agregar más cargas a la conciencia de aquellos que están oprimidos por las acusaciones de Satanás. En primer lugar, debemos ayudarles a hacer solamente lo que ellos puedan. Si les pedimos que vayan más allá de su límite, se sentirán aún más condenados. Debemos ayudarles a obtener fortaleza ante el Señor para seguir adelante, antes de exhortarlos o de instarles a avanzar.

En segundo lugar, cuando veamos claramente la obra del Espíritu Santo, debemos elevar la norma un poco, ya que al actuar el Espíritu del Señor y el espíritu de avivamiento, la palabra del Señor tiene el poder de aumentar la capacidad de la persona. Si elevamos la norma sin que actúe el Espíritu del Señor, no estamos ayudando a las persona que se sienten condenadas; por el contrario, le estamos dando la oportunidad a Satanás de acusarlos aun más.

No debemos ser imprudentes señalando las faltas de las personas. Supongamos que un hermano ha caído en cierta área, pero todavía puede orar, leer la Biblia y asistir a las reuniones. Si usted está seguro de que puede ayudarlo, un pequeño impulso será suficiente para que sobrepase el problema. Pero si usted no tiene la certeza ni la capacidad de levantarlo, cuando le saque a colación las faltas, lo único que logrará será desanimarlo de que siga orando, leyendo la Biblia y reuniéndose. No debemos apagar el pabilo humeante, sino volverlo a encender, y no debemos quebrar la caña cascada, sino sostenerla. No debemos ponernos como ejemplo haciendo así que la conciencia de otros se sienta acusada. Debemos aprender a actuar sin ofender la conciencia de los demás.

A aquellos que están bajo la acusación de Satanás debemos mostrarles:

Hebreos 10:22: “Purificados los corazones de mala conciencia con la aspersión de la sangre”.

Al rociar la sangre, nuestra conciencia debe dejar de sentirse culpable. La vida cristiana debe mantenerse libre de toda condenación en la conciencia. Cuando un cristiano percibe que su conciencia lo reprende, se siente débil ante Dios y perderá fuerza en todos los asuntos espirituales.

La meta de Satanás es desviarnos de este principio y con ese fin nos acusa incesantemente. Necesitamos aferrarnos a este principio aplicando la sangre. Cuanto más trate Satanás de hacernos sentir culpables, más debemos aplicar la sangre a todos nuestros pecados. Los creyentes lo vencieron, no por su propia fuerza, sino por la sangre del Cordero. Debemos declarar: “Satanás, reconozco que he pecado. Pero el Señor me redimió. No niego que sea un deudor. Sí soy un deudor, pero el Señor pagó mi deuda”. No tratemos de contrarrestar la acusación de Satanás negando que seamos deudores, pues podemos derrotarlo declarando que nuestra deuda ya se pagó.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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