martes, 9 de junio de 2009

RESISTAN AL DIABLO

Escrito por: Watchman Nee

Parte 1: Lectura bíblica: Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8-9; 2 Corintios 2:11

Al diablo se le conoce también como Satanás (Ap. 12:9). Dios lo había creado como un querubín (Ez. 28:12-14) y un arcángel (Ap. 12:7; Mt. 25:41). Pero un día se rebeló contra Dios queriendo elevarse al nivel de El. Por lo cual, Dios lo juzgó (Is. 14:12-15; Ez. 28:15-19) y como resultado llegó a ser Satanás, el adversario de Dios. En el texto original Satanás significa “oponente u adversario”. El diablo se opone a todo lo que Dios hace y siempre está en contra de los hijos de Dios.

Examinemos la forma en que el diablo ataca a los hijos de Dios, y cómo ellos lo resisten.

I. LA OBRA DE SATANAS

Veamos cuatro aspectos de la obra que realiza Satanás.

A. Satanás actúa en la mente del hombre.

2 Corintios 10:4-5 dice: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas ante Dios para derribar fortalezas; al derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y al llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Esto nos muestra que las fortalezas de Satanás se componen de lo que es elevado, y desde ellas rodea la mente del hombre. Para que el Señor pueda ganar terreno en nosotros, tiene que derribar las fortalezas de Satanás, pues así combate los pensamientos del hombre y los lleva cautivos.

1. Los argumentos y las tentaciones de Satanás

¿Qué son los argumentos? La palabra griega correspondiente puede traducirse “imaginación” o “pensamiento”. Muchas veces Satanás nos asedia con imaginaciones.

Los hombres son insensatos; piensan que éstas son sus propias ideas, cuando en realidad son fortalezas de Satanás que impiden que la mente se someta a Cristo. Muchas veces Satanás siembra cierta idea en nuestra mente. Si creemos que ese pensamiento procede de nosotros mismos, caemos en la trampa.

Frecuentemente surgen pensamientos sin motivo alguno; sencillamente son imaginaciones. Muchos de los que llamamos “pecados” son imaginarios; no son reales. La mayoría de los conflictos que surgen entre los hermanos y las hermanas, proceden de nuestra imaginación; son completamente infundados. En muchas ocasiones Satanás pone un pensamiento absurdo en nuestra mente, y nosotros ni cuenta nos damos de su obra. Cuando él pone una idea en nuestra mente, y nosotros la aceptamos, accedemos a su obra. Si rechazamos la idea, rechazamos su obra. Muchos pensamientos no son nuestros, sino que están conectados con Satanás. Debemos aprender a rechazar tales pensamientos.

Casi todas las tentaciones de Satanás empiezan por la mente. El ve que los hijos de Dios se levantarán y lo resistirán vehementemente si los ataca abiertamente. Esta es la razón por la cual nos tienta solapadamente, poniendo pensamientos en nuestra mente sin que lo advirtamos. Una vez que dicho pensamiento entra en nosotros, comienza a dar vueltas en nuestra mente. Si al acariciar un pensamiento, más nos parece que tenemos la razón en cuanto a la acción sugerida, hemos caído en la red. El pensamiento que hemos aceptado es la tentación de Satanás. Si rechazamos el ataque de Satanás en nuestra mente, cerraremos la entrada más vulnerable que tenemos a sus tentaciones.

Gran parte de las desavenencias que se presentan entre los hijos de Dios radican en la mente; no son verdaderos problemas. Algunas veces cuando uno ve a un hermano, siente que él tiene algo contra uno, o que hay cierto distanciamiento. Esto puede convertirse en una barrera, cuando en realidad no sucede nada. Dicho “problema” no es otra cosa que el ataque de Satanás en la mente de uno, o en la mente de un hermano o hermana. Tales problemas son innecesarios. Los hijos de Dios deben rechazar esos pensamientos y sentimientos repentinos. Deben aprender a no ceder frente a Satanás.

Quisiéramos hacer una advertencia. No debemos preocuparnos demasiado por los pensamientos generados por Satanás. Hay personas que se van al extremo de no prestar atención a ningún pensamiento que venga de Satanás; pero hay otras que se van al otro extremo de dedicar demasiada atención a los mismos. Una persona puede ser fácilmente engañada si no está alerta en cuanto a los pensamientos que vienen de Satanás; y al mismo tiempo, puede perder la razón si se obsesiona con ellos.

Si una persona pone mucha atención a las tentaciones de Satanás, su mente se llenará de confusión, y será presa fácil de Satanás. En el momento en que una persona aparta sus ojos del Señor, se hallará en problemas. Por una parte, necesitamos ver que Satanás ataca nuestra mente; por otra, debemos comprender que tan pronto rechazamos sus ataques, éstos se acaban. Si una persona tiene que rechazar a Satanás día y noche, su mente no está bien, y va por mal rumbo. Por una parte, debemos conocer los ardides de Satanás, porque si los ignoramos, seremos engañados; por otra, no debemos preocuparnos demasiado al respecto, porque eso también nos conduce al engaño.

En el instante en que ponemos nuestros ojos en Satanás, él obtiene lo que desea. Esta distracción nos inutilizará, y nos obsesionaremos con sus pensamientos día y noche. Cualquier hermano que se ocupa demasiado en tales pensamientos ya ha sido engañado. Debemos aprender a ser equilibrados. No es correcto preocuparse excesivamente. Si la mente de una persona está ocupada constantemente con los pensamientos de Satanás, en realidad está cediendo terreno a Satanás. Nunca debemos irnos a los extremos.

2. Cómo rechazar los pensamientos de Satanás

¿Cómo podemos rechazar los pensamientos que vienen de Satanás? Es fácil. Dios nos dio la mente; así que no es de Satanás. Solamente nosotros tenemos derecho a usarla; Satanás no tiene potestad sobre nuestra mente. Lo único que debemos hacer es no permitirle pensar por nosotros. Satanás sólo puede usurpar nuestra mente con engaños. Nos pondrá un pensamiento, y nosotros pensaremos que proviene de nosotros, cuando en realidad viene de Satanás. Cuando descubrimos que aquella idea no es nuestra, vencemos.

Satanás siempre tienta y ataca a la persona de una manera subrepticia y cubierta. El no se anuncia a voces diciendo: “¡Aquí vengo!” En lugar de eso, nos engaña con mentiras y falsedades. El no nos deja ver que es él quien está detrás de cierta acción. Una vez que estamos conscientes del ataque de Satanás y lo ponemos en evidencia junto con sus disfraces, es fácil resistirlo.

El Señor Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Los hechos son verídicos. Una vez que conozcamos los hechos, seremos libres. El poder de Satanás está en sus mentiras; una vez que éstas fallan, su poder se desvanece. Por consiguiente, cuando vemos el hecho de que Satanás nos está atacando, somos libres. Algunos hijos de Dios afirman que Satanás es el instigador que yace detrás de todos los ataques, pero no tienen la certeza en sus espíritus de que los ataques provengan en realidad de Satanás. Aunque dicen resistir a Satanás, desconocen la realidad de la obra que él realiza y, como resultado, no pueden resistirlo. Sin embargo, en cuanto identifican la actividad de Satanás, lo pueden resistir, y tan pronto lo resisten, él huye.

Satanás ataca nuestra mente principalmente por medio de engaños. El nos hace creer que sus pensamientos son nuestros, cuando en realidad son suyos. Cuando sacamos a la luz sus mentiras, rechazamos el pensamiento que viene de él. Resistir significa rechazar. Cuando Satanás nos ofrece un pensamiento, debemos decir: “No lo quiero”. Esto es lo que significa resistir.

Cuando trata de sembrar otra idea en nosotros, debemos decir: “No la acepto”. Y si trae otra, debemos repetir: “No la acepto”. Si hacemos esto, él no podrá hacernos nada. Un siervo del Señor que vivió en la Edad Media dijo: “Uno no puede evitar que los pájaros vuelen sobre su cabeza, pero si puede impedir que hagan nido en sus cabellos”. Tiene toda la razón. No podemos evitar que Satanás nos tiente, pero sí podemos impedir que anide y gane terreno en nosotros. Nosotros tenemos tal potestad. Si no prestamos atención a los pensamientos que entran en nuestra mente, ellos cesarán.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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