miércoles, 16 de septiembre de 2009

RESISTAN AL DIABLO V

Escrito por: Watchman Nee


D. Satanás actúa en las circunstancias. Todas las circunstancias son dispuestas por Dios. Sin embargo, muchas de las cosas que nos rodean, aunque son permitidas por Dios, son parte de la obra directa y activa de Satanás.

Tomemos el caso de Job. Le robaron los bueyes y los asnos, se le cayó la casa y le mataron a todos los hijos. Todas éstas fueron circunstancias que lo rodearon. Aunque fueron permitidas por Dios, Satanás fue instigador directo del ataque.


La falta que cometió Pedro es otro ejemplo. El mismo fue la causa parcial de esta falta, pero parte se debió al ataque de Satanás en las circunstancias. El Señor le había dicho: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lc. 22:31). La falta que cometió Pedro fue el resultado directo de la obra de Satanás; sin embargo, Dios lo permitió.


El aguijón de Pablo era expresamente obra de Satanás. Pablo dijo: “Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás, para que me abofetee” (2 Co. 12:7). Aquel aguijón provenía de Satanás, quien usa las circunstancias para atacar a los hijos de Dios.


Vemos un ejemplo más claro aún en Mateo 8, cuando el Señor Jesús les dijo a los discípulos que fueran al otro lado del mar, pues sabía que tenía que echar fuera poderosos demonios en el otro lado del mar. Después de entrar en la barca El y Sus discípulos, en el mar se levantó una tempestad tan grande que las olas cubrían la embarcación. El Señor estaba dormido. Los discípulos lo despertaron desesperados diciendo: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (v. 25). Algunos de los discípulos eran pescadores y marineros diestros, pero aquellas olas eran más de lo que ellos podían controlar. El Señor los reprendió por su poca fe, se levantó y reprendió a los vientos y al mar. Pese a que los vientos y el mar no tienen personalidad, el Señor los reprendió porque el diablo estaba actuando detrás de ellos. Satanás agitó el viento y las olas.


En conclusión, Satanás no sólo ataca nuestro cuerpo, nuestra conciencia y nuestra mente, sino que también se vale de las circunstancias para atacarnos.

¿Cómo debemos reaccionar al ataque de Satanás en el ambiente? Primero, debemos humillarnos bajo la mano poderosa de Dios. En Jacobo 4 y en 1 Pedro 5 nos se dice que resistamos al diablo y que también nos humillemos ante Dios. Cuando Satanás nos ataca en las circunstancias, la primera reacción que debemos tener es someternos a Dios. Si no nos sometemos a Dios, no podemos resistir al diablo y nuestra conciencia nos condenará.


Segundo, debemos resistir al diablo. Cuando los hijos de Dios se encuentran con adversidades y situaciones imprevistas y se percatan de que son ataques de Satanás, deben resistirlas. Una vez que resistan los ataques, éstos quedarán atrás. Por una parte, deben humillarse bajo la mano de Dios, y por otra, deben resistir las actividades de Satanás en todo lo que los rodea. Cuando se humillan y se mantienen firmes, Dios les mostrará que la adversidad que les sobrevino es obra de Satanás. De esta manera, ellos podrán diferenciar entre lo que proviene de Dios y lo que proviene de Satanás. Una vez que vean claramente y resistan al diablo, el ataque desaparecerá.


Tercero, debemos rechazar toda forma de temor. Satanás tiene que hallar la forma de establecerse en los hijos de Dios antes de poder actuar en ellos. El no puede trabajar donde no tiene una base. Por consiguiente, su primer ataque tiene como fin obtener un frente de ataque desde donde dirigir sus fuerzas. No debemos cederle nada de terreno. Este es el camino de la victoria. El temor, por ejemplo, puede convertirse en la peor fortaleza de Satanás. Cuando Satanás trata de hacernos pasar por sufrimientos, lo primero que hace es llenarnos de temor.


Una hermana muy experimentada en la vida cristiana me dijo en cierta ocasión: “El temor es la tarjeta de visita de Satanás”. Una vez que uno acepta el temor, Satanás se infiltra; si rechaza el temor, el diablo no podrá entrar.


Todo temor es un ataque de Satanás. Aquello que uno teme, eso mismo le vendrá. Job dijo: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). A Job lo sobrevino precisamente lo que temía. El ataque que Satanás lleva a cabo utilizando lo que lo rodea a uno, viene por lo general en forma de temor. Si uno rechaza el miedo a cierta cosa, ésta no le sucederá. Pero si uno permite que el temor permanezca, le dará a Satanás la oportunidad de poner en el camino lo que uno teme.


Así que los hijos de Dios pueden resistir la obra de Satanás rechazando, en primera instancias, el temor. Cuando Satanás trata de infundirnos temor, no debemos entregarnos a ese temor, sino decir: “¡No aceptaré nada que el Señor no haya preparado para mí!” Una vez que la persona es librada del temor, está fuera del alcance de Satanás. A esto se refiere Pablo cuando dice: “Ni deis lugar al diablo” (Ef. 4:27).


¿Por qué no debemos temer? Porque es mayor el que está en nosotros, que el que está en el mundo (1 Jn. 4:4). Si no sabemos esto, temeremos.

Resistid al Diablo por: Watchman Nee - parte 4

II. RESISTIMOS A SATANAS POR FE


En 1 Pedro 5:8-9 dice: “Sed sobrios, y velad. Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe”. La Palabra de Dios nos muestra claramente que resistimos a Satanás por la fe. No hay otra manera de resistirlo. ¿En qué debe reposar nuestra fe? ¿Cómo debemos usar nuestra fe para resistirlo? Examinemos lo que la Palabra de Dios dice al respecto.


A. La fe en que el Señor destruyó las obras del diablo. En primer lugar debemos creer que el Señor se manifestó, es decir, vino a la tierra, para destruir las obras del diablo (1 Jn. 3:8). El destruía las obras del diablo por donde iba. Por lo general, la obra de Satanás no es muy obvia; él se esconde detrás de fenómenos naturales. Pero el Señor lo reprendió en todos los casos. Sin duda, El estaba reprendiendo a Satanás cuando reprendió a Pedro en Mateo 16:22-23, cuando reprendió la fiebre de la suegra de Pedro en Lucas 4:23 y cuando reprendió al viento y a las olas. Aunque el diablo se escondía detrás de los fenómenos naturales, el Señor Jesús lo reprendió directamente a él. Dondequiera que el Señor iba, el poder del diablo era destruido. Por eso El dijo: “Pero si Yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, entonces ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mt. 12:28). En otras palabras, adondequiera que el Señor iba, Satanás fue echado afuera, y el reino de Dios se manifestaba. Satanás no podía permanecer donde el Señor estaba. Por eso el Señor dijo que El se manifestó para destruir las obras del diablo.


También debemos creer que cuando el Señor se manifestó en la tierra, no solamente destruyó las obras del diablo, sino que también dio autoridad a Sus discípulos para echar fuera demonios en Su nombre. El les dijo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo” (Lc. 10:19). Después de ascender El dio Su nombre a la iglesia para que ésta continúe Su obra en la tierra. La autoridad que El usó en la tierra para echar fuera demonios la dio a la iglesia.


Debemos distinguir entre lo que tiene el diablo y lo que nosotros tenemos. El diablo tiene poder, pero nosotros tenemos autoridad. El Señor Jesús nos dio la autoridad que puede vencer el poder de Satanás. El poder no prevalece frente a la autoridad. Dios nos dio la autoridad, y sin duda Satanás fracasará.


Usemos un ejemplo para comprender cómo la autoridad está por encima del poder: un semáforo puede controlar el tráfico de un cruce. Cuando la luz roja se enciende, los peatones y automóviles tienen que detenerse. A nadie se le permite cruzar cuando la luz roja se enciende. Los peatones y los autos tienen mucho más poder que el semáforo. Sin embargo, ni los peatones ni los vehículos se atreven a avanzar cuando el semáforo está en rojo, pues éste representa la autoridad. Vemos, entonces, que la autoridad prevalece sobre el poder.


©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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