lunes, 5 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VI


Escrito por: Watchman Nee


En todo el universo la autoridad está por encima del poder. No importa cuán fuerte sea el poder de Satanás, hay un hecho cierto: el Señor Jesús dio Su nombre a la iglesia. Este nombre representa Su autoridad. La iglesia puede echar fuera demonios en el nombre del Señor. Podemos invocar el nombre del Señor para combatir el poder de Satanás. Agradecemos a Dios porque el nombre del Señor es inmensurablemente mayor que el poder de Satanás. La autoridad que sustenta el nombre del Señor vence el poder de Satanás.


Los discípulos salieron en el nombre del Señor y cuando regresaron contaron que se habían sorprendido. Ellos le dijeron al Señor: “Aun los demonios se nos sujetan en Tu nombre” (Lc. 10:17). El nombre del Señor tiene autoridad. Al darnos Su nombre nos da Su autoridad. El Señor dijo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará” (v. 19). Todo aquel que desee resistir a Satanás debe reconocer la diferencia entre la autoridad del Señor y el poder de Satanás. No importa cuán grande sea el poder de Satanás, la autoridad del Señor lo vence.


Debemos creer que Dios dio Su autoridad a la iglesia, la cual, a su vez, puede echar fuera demonios y resistir al diablo en el nombre del Señor Jesús.


B. La fe en que la muerte del Señor destruyó a Satanás. En segundo lugar, debemos creer que el Señor Jesús destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (He. 2:14). La manifestación del Señor Jesús destruyó las obras del diablo, y Su muerte destruyó al diablo mismo.


La muerte del Señor constituye la mayor derrota para el diablo porque no solamente es un castigo [para él], sino también el camino de la salvación [para los creyentes]. En Génesis 2:17 Dios habló de la muerte: “Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Esta muerte es un castigo. Satanás se deleitó al oír esta palabra. Puesto que el hombre moriría si comía el fruto, Satanás lo indujo a comer dicho fruto, para que la muerte reinara en el hombre y así poder reclamar la victoria. Al mismo tiempo, la muerte del Señor constituye el gran camino de salvación. Dios dijo: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. La muerte es, entonces, un castigo. Pero el Señor ofrece otra muerte, la cual es el camino de la salvación. La muerte puede castigar a los que pecan, pero también puede salvar y librar a quienes están en pecado. Satanás pensó que la muerte sólo podía castigar al pecador. El se asió de este hecho y reinó mediante la muerte sobre el hombre. No obstante, Dios salva y libra al hombre del pecado por medio de la muerte del Señor Jesús. Este es un aspecto profundo del evangelio.


La muerte del Señor en la cruz no solamente nos libra de nuestros pecados sino también de la vieja creación. Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con el Señor. Aunque Satanás reina por medio de la muerte, cuanto más reina por la muerte, peor es su suerte, porque su reino llega a su fin con la muerte. Puesto que ya morimos, la muerte no nos puede hacer daño; ya no reina sobre nosotros.


“El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Dios dijo esto para que el hombre no comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero el hombre comió y pecó. ¿Qué se podía hacer entonces? El pecado se paga con la muerte; esto es irreversible. Sin embargo, hay un camino de salvación, el cual consiste en pasar por la muerte. Cuando el Señor Jesús fue crucificado por nosotros, la vieja creación y el viejo hombre fueron crucificados con El. Esto significa que la autoridad de Satanás sólo llega hasta la muerte. La Escritura dice: “Para destruir por medio de la muerte al que tiene el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2:14).


Damos gracias y alabamos al Señor porque ya estamos muertos. Si Satanás nos ataca, podemos decirle: “¡Ya estoy muerto!” El no tiene autoridad sobre nosotros pues estamos muertos. Su autoridad sólo llega hasta la muerte.


Nuestra crucifixión con Cristo es un hecho que Dios ya efectuó. La Biblia no dice que nuestra muerte con el Señor pertenezca al futuro; no es algo que esperemos experimentar algún día. La Biblia no nos dice que procuremos la muerte, sino que nos muestra que ya estamos muertos. Si una persona todavía procura morir, obviamente no está muerta. Pero así como Cristo murió por nosotros gratuitamente, asimismo Dios puso a nuestra disposición la muerte de Cristo. Si un hombre procura ser crucificado, aún está en la esfera de la carne. Así como creemos en la muerte del Señor por nosotros, de la misma manera necesitamos creer que morimos en El. Ambas cosas requieren un acto de fe y no tienen nada que ver con el esfuerzo humano. Cuando tratamos de llevar a cabo estos hechos, nos exponemos al ataque de Satanás. Tenemos que asirnos a los hechos ya cumplidos y declarar: “¡Te alabo Señor y te doy gracias porque ya estoy muerto!”


Debemos ver que ante Dios morimos juntamente con Cristo; es un hecho consumado. Una vez que tengamos esto en claro, Satanás no podrá hacernos nada. Satanás sólo puede hacerles daño a los que no han muerto. El sólo puede gobernar a aquellos que están luchando contra la muerte y que van apenas camino a la muerte. Pero nosotros ya no peleamos contra la muerte, pues ya morimos. Satanás no nos puede hacer nada.


Para resistir a Satanás, debemos comprender que la manifestación del Señor fue una manifestación de autoridad, y la obra de Su cruz libró a todos los que estaban bajo la mano de Satanás. Satanás ya no tiene autoridad sobre nosotros, pues estamos muertos; estamos por encima de él. La obra de Satanás sólo llega hasta la muerte, y después ya no pueda hacer más daño.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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