viernes, 23 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VIII

Escrito por: Watchman Nee


D. La fe en que la ascensión del Señores superior al poder de Satanás. En cuarto lugar, debemos creer que la ascensión del Señor lo puso por encima del poder de Satanás. En Efesios 1:20-22 dice: “Resucitándole [a Cristo] de los muertos y sentándole a Su diestra en los lugares celestiales, por encima de todo ... no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”. Esto significa que el Señor Jesús ya está sentado en los lugares celestiales y está por encima de toda potestad de Satanás.


En Efesios 2:6 dice: “Y juntamente con El nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús”. Esta es nuestra posición como cristianos. El Señor Jesús resucitó, está sentado en los lugares celestiales por encima de todo poder de Satanás. Nosotros fuimos resucitados juntamente con Cristo y estamos sentados en los lugares celestiales con El, por encima de todo poder de Satanás.


Efesios 6:11-13 dice: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las estratagemas del diablo ... y habiendo acabado todo, estar firmes”. El capítulo dos nos muestra que estamos sentados en los lugares celestiales juntamente con el Señor, y el capítulo seis, que necesitamos mantenernos firmes. El capítulo dos dice que necesitamos sentarnos, mientras que el capítulo seis dice que necesitamos estar de pie. ¿Qué significa sentarse? Sentarse significa descansar e indica que el Señor venció y que nosotros ahora podemos reposar en Su victoria. Esto es lo que significa depender de la victoria del Señor. ¿Qué significa estar firmes? Quiere decir que la guerra espiritual no consiste en atacar, sino en defender. Estar firme no indica atacar; sino defender. Debido a que el Señor obtuvo una victoria total, no necesitamos seguir atacando. La victoria de la cruz es completa, y no es necesario atacar. Aquí podemos ver dos actitudes: una es sentarse, y la otra estar firmes. Nos sentamos a descansar en la victoria del Señor, y estamos firmes resistiendo a Satanás y no permitiéndole quitarnos la victoria.


La guerra cristiana se basa en rechazar la derrota, no en pelear por obtenerla. Ya vencimos. Peleamos desde nuestra posición de victoria, para mantener nuestra victoria, pues ya está en nuestras manos. La lucha que se menciona en Efesios, es la guerra que pelean los vencedores. No llegamos a ser vencedores luchando. Necesitamos distinguir entre estas dos cosas.


¿Cómo nos tienta Satanás? El trata de hacer que nos olvidemos de nuestra posición de victoria; trata de poner un velo sobre nuestros ojos para que no veamos nuestra propia victoria. Si cedemos a sus tácticas, pensaremos que la victoria está lejos y fuera de nuestro alcance. Debemos recordar que la victoria del Señor es completa. Es tan completa que toda nuestra vida está incluida en esta victoria. Una vez que creemos, vencemos. Satanás está derrotado, y nosotros hemos vencido en Cristo. Satanás quiere robarnos la victoria que hemos obtenido. Su obra consiste en probarnos para descubrir secretamente si tenemos fe. Si no sabemos que la victoria ya es nuestra, fracasaremos. Pero si estamos conscientes de nuestra victoria, su obra fracasará.


Por consiguiente, contraatacamos la obra de Satanás con la obra del Señor Jesús. Nosotros resistimos a Satanás por medio de la manifestación, la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor. Hoy nos mantenemos firmes en la obra consumada del señor. No necesitamos tratar de vencer de algún modo cuando Satanás nos ataca. Cuando tenemos el más leve pensamiento de procurar vencer, ya fracasamos porque nuestra posición es incorrecta. Cuán grande es la diferencia entre una persona que trata de vencer y una que resiste sabiendo que ya venció. Resistir al diablo significa que lo resistimos por la victoria de Cristo.


Este asunto requiere revelación. Necesitamos ver la manifestación del Señor, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión. Debemos estar conscientes de todas estas cosas.


Como cristianos debemos aprender a resistir al diablo. En toda circunstancia debemos decirle a Satanás: “¡Aléjate de mí!” Que Dios tenga misericordia de nosotros para que tengamos esta fe. Espero que tengamos fe en las cuatro cosas que el Señor efectuó por nosotros, y que podamos tener una fe firme que resista a Satanás y rechace su obra sobre nosotros.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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jueves, 22 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VII

Escrito por: Watchman Nee

Parte 5

C. La fe en que la resurrección del Señor puso en vergüenza a Satanás. En tercer lugar, debemos creer que la resurrección del Señor puso en vergüenza a Satanás; de modo que ya no puede atacarnos.


En Colosenses 2:12 dice: “Sepultados juntamente con El en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados juntamente con El, mediante la fe de la operación de Dios, quien le levantó de los muertos”. Este versículo habla tanto de la muerte como de la resurrección. El versículo 13 presenta el hecho de que nosotros estábamos muertos y resucitamos; el versículo 14 nos muestra lo que realizó el Señor al morir; y el versículo 15 nos dice que el Señor Jesús despojó a los principados y a las potestades y “los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. El versículo 20 dice: “Si habéis muerto con Cristo”, y en 3:1 leemos: “Si, pues, fuisteis resucitados juntamente con Cristo”. Este pasaje comienza con la resurrección y finaliza con la resurrección; y entre el principio y el fin se habla de triunfar en la cruz. Debemos permanecer en resurrección para triunfar en la cruz.


¿Cómo podemos hacer esto? La declaración que hicimos anteriormente lo explica: el Señor murió, y nosotros morimos en El. Satanás, quien tiene dominio sobre el viejo hombre, sólo nos puede perseguir hasta la cruz, pero la resurrección está fuera de su alcance. Así como Satanás no tenía nada en el Señor Jesús mientras estaba en la tierra (Jn. 14:30), tampoco tiene nada en El ahora que está en resurrección. Satanás no tiene absolutamente ningún lugar ni ninguna autoridad en la nueva vida. No puede tocar nuestra nueva vida.


Cuando el Señor Jesús estaba en la cruz, estaba rodeado de innumerables demonios, los cuales pensaban que podían destruir al Hijo de Dios. Esto pudo haber sido una gran victoria para ellos. No tenían idea de que el Señor Jesús iba a morir y luego saldría de la muerte y vencería la autoridad de la muerte. Este es un hecho glorioso: el Señor no pudo ser retenido por la muerte. Por eso, tenemos la confianza de decir que la vida de Dios vence la muerte.


¿Qué es la vida de resurrección? Es una vida que no puede ser afectada por la muerte, que trasciende la muerte, que va más allá de los linderos de la muerte y que no puede ser retenida por la muerte. El poder de Satanás se extiende solamente hasta la muerte. El Señor Jesús demostró con Su resurrección cuán grande es el poder de Su vida, pues con él desmenuzó el poder de Satanás. La Biblia llama a este poder “el poder de Su resurrección” (Fil. 3:10). Cuando este poder se expresa en nosotros, todo lo de Satanás es derribado.


Podemos resistir a Satanás porque tenemos la vida de resurrección, la cual no tiene nada que ver con Satanás. Nuestra vida procede de la vida de Dios; es una vida que no puede ser retenida por la muerte. Satanás no puede tocar esta vida, porque su poder sólo llega hasta la muerte. Debemos mantenernos en la resurrección y mirar triunfalmente hacia atrás por medio de la cruz. Colosenses 2 habla de triunfar en resurrección. Dicho capítulo habla de la resurrección, no de la muerte. No triunfamos sobre la muerte por medio de la resurrección, sino en la resurrección.


Al resistir al diablo los hijos de Dios deben declarar con una fe firme: “Gracias doy a Dios por haberme resucitado. Satanás, ya no puedes hacer nada. ¡No tienes poder! ¡Esta vida está muy por encima de ti! ¡Satanás, aléjate de mí!”

No podemos hacerle frente a Satanás basándonos en la esperanza. Sólo lo podemos detener en la resurrección, el terreno del Señor. Este es un principio fundamental. Colosenses 2:12 nos dice que debemos creer en “la operación de Dios, quien le levantó [a Jesús] de los muertos”.


Necesitamos mantener ante Satanás la posición que tenemos ante Dios. La Biblia nos dice que cuando nos acerquemos a Dios lo hagamos con manto de justicia (Is. 61:10; Zac. 3:4-5), el cual es Cristo. Necesitamos vestirnos de Cristo para acercarnos a Dios. De la misma manera, necesitamos vestirnos de Cristo cuando enfrentamos a Satanás. Dios no halla pecado en nosotros cuando nos vestimos de Cristo. Tampoco Satanás puede hallar nuestros pecados cuando estamos en Cristo. Cuando nos mantenemos en esa posición, Satanás no nos puede atacar, pues allí somos perfectos ante Dios y también ante Satanás. ¡Qué hecho tan glorioso!


No debemos temerle a Satanás. Si tenemos temor de él, se reirá de nosotros y dirá: “¡Qué persona tan necia! ¿Cómo puede ser tan insensata?” Todo aquel que le teme a Satanás es un tonto, porque ha olvidado su posición en Cristo. No tenemos razón para temerle. Hemos trascendido sobre su poder. Podemos mantenernos firmes en nuestra postura y decirle: “¡No puedes tocarme! ¡No importa cuán fuerte seas ni cuántos recursos tengas, te has quedado atrás!” En el día de la resurrección del Señor, llevó cautivo al enemigo y lo expuso a vergüenza pública. Hoy estamos permaneciendo en el terreno de la resurrección, y ¡triunfamos por medio de la cruz!

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor
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lunes, 5 de octubre de 2009

RESISTAN AL DIABLO VI


Escrito por: Watchman Nee


En todo el universo la autoridad está por encima del poder. No importa cuán fuerte sea el poder de Satanás, hay un hecho cierto: el Señor Jesús dio Su nombre a la iglesia. Este nombre representa Su autoridad. La iglesia puede echar fuera demonios en el nombre del Señor. Podemos invocar el nombre del Señor para combatir el poder de Satanás. Agradecemos a Dios porque el nombre del Señor es inmensurablemente mayor que el poder de Satanás. La autoridad que sustenta el nombre del Señor vence el poder de Satanás.


Los discípulos salieron en el nombre del Señor y cuando regresaron contaron que se habían sorprendido. Ellos le dijeron al Señor: “Aun los demonios se nos sujetan en Tu nombre” (Lc. 10:17). El nombre del Señor tiene autoridad. Al darnos Su nombre nos da Su autoridad. El Señor dijo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará” (v. 19). Todo aquel que desee resistir a Satanás debe reconocer la diferencia entre la autoridad del Señor y el poder de Satanás. No importa cuán grande sea el poder de Satanás, la autoridad del Señor lo vence.


Debemos creer que Dios dio Su autoridad a la iglesia, la cual, a su vez, puede echar fuera demonios y resistir al diablo en el nombre del Señor Jesús.


B. La fe en que la muerte del Señor destruyó a Satanás. En segundo lugar, debemos creer que el Señor Jesús destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (He. 2:14). La manifestación del Señor Jesús destruyó las obras del diablo, y Su muerte destruyó al diablo mismo.


La muerte del Señor constituye la mayor derrota para el diablo porque no solamente es un castigo [para él], sino también el camino de la salvación [para los creyentes]. En Génesis 2:17 Dios habló de la muerte: “Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Esta muerte es un castigo. Satanás se deleitó al oír esta palabra. Puesto que el hombre moriría si comía el fruto, Satanás lo indujo a comer dicho fruto, para que la muerte reinara en el hombre y así poder reclamar la victoria. Al mismo tiempo, la muerte del Señor constituye el gran camino de salvación. Dios dijo: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. La muerte es, entonces, un castigo. Pero el Señor ofrece otra muerte, la cual es el camino de la salvación. La muerte puede castigar a los que pecan, pero también puede salvar y librar a quienes están en pecado. Satanás pensó que la muerte sólo podía castigar al pecador. El se asió de este hecho y reinó mediante la muerte sobre el hombre. No obstante, Dios salva y libra al hombre del pecado por medio de la muerte del Señor Jesús. Este es un aspecto profundo del evangelio.


La muerte del Señor en la cruz no solamente nos libra de nuestros pecados sino también de la vieja creación. Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con el Señor. Aunque Satanás reina por medio de la muerte, cuanto más reina por la muerte, peor es su suerte, porque su reino llega a su fin con la muerte. Puesto que ya morimos, la muerte no nos puede hacer daño; ya no reina sobre nosotros.


“El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Dios dijo esto para que el hombre no comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero el hombre comió y pecó. ¿Qué se podía hacer entonces? El pecado se paga con la muerte; esto es irreversible. Sin embargo, hay un camino de salvación, el cual consiste en pasar por la muerte. Cuando el Señor Jesús fue crucificado por nosotros, la vieja creación y el viejo hombre fueron crucificados con El. Esto significa que la autoridad de Satanás sólo llega hasta la muerte. La Escritura dice: “Para destruir por medio de la muerte al que tiene el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2:14).


Damos gracias y alabamos al Señor porque ya estamos muertos. Si Satanás nos ataca, podemos decirle: “¡Ya estoy muerto!” El no tiene autoridad sobre nosotros pues estamos muertos. Su autoridad sólo llega hasta la muerte.


Nuestra crucifixión con Cristo es un hecho que Dios ya efectuó. La Biblia no dice que nuestra muerte con el Señor pertenezca al futuro; no es algo que esperemos experimentar algún día. La Biblia no nos dice que procuremos la muerte, sino que nos muestra que ya estamos muertos. Si una persona todavía procura morir, obviamente no está muerta. Pero así como Cristo murió por nosotros gratuitamente, asimismo Dios puso a nuestra disposición la muerte de Cristo. Si un hombre procura ser crucificado, aún está en la esfera de la carne. Así como creemos en la muerte del Señor por nosotros, de la misma manera necesitamos creer que morimos en El. Ambas cosas requieren un acto de fe y no tienen nada que ver con el esfuerzo humano. Cuando tratamos de llevar a cabo estos hechos, nos exponemos al ataque de Satanás. Tenemos que asirnos a los hechos ya cumplidos y declarar: “¡Te alabo Señor y te doy gracias porque ya estoy muerto!”


Debemos ver que ante Dios morimos juntamente con Cristo; es un hecho consumado. Una vez que tengamos esto en claro, Satanás no podrá hacernos nada. Satanás sólo puede hacerles daño a los que no han muerto. El sólo puede gobernar a aquellos que están luchando contra la muerte y que van apenas camino a la muerte. Pero nosotros ya no peleamos contra la muerte, pues ya morimos. Satanás no nos puede hacer nada.


Para resistir a Satanás, debemos comprender que la manifestación del Señor fue una manifestación de autoridad, y la obra de Su cruz libró a todos los que estaban bajo la mano de Satanás. Satanás ya no tiene autoridad sobre nosotros, pues estamos muertos; estamos por encima de él. La obra de Satanás sólo llega hasta la muerte, y después ya no pueda hacer más daño.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor
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