sábado, 20 de marzo de 2010

Carne vs Espíritu.

Escrito por Jorge Hevia

Debemos darle un adiós definitivo a los cultos que parecen funerales. Desde niño he asistido a esos servicios donde ser santo era sinónimo de estar serio y con cara de pan flauta. Cuando todo estaba listo, aparecía el hombre del traje negro, con el libro negro debajo del brazo para hacernos sentir pecadores por dos horas. Eso debe terminar dentro de la Iglesia. Tenemos que dar a conocer al Evangelio atractivo que nuestro Señor predicó. Cuando la gente asista a nuestros servicios, tiene que experimentar deseos de regresar por la bendición que han recibido de parte del Señor. Transmitir ese mensaje es la tarea de todos dentro del Cuerpo de Cristo. La gente tiene que ver en nuestras vidas que el Reino de Dios verdaderamente funciona. Al mundo no lo vamos a convencer con mensajes bonitos, sino por reflejar una vida de victoria. Usted tiene que ser una carta viva donde se refleje el gozo y la victoria sobre todos los problemas que se le presentan a diario. Pero dentro de las congregaciones hay gente que no logra alcanzar esto. Más que cartas vivas que reflejan la Gloria de Dios, parecen periódicos de noticias policiales que muestran todo lo negro que está sucediendo. Este tipo de actitud ha dado lugar a una generación de hijos rebeldes. Personalmente fui uno de ellos. A mí me obligaban a asistir a la Iglesia y para mi eso era un “castigo” dominical. Por el contrario, mis hijos no han tenido esa experiencia. Desde pequeños he creado en ellos el deseo de congregarse. Asisten con gozo a los servicios porque todos son una parte activa dentro de la congregación, por eso anhelan los días de reunión. Han nacido en una Iglesia sana, totalmente alejada de la enfermedad legalista y religiosa.

Una Iglesia atractiva...:

La gente está cansada de discursos vacíos, sólo quiere ver que el Evangelio que predicamos funciona en nuestras vidas. Veamos el pasaje de Juan 3: 1-15:

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

Aquí podemos ver a Jesús hablando con Nicodemo. Aparentemente el Maestro empleó un juego de palabras para responderle a este juez de la Ley. En un primer momento le dice que aquel que no naciere de nuevo no puede “ver” el Reino de Dios. Pero en el verso siguiente le dijo que si no nacía de agua y del Espíritu, no podía “entrar” en el Reino. Hay una gran diferencia entre ver el Reino de Dios y entrar en Él. Usted tiene que estar convencido que algo tiene que cambiar en su vida. Todos debemos cambiar en alguna área de nuestras vidas si queremos entrar en el Reino y no ser solamente meros espectadores. Esos cambios profundos y estructurales tienen que remover toda nuestra filosofía de vida. Jesús dijo que no tiene sentido poner un parche nuevo en un vestido viejo porque ambos terminarán rompiéndose. Lo mismo ocurrirá al tratar de echar vino nuevo en un odre viejo. El problema ocurrirá cuando queramos hacer esto. Usted sabe que el odre era una bolsa de cuero nuevo donde se almacenaba el vino. Como el cuero nuevo cede ante los gases de la fermentación no se rompía. Pero después de pasar un tiempo al sol, el cuero se seca y el odre se resquebraja. Si usted llega a echar vino nuevo en un odre viejo, el cuero se romperá y el vino se derramará. Por eso tiene que haber un avivamiento dentro de la Iglesia que remueva todas las estructuras que le impiden al Espíritu Santo moverse con total libertad. Si usted espera funcionar dentro de la visión que Dios ha determinado para la Iglesia en este tiempo, tendrá que hacer cambios profundos en su vida, en su agenda, en su estilo de vida y en la administración de su dinero. Cuando Dios llega a su vida es imposible que no ocurran cambios radicales en ella, algo tiene que cambiar.

Una cuestión de Reino...:

Cuando Jesús vino a la tierra habló de un Reino. Este sólo hecho, ya nos plantea un gran problema. Si usted pretende entrar en el plan de Dios, hay cosas en su vida que tendrá que cambiar porque ese es un plan de Reino. Por ejemplo, si usted fuera el representante de una gran multinacional y lo enviaran a China en representación de su empresa, estaría ante un gran problema. ¡Aunque sea, usted tiene que aprender a saludar en chino! Desde el mismo momento en el que usted decide viajar a la China, tendrá que introducir cambios radicales en su vida y ponerse a estudiar el idioma chino. Ese es un gran cambio, ya que no es un idioma de los más sencillos. Ahora, veamos el problema desde otra óptica. Los niñitos chinos no tendrán los problemas que usted tiene con esa lengua. Mientras usted no sabe hablar ese idioma, hay millones de niños que sí lo hacen sin ningún tipo de problemas. Ellos nacieron y crecieron en China. Pero si usted se trasladara a ese país, tendrá que hacer grandes cambios y aprender muchas cosas que desconoce, sólo por no haber nacido allí. Ese fue el problema que tenía don Nicodemo. Él sabía que Jesús era un maestro que venía de Dios. Pero Jesús le dijo que, a menos que naciera de nuevo, no podría ver el Reino de Dios. ¿Sabe usted lo que es el Nuevo Nacimiento? Es el acto que resuelve en su vida un problema de visión. Si no nace de nuevo, no podrá ser capaz de ver. Pero desde el momento en que nace, verá algo que antes no podía: “El Reino de Dios”. En este momento, debe hacerse un par de preguntas que surgirán de este pensamiento: “¿Qué es el Reino de Dios?” y “¿Lo he visto alguna vez?” Jesús le dijo a Nicodemo, quien era un principal entre los judíos, que si no nacía de nuevo no podía ver el Reino.

Una cosa es “ver”, pero otra diferente es “entrar”...:

En la Iglesia hay muchos cristianos que ven el Reino, pero que no entran en Él. Si usted no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. ¿Cómo puede hacer para entrar en un sitio al que no puede ver? Esto no tiene que ver con su sabiduría humana o con los pensamientos que elabora dentro de su cerebro. El Nuevo Nacimiento resuelve en su vida un problema de visión. Usted puede ver el Reino y eso lo capacita para entrar en Él. En los próximos años de su vida sucederán una serie de cambios. El Reino de Dios tiene un estándar. Veamos un ejemplo práctico. Si usted me invitara a ir a su casa después de haber caminado todo el día por el barro, cuando me pare en la puerta con los botines todos sucios, vería la alfombra limpia en su comedor. Si llegara en esas condiciones a su casa, al ver su alfombra limpia, me quedaría afuera. El estándar de limpieza de su casa me dejaría fuera de ella. ¿Me sigue? En cambio, si su casa está toda sucia y desordenada, con todo desparramado por ahí y llena de papeles sucios, no tendría problemas para entrar porque no arruinaría la “decoración”. Su alicaído estándar de limpieza me permite entrar sin problemas, aunque me encuentre todo lleno de barro. Cuando usted ve el Reino, sabe que hay cosas en su vida que deberá cambiar, porque el estándar de pureza del Reino de Dios lo empujará a hacer esos cambios. Un refrán dice que si usted viviera dentro de un basural, terminaría por verlo limpio como un quirófano. Es lo mismo que entrar en una habitación donde ha dormido gente toda la noche y hay mal olor. Usted puede sentirlo porque viene desde el exterior respirando aire limpio. Pero si se quedara diez minutos dentro del cuarto, ya no percibiría el olor porque su olfato se acostumbraría al lugar.



 ©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2010. Derechos Reservados.
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