martes, 13 de abril de 2010

ESCAPE DE LA MEDIOCRIDAD

Escrito por: Christopher Shaw

Los corazones han sido examinados, las obras evaluadas. En ellos se encuentran todos los datos necesarios para un análisis acertado del estado espiritual de la iglesia. El veredicto, cuando finalmente es pronunciado, ¡contiene una revelación devastadora!: «No eres frío ni caliente.

¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.» (Ap 3.15-16) Con una contundencia que no admite discusiones, la iglesia de Laodicea, que se jactaba de ser tan especial, es llamada miserable y digna de lástima, pobre, ciega y desnuda (Ap 3.17).

¡Y no era para menos! De todas las condiciones que pueden afligir al ser humano ninguna es tan triste como aquella que seduce a la persona a creer que es rica cuando en realidad vive en la pobreza más desdichada. Como pastores, con seguridad el lamentable cuadro de la iglesia de Laodicea nos ha dejado pensativos en más de una ocasión. ¿Qué pasaría si el Señor pronunciara un veredicto similar acerca de las congregaciones donde nos ha puesto como pastores? Sin embargo, tal veredicto parece poco probable cuando recordamos nuestros permanentes esfuerzos por movilizar a las personas hacia vidas de mayor entrega y pasión.

Sospecho, aun así, que nuestras fogosas denuncias contra la tibieza y la mediocridad revelan algo más que el deseo de lograr un mayor compromiso en nuestra gente. Muchas veces, lo que más nos asusta es ver las incipientes manifestaciones de la mediocridad en nuestras propias vidas. Fácilmente reconocemos los síntomas en el ministerio que llevamos a cabo: sermones preparados a las corridas, estudios improvisados para salir del paso, compromisos no cumplidos, consejos huecos que no practicamos nosotros, oraciones sin pasión y ministerios faltos de entusiasmo. Por donde miremos vemos que la tibieza está al acecho.

Nuestras denuncias producen la ilusión de estar combatiendo con fervor los efectos de la mediocridad. Pero rara vez logran frenar el avance de este mal.

La mediocridad delata la ausencia de una relación profunda con el Señor. El ángel no le recomendó a la iglesia involucrarse en más actividades, sino que abriera la puerta de su corazón y permitiera que él fuera una vez más el protagonista de eventos tan íntimos y cálidos, como el cenar juntos (Ap 3.20). Lo que necesitamos, entonces, es recuperar esa relación apasionada que produce un fuego divino en nuestro ser y permite que seamos calificados como «calientes».

Quisiera sugerir que nuestra relación con el Señor es con frecuencia tibia porque gran parte de las actividades de nuestra vida cristiana no conducen hacia una mejor relación con él. Nos mantienen ocupados en lo que aparentemente son actividades espirituales, pero no producen una profundización en nuestra relación con el Dios que servimos. La verdad es que una relación íntima con él es más el producto de lo que él hace, que de lo que nosotros hacemos. Nuestro esfuerzo solamente puede servir para responder a la obra que él está haciendo en nuestro corazón. Observemos, entonces, tres elementos que pueden colocarnos en esa posición donde el Alfarero Divino puede actuar sobre nuestros corazones.

Tres herramientas para cultivar una vida de intimidad con Dios

1. La disciplina

Entre las variadas exhortaciones que Pablo le deja a su discípulo Timoteo, encontramos esta: «Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad.» (De la versión La Biblia de las Américas 1Ti 4.7) Dos importantísimas verdades se desprenden de esta exhortación:

La primera verdad es que la vida espiritual no se mide por las muchas palabras. Tan fuerte es la tendencia de los hombres a hablar más de la cuenta, que Pablo exhorta al joven Timoteo, al menos siete veces en sus dos cartas, a que evite a toda costa «las palabrerías vacías y profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia» (1 Ti 6.20).

Esto no se debe a que Timoteo tenía una particular debilidad por las discusiones y contiendas de palabras, sino al hecho de que el cristiano en general tiende a creer que hablar de las verdades del Reino es lo mismo que practicarlas. Hemos perdido de vista, por ejemplo, que no es lo mismo hablar de la oración, que orar. Ni es la misma cosa enumerar las virtudes de la evangelización que salir a compartir la fe con otros.

Si bien nuestras palabras pueden alentar a la práctica en algunos, la verdad es que las palabras sobran entre los que son de la casa de Dios. Pero la vida espiritual pasa por otro lado. El sabio Salomón advertía hace más de 3.000 años: «Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios… no te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios.» (Ec 5.1 y 2). No está de más recordar que las palabras no solamente son poco eficaces para producir cambios, sino que también en la abundancia de ellas hay pecado.

La segunda es que la alternativa señalada por Pablo al joven Timoteo es el camino de la disciplina. El apóstol escoge la palabra griega gimnazo del cual sacamos el término gimnasia, y que también podría traducirse «ejercicio, disciplina, o entrenamiento». En lo que al cuerpo se refiere, la gimnasia consiste en una serie de ejercicios cuyo fin es asegurar un buen estado de salud. Los ejercicios no son un fin en sí; la meta es el estado que produce en nosotros.

Sin embargo, no somos personas acostumbradas a exigirle mucho ni a nuestros cuerpos, ¡ni tampoco a nuestras almas! Es que, por naturaleza, somos un tanto holgazanes. Al igual que los discípulos, el menor esfuerzo produce en nosotros fatiga y nos quedamos dormidos (Mt 26.41). Pero Pablo conocía el valor de la disciplina. Usando la misma analogía, había escrito a los Corintios: «yo golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo personal, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado» (1 Co 9.27).

En el ámbito espiritual también existen ejercicios, disciplinas que podemos usar para mantener en buen estado nuestros espíritus. Algunos de ellos incluyen prácticas como el ayuno, la oración, el estudio de la Palabra, el silencio, el servicio, la alabanza, la adoración y el servicio. El valor de estas es que nos colocan en ese lugar donde Dios puede profundizar su relación con nosotros. Pero para llegar a ese lugar, debemos acostumbrarnos a exigirle más a nuestro espíritu que cinco minutos diarios con el Señor. Quien aspire a caminar en intimidad con Dios deberá ser una persona dispuesta a practicar esas actividades que abren el camino hacia una relación más estrecha con él, y en la medida en que procuramos su rostro, él irá produciendo en nosotros la transformación tan anhelada (2 Co 3.18).

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2010. Derechos Reservados.
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domingo, 11 de abril de 2010

Carne vs Espíritu III



Escrito por: Jorge Hevia

Mucho más que un estuche de barro...:

Vamos a leer 1 Pedro 1: 23: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. El profeta Isaías dice: “Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo” (Isaías 40:6) Cuando dice “toda carne”, esto incluye a la suya. El Apóstol Pedro está diciendo que usted tiene dos partes: una es su cuerpo, que ha sido engendrado por sus padres cuando lo trajeron a existencia. Pero usted no es un cuerpo sino espíritu. Ese cuerpo es la casa temporal donde usted vive por 80 O 90 años. Algo así como su domicilio particular. Es un estuche de barro. ¿Cómo se cuida al estuche? Con buenas comidas, cremas faciales, masajes, dietas, etc. ¿Cuánto tiempo piensa vivir? ¿Hasta los 90, quizá 100 años? Pero algún día usted se va a morir. Pero gracias a Dios que usted no es su cuerpo. El Apóstol Pablo dice que estaba pronto a abandonar su cuerpo. Esa es su morada temporal. Sus padres le proveyeron una casa temporal. Cuando se mira en el espejo, esa casa de barro, ese estuche, no es usted. Su verdadero ser es espíritu y vive dentro de ese cuerpo que algún día abandonará para siempre. Su verdadero ser es el espíritu que Dios ha creado. Eso es lo que la Biblia declara que nace de nuevo. El Apóstol Pedro declara que hemos renacido.

¿Simiente corruptible?

Ese ser espiritual no proviene de simiente corruptible, en este caso se refiere al esperma y al óvulo. ¿Cómo se explica que esa simiente sea corruptible? Para comprobarlo, sólo le basta con mirar los álbumes de fotos en su casa. Cuando sus hijos vean sus fotos le preguntarán cómo era el mundo cuando usted tenía pelo. Reviviremos por unos momentos la triste nostalgia de lo que fuimos algún día. Un científico calculó el valor de los elementos que componen un cuerpo humano de 80 kilos y llegó a la conclusión que esa caja de barro vale tan sólo 5 dólares. El valor del fósforo, hierro, calcio, agua, sal y magnesio, entre otros componentes, no superan ese “presupuesto”. Otra persona separó todos los elementos que componen al cuerpo humano y llegó a la conclusión que tenemos grasa suficiente como para fabricar unos 60 jabones, pero de los más baratos. La cantidad de fósforo y calcio que hay en su cuerpo sólo puede alcanzar como para hacer las cáscaras de unas cuantas docenas huevos. ¿Sabía que su cuerpo cuesta sólo 5 dólares? Mi anillo vale mucho más que mi cuerpo. El Apóstol Pedro declara que hemos renacido de simiente incorruptible por medio de la Palabra de Dios. Jesús dice lo siguiente en el Evangelio de Juan: “los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (Juan 1:13), sino por medio de Su Palabra; por eso provienen de una simiente incorruptible. Por eso el Apóstol Pablo declara que, por un lado, el estuche o el hombre exterior se va envejeciendo, pero por el otro, el hombre interior se va renovando día a día.

El Apóstol Pablo dice que el hombre exterior se va desgastando continuamente, pero el hombre interior se renueva día a día porque ha sido engendrado por una simiente incorruptible. ¡Alégrese por eso! ¡Por fuera usted puede tener 80 años, pero por dentro 20! Está fortalecido en el Señor porque su hombre interior se va renovando de día en día.

Cuando Jesús habló con Nicodemo, el problema a tratar era que él no había nacido de nuevo. Tiene que entender que cuando usted nace del Espíritu, entra en una nueva dimensión de Reino. Leamos 1 Juan 2: 27: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”. En el pasaje de Jeremías 33 dice lo siguiente: “He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá” (Jeremías 33:14). “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”. (Jeremías 31: 33-34)

Dos elementos básicos...:

Dios tiene tres elementos básicos que constituyen Su Ser: Vida Eterna, Naturaleza Divina y Divinidad. Hay un sólo Dios. Cuando usted fue engendrado por Él, de esas tres le transmitió dos. Los hijos siempre se parecen en algo a los padres que los han engendrado. Esto es así porque han recibido los genes de ambos padres. Cuando Dios lo engendró, le transmitió Sus genes. Adán fue un ser creado. Dios lo tomó de la tierra y sopló en él aliento de vida y fue un ser viviente. Por primera vez hubo un hombre en pie en todo el universo. Pero a diferencia de Adán, usted es un ser que ha sido engendrado. Le mostraré la diferencia. Usted puede fabricar una silla, pero nunca a un hijo, a estos se los  engendra. Usted tiene algo de sus padres, así como sus hijos tienen algo de usted. Cuando Dios engendra a alguien, le transmite Sus cualidades genéticas. Le transmitió Vida Eterna. Eso lo vemos en el pasaje de Juan 3: 15: “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Cuando usted muera su cuerpo irá a una tumba porque es simiente corruptible, pero su verdadero ser, su espíritu, tiene Vida Eterna. ¿Me sigue? Cuando Dios lo engendró en el Espíritu, también le transmitió su Naturaleza Divina. Tener Vida Eterna implica que nunca morirá. Después de diez millones de años va a estar vivo en algún lugar. Ese cuerpo que carga, como es la caja transitoria, está desgastado. ¡Es un problema para su vida porque se estropea! Gracias a Dios que nos sacará de esta caja y nos dará un cuerpo cero kilómetro, glorificado. Jesús tuvo ese cuerpo después de haber resucitado. Era capaz de traspasar paredes. Es un cuerpo celestial porque ha sido engendrado por Su Papá. La palabra naturaleza viene de lo que es natural o sea de lo que proviene de la tierra.

Pero Dios nos ha dado Naturaleza Divina. ¿Qué significa esto? Hay algo sobrenatural en usted. En Biología hay un principio llamado biótico que implica que la semilla contiene todos los elementos necesarios para formar un árbol. Si usted cruza a dos perros, nacerán perros. Ese es un ejemplo del principio biótico. No saldrán patos ni liebres sino perros. Cada especie se reproduce según su género. Los caballos engendrarán caballos. Si Dios es quien engendra, nacerá algo parecido a Él. Dios es Espíritu, por lo tanto engendrará hijos según Su Espíritu. Somos una raza superior de hombres y mujeres porque tenemos una naturaleza diferente a los demás que es incorruptible. Tómese todo el tiempo que necesita para poder procesar esto. Tiene que comprender esta serie de realidades que menciono a continuación y que están declaradas en la Palabra de Dios.

Ø      Él es Dios de dioses, Rey de reyes y Señor de señores. Por eso Él es Señor de su vida. Usted es un señor, porque Jesucristo es Señor de señores.

Ø      Él no es un Rey de esclavos sino el Rey de reyes.

Ø      Él no es el Señor de los fracasados sino de señores.

Esta revelación ofende a las mentes religiosas, pero nunca podrá comprender el mensaje del Reino si no entiende estas cosas. Hasta que no reciba una revelación sobre quien es en Cristo, nunca estará en el nivel adecuado para el cual Dios lo ha creado. Por eso Jesús le dijo a Nicodemo que tenía que nacer de nuevo, tanto de agua como del Espíritu.

©Chalo Jimenez- BUSCANDO A DIOS -2009. Derechos Reservados.
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