Escrito por: Watchman Nee
Así vemos que, en forma objetiva, la Sangre trata con nuestros pecados. El Señor Jesús los ha cargado, llevándolos en la Cruz por nosotros, como Sustituto nuestro, habiendo logrado así, para nosotros, el perdón, la justificación y la reconciliación. Pero debemos avanzar un paso más en el plan de Dios para entender como procede Él con el principio del pecado en nosotros. La Sangre puede lavar mis pecados, pero no puede lavar mi “viejo hombre” Se hace necesaria la Cruz para que yo sea crucificado.
Nosotros estamos siempre dispuestos a creer que efectivamente lo que hemos hecho es muy malo, pero que nosotros mismos no lo somos tanto. Dios, por su parte, se empeña en mostrarnos que nosotros mismos somos malos, radicalmente malos. La raíz del problema es el pecador mismo; por tanto, hay que proceder con él. La sangre procede con nuestros pecados, pero la Cruz debe tratar con el pecador. La sangre procura el perdón por lo que hemos hecho; La Cruz pro...