Escrito por: Charles R. Swindoll ¿Quién, yo un siervo? ¡Usted tiene que estar bromeando! La idea de llegar a ser un siervo me parecía errónea o fatal. Ahora comprendo que la rechazaba a causa de que el concepto que yo tenía de siervo era algo que estaba entre un esclavo africano llamado Kunta Kinte, de la película Raíces, y los millares de obreros migratorios que, en el tiempo de la cosecha, llegan a trabajar en las tierras de cultivo de los Estados Unidos de América. Las dos clases representaban la ignorancia, eran objeto de maltrato, tenían una vulgar ausencia de dignidad humana, y eran el epítome de muchas de las cosas a las cuales se opone el cristianismo. Esta imagen mental me desalentaba por completo. En mi cabeza había una caricatura de una criatura que virtualmente no tenía voluntad ni propósito en la vida… encorvada, abrumada de espíritu, sin estima de sí misma, sucia, arrugada y cansada. Usted me entiende, cierta clase de muía humana que, con un suspi...