miércoles, 24 de diciembre de 2008

UN ABISMO LLAMA A OTRO ABISMO III

Escrito por: Watchman Nee

El Señor Jesús en algunas ocasiones dio Su testimonio, pero nunca habló más de lo necesario. Una cosa es dar testimonio, y otra muy distinta ser locuaz. En muchas ocasiones el Señor pedía a quienes sanaba que no lo dijeran a nadie. Esta orden se repite constantemente en el evangelio de Marcos. En una ocasión el Señor le dijo a cierta persona: “—Vete a tu casa, a los de tu familia, y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y cómo te ha tenido compasión.” Marcos 5:19.

Es apropiado hablar de las grandes cosas que el Señor ha hecho por nosotros, pero no debemos publicarlas, como si se tratara de noticias; lo único que esto hace es poner en evidencia el hecho de que no tenemos raíces. No tener raíces es no tener ningún tesoro; es no tener vida ni experiencias secretas. Es esencial que algunas de nuestras experiencias permanezcan guardadas en secreto; revelarlo todo, equivale a perderlo todo.

Recordemos además que si mostramos todos nuestros tesoros, no podremos evitar ser llevados en cautiverio. La muerte y la exhibición van juntas. Cuando testificamos, debemos ser como Pablo, el cual aunque se vio obligado a gloriarse, dijo: “aunque nada se gane con ello” 2 Corintios 12:1.

Con frecuencia el ataque de Satanás se presenta cuando el hombre se exhibe. Cualquier clase de exhibición acarrea pérdida. Muchos creyentes, cuando son sanados, testifican para la gloria de Dios, pero la mayoría de estos testimonios no glorifican a Dios, sino que exaltan la fe del que testifica. Como resultado, la enfermedad regresa. Después de que estas personas dan sus testimonios, son atacadas de nuevo por la misma enfermedad. Esto nos muestra que Dios abriga a aquellos que mantienen sus raíces ocultas, mas no a los que las exhiben; éstos quedan expuestos a ser atacados. Si Dios nos guía a testificar, debemos hacerlo, teniendo en cuenta que hay muchas cosas que debemos guardar. Dios protege lo que guardamos ante El y lo que sólo nosotros disfrutamos personalmente.

Este mismo principio se aplica a nuestra labor. Por la gracia y la misericordia de Dios, El ha realizado algunas obras por medio de nosotros, pero debemos recordar que Sus obras no son noticias, ni propaganda. Si uno divulga lo que Dios hace en uno, inmediatamente sentirá que la muerte viene sobre lo que uno ha experimentado, y se va desvaneciendo a medida que uno lo exhibe.

En 2 Samuel 24 encontramos que cuando David censó a los hijos de Israel, la muerte vino sobre ellos. Dios nos libre de exhibir lo que tenemos.

Cualquier secreto que tengamos con el Señor, debemos reservarlo. Sólo debemos actuar según las instrucciones que Dios nos da. Debemos revelar algo sólo si interiormente somos guiados a hacerlo. Si Dios quiere que compartamos alguna experiencia con un hermano, debemos hacerlo, pues de lo contrario violaríamos una ley de los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la comunión. Si reprimimos esta ley, el fluir se detendrá. Debemos tener una actitud positiva y ministrar vida a los demás. Pero si constantemente acaparamos la atención, entonces la locuacidad y la exhibición nos harán vulnerables a los ataques del enemigo.

Espero que conozcamos el Cuerpo de Cristo y el fluir de vida entre sus miembros; pero también quisiera que aprendiéramos a guardar nuestra porción secreta delante del Señor, es decir, esas experiencias que nadie conoce. No debemos sacar a la luz ninguna raíz.

A medida que ganamos profundidad y extendemos nuestras raíces, descubriremos que “un abismo llama a otro abismo”. Cuando extraemos riquezas de lo más profundo de nuestro ser, vemos que otras vidas son profundamente afectadas. En el momento que toquemos nuestro ser interior, otros creyentes recibirán ayuda y serán iluminados. Se darán cuenta de que hay algo más profundo de lo que pueden entender.

Cuando lo profundo que hay en nosotros toca lo profundo de otra persona, ella responde. Si nuestra vida no tiene profundidad, nuestra obra será superficial y el efecto que tenga en los demás también será superficial. Repitamos esto de nuevo: sólo “un abismo llama a otro abismo”.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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martes, 23 de diciembre de 2008

UN ABISMO LLAMA A OTRO ABISMO II

Escrito por: Watchman Nee

UNA VIDA SUPERFICIAL

Isaías 39 narra la ocasión cuando el rey de Babilonia recibió la noticia de que Ezequías había estado enfermo y que ya se había recuperado; envió mensajeros con cartas y presentes para él. Ezequías, quien había recibido mucha gracia de Dios, no pasó la prueba de la gracia.

La palabra de Dios dice: “Ezequías se alegró al recibir esto, y les mostró a los mensajeros todos sus tesoros: la plata, el oro, las especias, el aceite fino, todo su arsenal y todo lo que había en ellos. No hubo nada en su palacio ni en todo su reino que Ezequías no les mostrara” Isaías 39: 2.

Ezequías no pudo resistir la tentación de mostrar todo lo que poseía. Apenas fue sanado milagrosamente de su enfermedad y se sintió autosuficiente, actuó con arrogancia. Después de todo, a ninguna otra persona que fue sanada se le dio la asombrosa señal de hacer retroceder diez grados la sombra del sol Isaías 38:8.

En su gozo, Ezequías mostró todos sus tesoros, lo cual revela que no había sido quebrantado por la cruz. Su vida natural no fue eliminada y, como consecuencia, todas sus raíces quedaron al descubierto. Todo su conocimiento y todas las riquezas que acumuló, se lo mostró a los babilonios.

Debido al despliegue que hizo, Isaías le dijo: “—Oye la palabra del Señor Todopoderoso: "Sin duda vendrán días en que todo lo que hay en tu palacio, y todo lo que tus antepasados atesoraron hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia. No quedará nada —dice el Señor—” Isaías 39:5-6.

Aquello que mostremos a los demás, lo perderemos. La medida de vida que exhibamos, será la medida de vida que se nos escapará. Este es un asunto muy solemne y requiere toda nuestra atención.

Lamentablemente, muchas personas no pueden abstenerse de revelar sus experiencias, dándolas a conocer para deleitar su corazón, que fue lo que hizo Ezequías al mostrar sus tesoros. En una ocasión un hermano dijo: “Cuando algunos hermanos dieron sus testimonios acerca de la manera en que Dios los sanó, yo también quise enfermarme, aunque no de algo serio, para poder testificar en la siguiente reunión que Dios me sanó”.

El único motivo de este hermano era tener algo qué testificar. Quería tener esa experiencia únicamente para tener algo de qué hablar. Vivir de modo superficial impide que progresemos espiritualmente.

TESTIFICAR SIN EXHIBIRSE

¿Significa esto que no debemos testificar? Por supuesto que debemos hacerlo. Pablo lo hizo, y los hijos de Dios lo han hecho por generaciones.

Pero testificar es una cosa, y complacerse en exhibir nuestras experiencias es otra. ¿Cuál es nuestro verdadero motivo al testificar? ¿Es que otros sean ayudados o simplemente nos gusta ser vistos? Deleitarnos en oír nuestra propia voz y desear ayudar a otros son dos cosas totalmente diferentes. ¿Testificamos sólo porque tenemos algún problema del cual hablar? Un testimonio no es algo que contamos en la conversación de sobremesa. Cuando hablamos vanamente, perdemos riquezas espirituales.

Cuando el Señor en verdad nos lo indique, debemos testificar, procurando ayudar a los demás. Pablo testificó en 2 Corintios 12 lo que había experimentado catorce años antes. El ocultó su experiencia durante catorce años, y nadie supo nada al respecto. Aun cuando habló de ello, no lo reveló todo. El mencionó el hecho, pero no dio ningún detalle. Únicamente habló del hecho de que había tenido una revelación en la que oyó palabras inefables que no le era dado al hombre expresar, y no dijo las palabras que oyó. Hasta el día de hoy, el tercer cielo es un misterio y todavía no sabemos cómo es.

Hermanos, ¿cuáles son nuestros tesoros? ¿Cuál es el oro, la plata, las especias, los ungüentos y las cosas preciosas que tenemos? ¿Cuál es nuestro arsenal? Debemos recordar que el oro representa todo lo que es de Dios y que la plata se relaciona con la redención efectuada en la cruz; las especias son el resultado de nuestras heridas; las cosas preciosas son todo lo que se relaciona con el reino; y el arsenal es la obra del Señor, la cual recibimos de Dios y del Señor Jesús.

Esto no es doctrina, enseñanzas bíblicas ni teología; es lo que hemos adquirido en nuestra comunión con el Señor. Cuando tenemos comunión con Dios y nos comunicamos con El, adquirimos muchas cosas. No está bien hablar libremente de estos tesoros. Esto no significa que no debamos testificar, sino que muchas de estas experiencias deben permanecer escondidas. Hermanos, éste es un asunto crucial en la vida cristiana. Muchas de nuestras experiencias espirituales deben guardarse en secreto.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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lunes, 22 de diciembre de 2008

UN ABISMO LLAMA A OTRO ABISMO

Escrito por: Watchman Nee

En Salmos 42:7 dice: “Un abismo llama a otro abismo”. Solamente el llamado de un abismo puede lograr que otro abismo responda. Lo superficial no puede descender a los abismos ni penetrar jamás a las partes más hondas, ya que lo profundo sólo responde a lo profundo.

Sólo lo que procede de lo más íntimo de nuestro ser puede lograr una respuesta íntima. Cuando escuchamos un mensaje, lo único que conmueve nuestro interior es lo que proviene del interior del que habla; si no sale nada de lo profundo de su ser, la ayuda que recibimos es superficial. Debemos ver que la profundidad espiritual es crucial, pues sólo lo que brote de allí podrá tocar lo profundo del ser de otros. Si nuestro ser interior no recibe ayuda ni beneficio, nunca brotará nada de él. Si queremos ayudar espiritualmente a alguien, algo debe brotar de lo profundo de nuestro ser. Si no cavamos profundo en nuestro interior, nunca podremos llegar a nadie. A menos que nuestras palabras salgan de lo más recóndito de nuestro ser, no tocaremos lo profundo de otros. Podemos estimular sus emociones y pensamientos; podemos hacer que lloren, se alegren o se conmuevan, pero sólo “un abismo llama a otro”. Las expresiones superficiales nunca tocarán lo profundo de los demás.

En la parábola del sembrador encontramos el principio que debemos seguir cuando predicamos el evangelio o recibimos la palabra de Dios. Cuando el sembrador salió a sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, otra en pedregales y otra entre los espinos, pero otra cayó en buena tierra. Vemos aquí las cuatro maneras en que el hombre recibe la palabra. El Señor Jesús nos dice que uno de esos lugares es los pedregales. Allí se ve la tierra en la superficie, pero por debajo hay muchas piedras. La semilla que cae en esta clase de terreno, brota pronto, pero en cuanto sale el sol, se seca porque no tiene raíz.

¿Qué es la raíz? Es la parte de la planta que crece bajo la tierra. ¿Qué son las hojas? Es la parte que crece sobre la tierra. Podemos decir que la raíz es la parte escondida de la vida, mientras que las hojas son la vida manifestada. El problema de muchos cristianos es que aunque tienen mucha vida, muy poca se mantiene en secreto. En otras palabras, les falta esa vida escondida. Ustedes han sido cristianos por años, pero ¿cuánto de esa vida se mantiene en secreto y cuánto de ella es evidente? Ustedes dan mucho énfasis al trabajo. Por supuesto, las buenas acciones son importantes, pero aparte de esa expresión de su vida, ¿cuánto de esa vida se mantiene escondida? Si toda la vida espiritual de uno está expuesta, entonces uno no tiene raíces. ¿Están sus virtudes manifestadas ante los hombres, o hay algo que ellos no conocen? Si todas sus experiencias son manifiestas, esto indica que su crecimiento es externo y que carece de crecimiento interno. Si éste es el caso, usted es una persona que tiene hojas, pero no tiene raíces, así que se encuentra en la superficie.

Como creyentes necesitamos aprender lo que significa el Cuerpo de Cristo, y debemos practicar la vida del Cuerpo. Además, debemos saber que la vida que el Señor le da a cada miembro de Su Cuerpo, es individual. Por ello, usted debe guardar en secreto esa porción personal que El le dio; de no ser así, esa porción perderá su carácter específico, y no podrá ser útil para el Señor. Si usted pone al descubierto aquello que se le ha dado específicamente, se marchitará.

El mensaje que el Señor Jesús dio en el monte fue extraordinario. El dijo allí: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse” Mateo 5:14. Es algo totalmente al descubierto.

Pero en otro lado dijo: “Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto” “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto” Mateo 6:3-6.

Esto indica que, por un lado, si usted es cristiano, debe confesar su fe de forma pública; y por otro, ciertas virtudes cristianas se deben guardar de la vista pública. El creyente que exhibe todas sus virtudes y no reserva nada en lo profundo de su ser, no tiene raíces; y no podrá permanecer firme cuando lleguen las pruebas y las tentaciones.

Hace muchos años que somos hijos de Dios; quiera el Señor abrir nuestros ojos y mostrarnos hasta qué punto nuestras experiencias han estado escondidas de la vista pública. ¿Cuántas de esas experiencias quedarían si se eliminara lo que ya se ha hecho público? Que el Señor se forje en nosotros, de modo que podamos tener raíces.

Pablo dijo en su carta a los corintios: “Me veo obligado a jactarme, aunque nada se gane con ello…” 2 Corintios 12:1. El admitió que escribir lo que nos presenta en 2 Corintios 12 “no conviene”. Pero por causa de otros, se vio obligado a hablar de las visiones y revelaciones que el Señor le había dado. Hermanos, ésta debe ser nuestra actitud. Muchos de nosotros no podemos pasar la prueba al recibir visiones y revelaciones, porque tan pronto tenemos una pequeña experiencia, tocamos trompeta y todos se enteran. Si Pablo sabía que no le era de provecho mencionar sus visiones y revelaciones, ¿por qué lo hizo? Porque se vio forzado a hacerlo ya que algunos dudaban de su apostolado, y por los problemas que existían acerca del fundamento de la fe cristiana.

¿Dio Pablo a conocer todas las revelaciones que recibió? De ninguna manera. El escribió: “Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo; Dios lo sabe).” 2 Corintios 12:2. Por catorce años él no habló de esta experiencia. ¡Qué profundidad había en Pablo! Sería asombroso si nosotros ocultáramos por lo menos siete años alguna revelación dada por Dios. Sin embargo, Pablo por catorce años no divulgó su experiencia; en catorce años la iglesia de Dios no supo nada al respecto; ni siquiera los apóstoles habían oído de ello. Pablo tenía raíces muy profundas.

Algunas personas le dirían: “Pablo, háblanos de esa experiencia que tuviste hace catorce años en el tercer cielo. Nos ayudaría mucho conocer los detalles”. Pero Pablo solamente dijo: “Y sé que este hombre (no sé si en el cuerpo o aparte del cuerpo; Dios lo sabe) fue llevado al paraíso y escuchó cosas indecibles que a los humanos no se nos permite expresar.” 2 Corintios 12:3-4. Hasta hoy esta experiencia de Pablo no ha salido a la luz y sigue siendo un misterio.

Hermanos, este asunto de tener raíces es de suma importancia. Si desean que su obra sea como la de Pablo, deben tener raíces como las de Pablo; si desean tener la conducta de Pablo, necesitan tener la vida interior de Pablo; y si anhelan tener el poder que se manifestó en él, entonces necesitan tener las experiencias secretas de Pablo. El problema de los cristianos de hoy es que no pueden tener alguna experiencia espiritual o especial, sin revelarla de inmediato. Tan pronto como obtienen una pequeña experiencia, corren a contarla. Viven una vida pública; no hay nada guardado en su interior; no tienen raíces. Quiera Dios mostrarnos la experiencia de Pablo y guiarnos a tener tal profundidad.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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domingo, 21 de diciembre de 2008

EL DIOS DE ABRAHAM, DE ISAAC Y DE JACOB III

Escrito Por: Watchman Nee


SIETE


Examinemos ahora a Jacob. Muchos cristianos comprenden que Dios es el origen de todo y también ven que todo lo que tienen lo han recibido. Pero existe un problema: muchos cristianos no reciben. Sabemos que todo lo que tenemos lo hemos recibido y que si no recibimos nada, sólo nos quedará la vanidad y el vacío. Sin embargo, es posible que no estemos dispuestos a recibir y que sigamos tratando de hacer cosas por nuestra cuenta. ¿Por qué? Porque no vencemos por la ley de vida, sino que procuramos vencer por nuestra propia voluntad. Una de las razones por las cuales obramos así, es que el principio de Jacob todavía permanece en nosotros; la actividad de la carne, el poder del alma, y la vida natural todavía están presentes. Doctrinalmente, sabemos que Dios es el iniciador de todo, pero en la práctica iniciamos muchas cosas. Recordamos una doctrina por dos semanas, pero para la tercera ya la hemos olvidado; luego intentamos de nuevo iniciar algo. Nos comportamos así porque Jacob todavía está presente en nosotros. Si la doctrina de vencer y la enseñanza de la santificación sólo nos dicen que todo viene de Dios y que sólo necesitamos recibir, sin decirnos que la vida natural necesita ser eliminada, dicha doctrina y dicha enseñanza no están completas y no son prácticas. Si una enseñanza no toca la vida del alma, solamente nos alegrará por varios días, y luego todo se acabará. Necesitamos ver que Dios está a la Cabeza de todas las cosas, y que nosotros simplemente recibimos. Al mismo tiempo, necesitamos darnos cuenta de que nuestra vida natural tiene que ser confrontada; sólo entonces veremos la bondad del Hijo y Su sumisión al Padre. Solamente si aceptamos la disciplina del Espíritu Santo y estamos dispuestos a que nuestra vida natural sea quebrantada, recibiremos la promesa del Hijo y seguiremos el camino del Padre. Esto es lo que vemos en la vida de Jacob.


Jacob se caracterizaba por su astucia. El era una persona excepcionalmente suspicaz que podía engañar a cualquiera. Engañó a su hermano, a su padre y a su tío. El podía inventar cualquier cosa, hacer cualquier cosa y lograr cualquier cosa. El no era como su padre, que simplemente era un hijo, sino que fue a su tío con las manos vacías y regresó lleno de posesiones. Esto es lo que representa Jacob.


¿Qué lección aprendemos de Jacob? Abraham nos muestra al Padre, Isaac al Hijo, y Jacob al Espíritu Santo. Esto no significa que Jacob represente al Espíritu Santo, sino que sus experiencias representan la obra del Espíritu Santo. La historia de Jacob tipifica la disciplina del Espíritu Santo. En él vemos a una persona astuta llena de maquinaciones y engaños. Pero al mismo tiempo, vemos una persona a quien el Espíritu Santo quebrantó gradualmente. El tomó por el calcañar a su hermano, pero de todos modos nació el segundo; engañó a su hermano dándole un plato de lentejas por la primogenitura; aún así, fue él quien tuvo que huir de casa, no su hermano. El recibió la bendición de su padre, pero fue él quien tuvo que vagar errante, no su hermano. Cuando fue a la casa de su tío, él quería casarse con Raquel, pero Labán le dio a Lea primero, no a Raquel. Por veinte años, lo consumía el calor de día y la helada de noche (Gn. 31:40). Ciertamente tuvo una vida trajinada y difícil. Todas estas experiencias eran parte del quebrantamiento del Espíritu Santo; fueron las pruebas por las que tuvo que pasar. Aquellos que son capaces de urdir tramas y maquinaciones verán la mano de Dios sobre ellos. La vida natural tiene que brotar cuando uno es sometido a presión. La historia de Jacob es un cuadro del quebrantamiento que produce el Espíritu Santo.


Algunos hermanos son excepcionalmente sagaces, analíticos, suspicaces, calculadores e ingeniosos. Pero tenemos que recordar que nuestra conducta no se basa en la sabiduría carnal sino en la gracia de Dios (2 Co. 1:12). Jacob experimentó el quebrantamiento continuo del Espíritu Santo y, como resultado, nunca pudo salirse con la suya a pesar de su sagacidad. Aquella noche en Peniel aprendió la lección más grande; esa fue la noche más importante de su vida. El pensaba que podía salirse con la suya en su relación con los demás e incluso con Dios. Pero cuando se enfrentó cara a cara con El, Dios tocó el encaje de su muslo, y quedó cojo (Gn. 32:25). El tendón del encaje del muslo es el más fuerte de todo el cuerpo. Al tocarlo Dios, tocaba la parte más fuerte de su vida natural. ¡Desde ese día, quedó cojo! Antes de quedar cojo, él era Jacob; después de quedar cojo, surgió Israel (v. 28). De ese momento en adelante, ya no era un suplantador sino uno que era suplantado. Antes había engañado a su padre, pero después fue engañado por sus hijos (37:28-35). El astuto Jacob de antes nunca habría dejado que lo engañaran sus hijos, porque él mismo era un engañador; jamás habría confiado en otros. Cuanto más una persona engaña, tanto más desconfía, dado que juzga a los demás según su propio corazón. Pero ahora las cosas eran diferentes. El Jacob de ahora era diferente del Jacob de antes; ya no confiaba en su propia astucia. Esta es la razón por la cual sus propios hijos pudieron engañarlo. Jacob derramó muchas lágrimas y su fuerza natural fue sojuzgada y llegó a Su fin. Esta es la clase de experiencia que nos constituye el pueblo de Dios. Un día Dios lo iluminará y le mostrará cuán malvado y sagaz es usted. Cuando Dios le muestre quién es usted, no se atreverá a levantar el rostro; la luz de Dios le pondrá fin y lo conducirá a admitir que usted está acabado; tampoco se atreverá a servir a Dios, pues sabrá que no es apto para servirle. Desde ese momento, usted no volverá a confiar en sí mismo. Esta es la disciplina del Espíritu Santo.


OCHO


En conclusión, Abraham nos muestra que todo pertenece a Dios, que no podemos hacer nada por nuestra cuenta. Isaac nos muestra que todo procede de Dios; que a nosotros sólo nos corresponde recibir. Pero si sólo recibimos y no tenemos el quebrantamiento del Espíritu Santo, faltará algo. Esto es lo que nos muestra Jacob. Un día el Señor vendrá a nosotros, nos tocará y desencajará nuestro muslo; juzgará nuestra vida natural. Entonces nosotros nos volveremos humildes y le seguiremos con temor y temblor; no seremos descuidados ni haremos propuestas precipitadamente. Con cuánta facilidad hacemos propuestas y actuamos sin haber orado. Cuán fácil nos es desarrollar una confianza en nosotros mismos independiente de Dios. Dios tiene que tocar nuestra vida natural de manera drástica; El tiene que quebrantarla y mostrarnos que no podemos hacer nada por nosotros mismos. Cuando veamos esto, quedaremos cojos. Estar cojo no significa que uno no puede caminar, sino que al caminar, reconocemos nuestra debilidad e inutilidad. Este es un rasgo común de todos los que conocen a Dios. Dios no conduce una persona a este punto a menos que ella tenga la experiencia de Peniel. Todos los que todavía son ingeniosos, seguros de sí mismos y fuertes no han experimentado el quebrantamiento del Espíritu Santo.


Que Dios abra nuestros ojos para que veamos la relación que existe entre estas tres clases de experiencias. Las tres son específicas y, aún así, se relacionan en el resultado que producen. No podemos tener una sola, ni solamente dos. Necesitamos entender con claridad las tres experiencias a fin de poder avanzar en el camino de Dios.


Tomado del libro "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" Watchman Nee

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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sábado, 20 de diciembre de 2008

EL DIOS DE ABRAHAM, DE ISAAC Y DE JACOB II

Escrito Por: Watchman Nee


CINCO


El nombre original de Abraham era Abram, antes de que Dios se lo cambiara por Abraham (Gn. 17:5). La raíz de ambos nombres es Abra, que en el idioma original significa “padre”. Abraham mismo era un padre, y aprendió a conocer a Dios como el Padre. Durante toda su vida aprendió esta lección específica: Dios es el Padre.


¿Qué significa saber que Dios es el Padre? Significa reconocer que todo proviene de Dios. El Señor Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y Yo también trabajo” (Jn. 5:17). El no dijo: “Mi Dios hasta ahora trabaja”, sino: “Mi Padre”. Dios el Padre significa Dios el Creador, el único origen. El Hijo fue enviado por el Padre. “No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (v. 19). Esta debe ser nuestra experiencia. Necesitamos recibir gracia de parte de Dios para comprender que no podemos iniciar nada, y de hecho, no nos corresponde hacerlo. Génesis 1 comienza diciendo: “En el principio creó Dios...” En el principio no estábamos nosotros sino Dios. Dios es el Padre, y todo se origina en El.


El día que Dios le muestre a usted que El es el Padre, será un día bienaventurado. En ese día comprenderá que usted no puede hacer nada y que es incapaz y no tendrá que tratar de evitar hacer esto o aquello. Por el contrario, usted preguntará: “¿Ha iniciado Dios esto?” Esto fue lo que experimentó Abraham, lo cual nos muestra que nunca le cruzó por su mente que llegaría a ser el pueblo de Dios. Abraham no empezó nada; Dios lo inició todo. Fue Dios el que lo trajo del otro lado del río Eufrates (Gn. 12:1-5). Dios lo necesitaba y lo llamó. Abraham nunca concibió semejante obra. ¡Aleluya! Dios lo necesitaba y El mismo hizo la obra.


Dios es el Padre. Abraham no se ofreció voluntariamente para ir a la tierra que fluye leche y miel, Dios lo llamó primero, y sólo entonces Abraham salió de su lugar y tomó posesión de ella. El no sabía nada al respecto. Cuando fue llamado a salir de donde estaba, no sabía adónde iba (He. 11:8). Abandonó la tierra de sus padres sin saber adónde iba. Así era Abraham. El no tomaba la iniciativa, ya que Dios era el iniciador de todo. Si usted se percata de que Dios es el Padre, no estará tan confiado ni dirá que puede hacer lo que quiera. Solamente dirá: “Si es la voluntad del Señor, haré esto o aquello. Todo lo que diga el Señor, esto haré”. Esto no significa que debemos estar indecisos, sino que debemos estar conscientes de que verdaderamente no sabemos qué hacer hasta que el Padre nos revele Su voluntad.


Abraham tampoco sabía que iba a engendrar un hijo. Hasta su hijo lo tuvo que recibir de Dios, pues él no podía iniciar nada. Su hijo le fue dado por Dios. Así se describe a Abraham.


Abraham conoció a Dios como el Padre. Esta clase de conocimiento no es un concepto doctrinal. Este tipo de conocimiento lo conduce a uno a confesar: “Dios, yo no soy el origen. Tú eres el origen de todas las cosas, y también mi propio origen. Sin Ti, yo no tendría comienzo”. Si no tenemos la comprensión que Abraham tenía, no podemos ser el pueblo de Dios. La primera lección que debemos aprender es comprender que no podemos hacer nada y que todo depende de Dios. El es el Padre y el Iniciador de todo.


SEIS


¿Qué lección aprendemos de Isaac? Gálatas 4 dice que Isaac es el hijo que había sido prometido (v. 23). En Isaac también reconocemos que todo viene del Padre. La historia de Abraham, Isaac y Jacob, relatada en Génesis 11—50, nos muestra que Isaac era un hombre común y corriente. El no fue como Abraham, ni tampoco como Jacob. Abraham vino del otro lado del río grande; era un pionero. Isaac no fue así, y tampoco fue como Jacob, cuya vida estuvo llena de dificultades y quien sufrió mucho. La vida de Isaac consistió en disfrutar la herencia de su padre. Es cierto que él abrió varios pozos de agua, pero aun éstos habían sido abiertos anteriormente por su padre. “Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado” (Gn. 26:18). La lección que nos enseña Isaac es que no tenemos nada que no hayamos heredado del Padre. Pablo pregunta: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4:7). En otras palabras, todo lo que tenemos lo hemos recibido, pues viene del Padre. En esto se resume la vida de Isaac.


Muchas personas no alcanzan la posición de Abraham, porque no pueden estar en la posición de Isaac. No llegan a ser Abraham porque no llegan a ser Isaac. Es imposible tener la experiencia de Abraham sin tener la experiencia de Isaac. Asimismo, es imposible tener la experiencia de Isaac sin tener la experiencia de Abraham. Debemos ver que Dios es el Padre y que todo procede de El, y también que somos los hijos y que todo lo que tenemos viene de El. La vida del Hijo, la cual heredamos, proviene de El. Ante Dios, nosotros solamente somos personas que reciben, pues la salvación, la victoria, la justificación, la santificación, el perdón y la libertad las hemos recibido. Por consiguiente, Isaac representa el principio de recibir. Debemos decir: “¡Aleluya! ¡Aleluya! Todo lo que tenemos viene de Dios”. En la Palabra de Dios vemos que todo lo que El le prometió a Abraham lo prometió a Isaac. Dios no le dio nada adicional a Isaac; le dio a Isaac lo que le había dado a su padre. Esta es nuestra salvación y nuestra liberación.


Tomado del libro "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" Watchman Nee

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

EL DIOS DE ABRAHAM, DE ISAAC Y DE JACOB

Escrito Por: Watchman Nee


UNO


Leemos en 1 Corintios 10:11: “Todo eso les sucedió para servir de ejemplo...” La Biblia relata la historia de los israelitas como un ejemplo para que nosotros seamos edificados. A pesar de que existe una diferencia aparente entre la obra de Dios en el Antiguo Testamento y Su obra en el Nuevo, el principio es el mismo en ambos. El principio que Dios usa al actuar hoy es el mismo que usó en el pasado.


Dios escogió a los israelitas para que fueran Su pueblo, y también escogió un pueblo de entre los gentiles con el mismo propósito Hechos 15:14 La Biblia dice que nosotros somos conciudadanos y miembros de la familia de Dios Efesios 2:19 y que somos los verdaderos judíos Romanos 2:29. Por lo tanto, la historia de los israelitas es un modelo para nosotros. Examinemos la manera en que Dios se relaciona con Su pueblo, es decir, la manera en que El edifica a Su pueblo. Quisiéramos presentar en este libro lo que debemos experimentar para poder llegar a ser el pueblo de Dios. Discutiremos esto estudiando la historia de Abraham, la de Isaac y la de Jacob, pues cada uno de ellos ocupa un lugar específico en la Biblia.


DOS


La Biblia nos muestra que el pueblo de Dios tuvo dos comienzos. En primer lugar, comenzó con Abraham porque la elección y el llamamiento de Dios se iniciaron con él, y comenzó también como la nación de Israel. Dios les dijo a los israelitas que serían Su pueblo de entre todas las naciones. Ellos llegarían a ser un reino de sacerdotes y una nación santa Éxodo 19:5-6. De manera que Abraham fue un comienzo específico del pueblo de Dios, e igualmente lo fue la nación de Israel. En medio de estos dos comienzos, Dios obtuvo tres personas: Abraham, Isaac y Jacob. Primero Abraham, luego Isaac y luego Jacob, y más adelante, Israel como nación. Desde entonces, la nación de Israel se convirtió en el pueblo de Dios, y Dios tenía un pueblo que le pertenecía. Podemos, entonces, decir que Abraham, Isaac y Jacob son los cimientos de la nación de Israel. Sin Abraham, Isaac y Jacob no existiría la nación de Israel y, por ende, tampoco existiría el pueblo de Dios, pues éste es formado mediante las experiencias de Abraham, Isaac y Jacob.


TRES


Es interesante notar que Dios dijo: “Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Éxodo 3:6. El dijo esto en el Antiguo Testamento, y el Señor Jesús se refirió a esta cita en el Nuevo. El título “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” se cita en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas Mateo 22:32; Marcos 12:26; Lucas 20:37. Además, el Señor Jesús dijo que veremos a Abraham, a Isaac y a Jacob en el reino de Dios Lucas 13:28, y que “vendrán muchos del oriente y del occidente, y se reclinarán a la mesa con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” Mateo 8:11. El solamente menciona los nombres de Abraham, Isaac y Jacob. Esto muestra que Abraham, Isaac y Jacob ocupan un lugar especial en La Biblia.


CUATRO


¿Por qué Abraham, Isaac y Jacob ocupan un lugar tan especial en la Biblia? Porque Dios desea elegir hombres sobre los cuales establecer Su nombre y a los cuales constituir pueblo Suyo. Dios comenzó a reunir para Sí un pueblo con Abraham. Su comienzo espiritual fue Abraham, y Su obra en él nos muestra la experiencia por la cual el pueblo de Dios debe pasar. Todo el pueblo de Dios tiene que pasar por esta experiencia. Primero, Dios le dio a Abraham experiencias particulares, y luego por medio de él transmitió estas experiencias a todo Su pueblo. Luego hizo lo mismo con Isaac y más tarde con Jacob. Así que, la nación de Israel está fundada sobre Abraham, Isaac y Jacob. La disciplina que recibieron estos tres hombres delante de Dios y las experiencias que atravesaron culminaron en la formación del pueblo de Dios. Por tanto, la totalidad de las experiencias de Abraham, de Isaac y de Jacob son las experiencias que deben tener todos los que constituyen el pueblo de Dios. Lo que ellos lograron debe ser lo que todo el pueblo de Dios debe lograr. Si sólo tenemos la experiencia de Abraham, o si sólo tenemos la experiencia de Isaac o si sólo tenemos la experiencia de Jacob, no podemos llegar a ser el pueblo de Dios, pues una sola de éstas no basta. Necesitamos hacer nuestro lo que lograron Abraham, Isaac y Jacob para llegar a ser el pueblo de Dios.


Dios le dijo a Isaac: “«Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, que yo estoy contigo. Por amor a mi siervo Abraham, te bendeciré y multiplicaré tu descendencia.»” Génesis 26:24. A Jacob le dijo: “«Yo soy el Señor, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado.” Génesis 28:13. A los israelitas les dijo: “Y los llevaré a la tierra que bajo juramento prometí darles a Abraham, Isaac y Jacob. Yo, el Señor, les daré a ustedes posesión de ella." Éxodo 6:8. Esto nos muestra que los israelitas entraron en la herencia de Abraham, Isaac y Jacob. No tenían ninguna heredad propia, así que entraron en la herencia de estos tres hombres. Cada uno de éstos ocupa una posición específica delante de Dios. Sus diferentes experiencias espirituales tipifican tres principios espirituales diferentes. En otras palabras, todo el pueblo de Dios debe contener el elemento de Abraham, el elemento de Isaac y el elemento de Jacob. Sin estos elementos no podemos ser el pueblo de Dios. Todo verdadero israelita y todo miembro auténtico del pueblo de Dios debe decir que Abraham, Isaac y Jacob son sus progenitores. No basta con decir que Abraham es nuestro progenitor, porque Ismael y sus descendientes también pueden decir lo mismo. Tampoco es suficiente decir que Abraham e Isaac son nuestros padres, porque Esaú y sus descendientes pueden decir lo mismo. El pueblo de Dios tiene que decir que sus padres son Abraham, Isaac y Jacob. Tenemos que incluir a Jacob como nuestro padre a fin de ser aptos como pueblo de Dios. Los necesitamos a los tres a fin de poder ser justificadamente el pueblo de Dios.


Tomado del libro "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" Watchman Nee

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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jueves, 18 de diciembre de 2008

EL PROPOSITO DEL HOMBRE

Escrito por: Myles Munroe


Descubriendo el origen y propósito del hombre.


Eran las cinco en punto de la mañana y no había dormido en toda la noche. Estaba nervioso y ansioso. Era el gran día -el momento para el examen que me aterrorizaba. Fue un día memorable durante mis años en la universidad. Había estudiado toda la noche y había leído todas mis notas, libros, y revisiones con confianza. Era mi examen final de biología. El tema principal de esta clase era la anatomía humana.


Al finalizar el examen, me sentí seguro que lo había hecho bien. Tres días después me enteré que no me había equivocado cuando el profesor me llamó para felicitarme por haber recibido la nota más alta de la clase. Estaba tan orgulloso de mí mismo y sentía que había logrado algo sobresaliente. Mientras estaba allí mirando los papeles que el profesor me había entregado, repentinamente me di cuenta de algo que jamás había pensado. Durante el transcurso del curso de estudio había adquirido una buena educación respecto al conocimiento del cuerpo humano - los nombres, propósitos y funciones de todas sus partes V órganos intrincados. El pensamiento que me impresionó fue el saber que es lo que el cuerpo humano era pero no sabía por qué lo humano era. En otras palabras, conocía el producto pero un el propósito.


Este descubrimiento juvenil aun me motiva en la actualidad. Hay más de 6.000 millones de personas en el planeta tierra y sólo unas pocas saben la razón de su existencia. ¡Qué tragedia! ¿Quién es el hombre? ¿Por qué ha sido creado? ¿Por qué fue puesto en este planeta? ¿Qué debe hacer? ¿De dónde procede? ¿Qué es lo puede hacer? ¿Adonde se dirige? Estas preguntas son formuladas por el corazón de toda búsqueda humana. Todos esos hombres desean saber las respuestas a estas preguntas.


¿Somos los humanos simplemente un eslabón de alguna cadena evolutiva, tal como lo llaman los teólogos de la evolución? ¿Somos simplemente primates sofisticados en el drama de la supervivencia del más adaptable? ¿Somos simplemente un accidente anormal de alguna desgracia de explosión cósmica de la cuál hemos emergido del légamo de alguna sopa cósmica como el magnificente, razonador ser con conciencia propia a la cuál hemos evolucionado actualmente? Encuentro imposible creer que alguien pueda suponer que dicha teoría constituye la teoría correcta. Esta proposición teórica irracional, sin fundamento, sin evidencias no se funda en la verdad, y profana la verdad del origen del hombre. Diluye y disminuye su glorioso propósito.


El hombre es el acto de coronación de un Creador intencional. Existe como corregente de Dios en un mundo creado para él. Al examinar la humanidad, descubriremos la belleza y el misterio del propósito de Dios para toda la creación.


Parece que el fin de todas las cosas será descubierto al principio de todas las cosas. Por lo tanto, comenzaremos nuestro estudio considerando el plan original de Dios para Su creación. Resulta bastante obvio que, si buscamos entender la creación, primero debemos comprender al Creador, porque el propósito original de cualquier producto está sólo en la mente del creador de dicho producto. Por ende, para descubrir el propósito y la razón de la creación y existencia de humanidad, debemos intentar intervenir en la mente del Creador. Después de todo, uno conoce al producto como al fabricante.


EL ORIGEN DEL PRIMER REINO


En primer lugar, resulta esencial entender que Dios existía antes que no hubiera nada. La palabra Dios denota "ser auto existente y autosuficiente" y describe a un ser que no necesitó de nada o de nadie para existir. Por lo tanto, "Dios" no es un nombre sino una descripción de una naturaleza. Debido a quién es Dios y lo que es, Él solo califica para el título de Dios. Este Dios totalmente independiente existía antes de todas las cosas y comenzó su proceso creativo empezando en primer término por producir el mundo totalmente invisible, el que también conocemos como "supera" o mundo "sobrenatural". Este acto de creación inició el concepto de "gobernante" y de "regulación" ya que el Creador se convirtió en gobernante sobre el reino creado. Otra de las palabras que se utilizaba para el gobernante es "rey". Dios denominó a este reino o dominio invisible como "paraíso" y de este modo, El se convirtió en Rey de todo el dominio, el paraíso.


Este fue el principio de la creación del primer reino denominado "el Reino invisible de Dios". También ha constituido la introducción al concepto de "reino". Este concepto de "reino" es crítico, esencial, necesario, requerido, e imperativo a los fines de comprender, apreciar y comprender el propósito, intento, y objetivos de Dios y de la relación de la humanidad con Él y con la creación.


LA MOTIVACIÓN DIVINA PARA LA CREACIÓN


No es irracional preguntar la razón por la cuál Dios, el Rey del paraíso, desearía crear hijos a Su imagen y un universo visible. ¿No estaba satisfecho y complacido con un reino invisible de ángeles y poderes para gobernar? Creo que la respuesta a estas preguntas yace en comprender la misma naturaleza de Dios Mismo. Hay mucho acerca de este Ser tan asombroso, autosuficiente que no podemos conocer y tal vez nunca lo sabremos, pero Él ha revelado lo suficiente acerca de Sí Mismo a la humanidad para permitirnos ver algo de la magnificencia de Su naturaleza y carácter.


Una de esas características es que "Dios es amor" 1 Juan 4:8,16. Por favor observa que Él no dice que "tiene" amor sino que Él "es" amor. Esta es una diferencia importante cuando nos disponemos a entender Su motivación, porque si Dios es amor, luego Sus acciones constituirían natural o sobrenaturalmente la manifestación de la naturaleza de su amor. Una de las cualidades más obvias del amor es que el amor tiene que dar y compartirse. Si es así, la misma naturaleza de Dios radicaría en desear compartir Su liderazgo. En esencia, el amor es pleno cuando se da y se comparte.


Es esta naturaleza inherente del amor que ha motivado al Rey del paraíso a crear niños espirituales (denominados humanidad) para compartir el liderazgo de Su Reino. En otras palabras, el hombre fue creado con el propósito de gobernar y liderar. Esta es la razón por la cuál en el mensaje de Jesús, cuando describió la edad del Reino de Dios y su suministro para el hombre, Su manifestación expuso que el Reino pertenecía al hombre antes que la tierra fuera creada.


"»Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: "Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo." Mateo 25:34.


Fue la idea de Dios el compartir Su Reino invisible con Sus hijos, a los que denominó humanidad, y el darle a ellos Su naturaleza y características.

Tomado del libro "Redescubriendo El Reino" Myles Munroe
© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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lunes, 15 de diciembre de 2008

HUIR DE LA REALIDAD

Escrito por: John Bevere


Muchas veces me preguntan: "¿Cuándo debería yo dejar una iglesia o un ministerio? ¿Cuan mal deben llegar a estar las cosas?" Entonces respondo con otra pregunta: "¿Quién le envió a esa iglesia a la que está asistiendo?"


La mayoría de las veces me contestan: "Dios". "Si Dios le envió allí," explico, "no se vaya hasta que Dios le dé la libertad de hacerlo. Si el Señor guarda silencio, la mayoría de las veces es que está diciendo: 'No cambies nada. No te vayas. ¡Quédate donde yo te he puesto!'"


Cuando Dios nos diga que nos vayamos, nos iremos en paz, sin importar en qué situación esté el ministerio. “Ustedes saldrán con alegría y serán guiados en paz” Isaías 55:12


Por lo tanto, la partida no será motivada por las acciones o el comportamiento de otras personas, sino por la guía del Espíritu Santo. El hecho de dejar un ministerio no depende de cuan mal andan las cosas. Salir de una iglesia con un espíritu crítico u ofendido no es el plan de Dios. Es reaccionar, en lugar de actuar siguiendo su guía. Romanos 8:14 dice: "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios" Observemos que no dice: "Porque todos los que reaccionan ante las situaciones difíciles, éstos son hijos de Dios".


Casi toda vez que la palabra "hijo" se utiliza en el Nuevo Testamento, proviene de dos palabras griegas: teknon y huios. Una buena definición de la palabra teknon es "quien es hijo por el mero hecho del nacimiento".


Cuando nació mi primer hijo, Addison, él era hijo de John Bevere sólo por el hecho de que provenía de mi esposa y de mí. Cuando estaba en la sala, en medio de todos los otros recién nacidos, no era posible distinguirlo como hijo mío por su personalidad. Cuando nuestros familiares y amigos vinieron a visitarlo, no hubieran podido reconocerlo excepto por el cartel que llevaba su nombre, colocado sobre su cuna. El no poseía nada que lo distinguiera. Addison sería considerado un teknon de John y Lisa Bevere.


Encontramos la palabra teknon en Romanos 8:15, 16. Dice que dado que hemos recibido el espíritu de adopción: "El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos [teknon] de Dios" Cuando alguien recibe a Jesucristo como su Señor, es hijo de Dios por esa experiencia del nuevo nacimiento Juan 1:12.


La otra palabra griega que se traduce como "hijos" en el Nuevo Testamento es huios. Muchas veces se la utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a "quien puede ser identificado como hijo dado que muestra el carácter o las características de sus padres".


A medida que mi hijo Addison crecía, comenzó a parecerse a su padre en su apariencia física y su manera de actuar. Cuando él tenía seis años, Lisa y yo debimos hacer un viaje y lo dejamos con mis padres. Mi madre le dijo a mi esposa que Addison era casi una copia carbónica de su padre. Su personalidad era como la mía cuando yo tenía su edad. A medida que fue creciendo, fue pareciéndose más y más a su padre. Ahora puede ser reconocido como hijo de John Bevere, no solamente por el hecho de su nacimiento, sino por las características y la personalidad que reflejan las de su padre.


Resumiendo, entonces, la palabra griega teknon significa "bebés, hijos inmaduros", y la palabra huios se utiliza generalmente para referirse a hijos maduros.


Si observamos una vez más Romanos 8:14, dice: "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos [huios] de Dios". Vemos claramente que son los hijos maduros los que son guiados por el Espíritu Santo. Es menos probable que los cristianos inmaduros sigan la guía del Espíritu de Dios. La mayoría de las veces responden o reaccionan emocionalmente o intelectualmente a las circunstancias que enfrentan. Aún no han aprendido a actuar solamente según la guía del Espíritu de Dios.


A medida que Addison vaya creciendo, progresará en el desarrollo de su carácter. Cuanto más maduro se vuelva, más responsabilidad le confiaré. No sería bueno que permanezca en la inmadurez. No es voluntad de Dios que siempre seamos bebés.


Una forma en la que ha crecido el carácter de Addison es por medio de las circunstancias difíciles que ha debido enfrentar. Cuando comenzó a asistir a la escuela se encontró con algunos "bravucones". Escuché algunas cosas que estos chicos malos estaban diciéndole y haciéndole a mi hijo, y me dieron ganas de ir y solucionar todo el asunto de una buena vez. Pero sabía que eso no era correcto. Mi intervención sería un obstáculo para el crecimiento de mi hijo.


Así que mi esposa y yo continuamos aconsejándolo en casa, preparándolo para la persecución en la escuela. Addison creció en su carácter obedeciendo a nuestros consejos en medio de su sufrimiento. Esto es similar a lo que Dios hace con nosotros. La Biblia dice que "Aunque era Hijo [Huios], mediante el sufrimiento aprendió a obedecer" Hebreos 5:8.


El crecimiento físico se produce en función del tiempo. Ningún niño de dos años puede medir 1,80 m. El crecimiento intelectual se da en función del aprendizaje. El crecimiento espiritual no se produce en función del tiempo ni del aprendizaje, sino de la obediencia. Ahora veamos lo que dice Pedro: “Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado” 1 Pedro 4:1


Un hijo que obedece perfectamente a Dios es quien ha dejado de pecar. Es maduro. Elige los caminos de Dios, no los suyos propios. Así como Jesús aprendió obediencia por medio de lo que padeció, nosotros aprendemos obediencia por medio de las circunstancias difíciles que enfrentamos. Cuando obedecemos a la Palabra de Dios hablada por el Espíritu Santo, crecemos y maduramos en los tiempos de conflicto y sufrimiento. La clave no es nuestro conocimiento de las Escrituras. La obediencia es la clave.


Ahora comprendemos una razón por la que en las iglesias hay personas que son cristianas desde hace veinte años, que pueden citar versículos y capítulos de la Biblia, han oído mil sermones, y leído muchos libros, pero aún siguen usando "pañales espirituales". Cada vez que se enfrentan con una situación difícil, en lugar de responder siguiendo la guía del Espíritu de Dios, buscan protegerse a su manera. Son personas que "Ellas siempre están aprendiendo, pero nunca logran conocer la verdad" 2 Timoteo 3:7. Nunca llegan al conocimiento de la verdad porque nunca la aplican.


Si deseamos crecer y madurar, debemos permitir que la verdad se abra paso en nuestras vidas. No es suficiente con dar nuestro consentimiento mental, sin obedecerla. Aunque continuemos aprendiendo, nunca maduramos porque desobedecemos.


Tomado del libro "La Trampa de Satanás" John Bevere

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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