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LA FE VERDADERA

Escrito por: Rick Joyner

La fe verdadera no es una receta que se pueda aprender de manera mecánica. No es tampoco un sentimiento ni una evaluación intelectual ni un acuerdo con determinados principios. La verdadera Fe sólo puede venir mediante la visión espiritual. El apóstol explicaba que los "ojos del entendimiento" se deben abrir y alumbrar” Efesios 1:18, pues "...con el corazón se cree..." Romanos 10:10. La fe verdadera es simplemente el reconocimiento del Único en quien creemos. La fe verdadera es conocer a Jesús; es la capacidad de verlo en el poder de su resurrección, como Abraham lo pudo ver, incluso antes de que Él viniera a esta tierra. La fe no es creer solamente en la palabra del Señor, sino creer en La Palabra misma. La fe verdadera que tiene la capacidad de ver la eternidad, nos libera de los grillos de los cuidados y preocupaciones de este mundo, unos y otras son pasajeros por excelencia.


Hay principios espirituales que obran en el plano espiritual, así como hay leyes naturales que trabajan en el ámbito natural. Estos principios espirituales trabajarán para todo el que los use. De hecho, el poder de Satanás depende por completo de los principios ordenados por Dios. En efecto, Dios los creó, como satanás no tiene capacidad de crear, simplemente los mezcla y los tuerce para sus propios propósitos. Es posible tener este tipo de "fe" en los principios y hacer cosas maravillosas, aunque se esté por completo apartado de Dios. Gracias a esta "fe" muchos explotadores comerciales, tanto "sanadores de fe" como "espiritistas," llevan a cabo sus maravillas mentirosas. Inclusive, hay cristianos sinceros que han ido de la fe verdadera, a la fe que se reduce a principios y leyes que se aprenden...y pueden obrar.


Pero, la diferencia entre la fe verdadera y la falsificación se discierne con facilidad por el fruto. La fe verdadera está en Dios; la otra no es distinta de la propia fe terrenal, o de la fe en principios y leyes. La verdadera fe viene de ver a Dios, y su fruto será amor y humildad. El fruto de la fe falsa siempre será orgullo. Esto alimenta la concupiscencia del hombre y no su espíritu. Muchas de las doctrinas que hoy se llaman "fe", son el resultado de una usurpación peligrosa de quienes aún tienen una mente terrenal. En estos casos la fuerza de la enseñanza hará un gran énfasis en logros y bendiciones terrenales: "Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu" Romanos 8:5. Además, Pablo hizo una aguda advertencia a Timoteo que podemos tomar para nosotros, sobre lo mismo que aun hoy hace naufragar las vidas espirituales de muchos creyentes:


“Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores. Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de todo eso, y esmérate en seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia y la humildad. Pelea la buena batalla de la fe; haz tuya la vida eterna, a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos." 1 Timoteo 6:6-12.


Ser ricos o pobres en las cosas del mundo nada tiene que ver con nuestra espiritualidad o con nuestro grado de fe. Algunos piensan que es más espiritual ser pobres y se pueden consumir neciamente, sin que esa sea la voluntad de Dios para ellos. Otros, quizás más necios se dedican a las riquezas materiales. La fe verdadera se demuestra por tener paz en cualquier condición donde el Señor nos haya permitido estar, como afirmó Pablo: "No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre.12 Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez" Filipenses 4:11-12


¿Le faltaba fe a Pablo cuando tuvo hambre o cuando padeció necesidades? Según su testimonio en todas sus situaciones, su contentamiento estaba en la fe. Pero, así como aprendemos a estar contentos en momentos de necesidad, debemos aprender a vivir en la prosperidad a fin de mantener la cabeza a nivel. Si no podemos ser responsables de las riquezas terrenales, seguramente no vamos a ser capaces de manejar las celestiales. Pero, si como Pablo, hemos percibido las riquezas del Espíritu en Cristo, todas las riquezas del mundo no nos podrán atraer. Este tipo de fe no se puede inventar, fingir o conjurar con una repetición supersticiosa de determinados versículos. Sólo puede venir de "ver al Invisible," como hizo Moisés cuando dio la espalda a los tesoros de los egipcios para seguir a Dios.


Las promesas de Dios no se dan para que podamos hacer y tener, sino para que podamos ser (encontrados en Él). Esto explica por qué las promesas de Dios no se nos hacen a nosotros como a individuos, sino a Jesús, según dice la Escritura: "Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios." 2 Corintios 1:20. Y más adelante leemos:


"Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como refiriéndose a muchos, sino: «y a tu descendencia», dando a entender uno solo, que es Cristo." Gálatas 3:16. Y luego hay otra luz adicional en las palabras de Pablo: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz” Efesios 1:17-19


Cuando Satanás tentó a Jesús en el desierto, procuró atraerlo a la trampa de hacer que reclamara las promesas de Dios por razones egoístas. Todavía usa la misma tentación para que el pueblo de Dios tropiece. Las promesas de Dios son gloriosas más allá de toda comprensión; sin embargo, ninguna de esas promesas se debe tomar independientemente de Jesús. El Señor mismo es nuestra herencia. Las promesas se dieron "en El" como todo se dio para su gloria y sus propósitos. Se hicieron en Él, de modo que toda nuestra atención debe estar en El—no en nosotros. Los grandes milagros no se hacen por creer quiénes somos en Cristo, sino solamente por creer que quien es Él está en nosotros. "Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre.


Tomado del libro “HUBO DOS ÁRBOLES EN EL HUERTO” Rick Joyner.


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.
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