viernes, 13 de febrero de 2009

ESPIRITUALIDAD SIN DIOS

Escrito por: Neil Anderson


Desde hace más de cuatro décadas, la gente del mundo cristiano Occidental viene creyendo que hay más en la vida de lo que la ciencia puede explicar y de lo que se puede percibir a través de los cinco sentidos. A primera vista, esto puede sonar alentador, para nosotros con una visión cristiana del mundo. Pero en realidad, hay mucha gente cristiana que está desilusionada del mundo materialista y de la religión también. En lugar de volverse a Cristo y a su iglesia, llenan su espiritualidad vacía con ocultismo pasado de moda, vestido de parapsicología moderna, medicina holística, misticismo oriental y numerosos cultos bajo la marca del movimiento de la Nueva Era.


Que la gente trate de satisfacer sus necesidades espirituales sin tomar en cuenta a Dios no es nada nuevo. Durante su ministerio en la tierra, Cristo se encontró con una forma secular del Judaísmo, que estaba más ligado a las tradiciones que al Dios de Abraham, Isaac y Jacob.


Los líderes religiosos de la época no reconocieron al Mesías como un mensajero espiritual. Creyeron que su opresor era Roma, no Satanás. Pero Jesús contaba con ambas visiones cuando, «...aquel Verbo fue hecho carne...» (Juan 1:14), porque Él apareció «…para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8) y no de César.


Ahora, que el centro de la visión del mundo secular es uno mismo como persona, ¿qué puedo obtener de esto? ¿Quien llenará mis necesidades? Yo me basto solo. Incluso, los cristianos, son motivados por la propia ambición y el orgullo.


El apóstol Pedro nos presenta la lucha entre uno mismo y Cristo como centro de la vida. Después de confesar la gran verdad, afirmando que Jesucristo es el Mesías, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:13,16), Pedro se ve ligado al poder de las tinieblas, Habiendo acabado de bendecir a Pedro por confesar esta verdad, Jesús les anuncia, tanto a él como a sus otros discípulos, que la muerte lo aguardaba en Jerusalén.


«Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca» (versículo 22). «Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres» (versículo 23).


La manera en que Jesús responde a Pedro, parece ser muy severa. Lo que pasa es que Jesús reconoce a Satanás en las palabras de Pedro, su consejo era satánico, puesto que el principal objetivo de Satanás es el interés en uno mismo y solo tiene como meta final al hombre.


Satanás es conocido como el príncipe de este mundo, y la fuerza que rige al mundo es el interés personal. También se le llama el acusador de hermanos, porque cree que el servicio propio es mucho más importante que cualquier Hijo de Dios.


Casi podemos oírlo decir: «A toda costa sálvate a ti mismo». Satanás trabaja para modificar la causa de Cristo a tu propia conveniencia e interés, Todos los hombres son egoístas y tienen su precio, algunos resisten más tiempo que otros, pero finalmente todos optan por su propio beneficio en vez de optar por Dios.


Este es el credo de Satanás y desdichadamente muchas personas escuchan sus demandas, sujetando sus vidas a ellas. Satanás los insta a servirse a sí mismos, pero en realidad este es el servicio al mundo, a la carne y al diablo.


No obstante, el objetivo del mundo cristiano tiene una perspectiva muy diferente, Jesús toma nuestro sentido de autosuficiencia y lo lleva a otro plano, el de la cruz. Solo cuando vivimos enfocados hacia Dios podemos escapar de la esclavitud del que tiene como único interés «…hurtar y matar y destruir; »( Juan 10:10).


Desde la perspectiva de la cruz


Adán fue el primer mortal con la noción de que podía ser «como Dios» (Génesis 3:5). Esto es exactamente lo que Satanás fomenta. Muchos, además de Adán, fueron seducidos por Satanás acreer que ellos son sus propios dioses. Actualmente, el movimiento de la Nueva Era está divulgando esta mentira con un alcance internacional.


La Biblia establece claramente que el único Creador es el verdadero Dios. Por lo tanto, no existen dioses antes de Adán y al igual que él, todos hemos sido creados como seres que no pueden existir sin Dios.


La existencia de Adán comenzó cuando Dios sopló aliento de vida en él. A partir de ese momento, estuvo vivo física y espiritualmente, pero no era dios.


Dios le advirtió que si comía del árbol del conocimiento, del bien y del mal, moriría. Pero Satanás lo engañó diciendo que Dios no sabía de lo que hablaba y que si comía del fruto de ese árbol prohibido, sus ojos se abrirían. Entonces, Adán comió, por lo tanto, murió espiritualmente. Su pecado lo separó de Dios y fue expulsado del Jardín del Edén. Desde ese momento, todos nacemos físicamente vivos, pero muertos en espíritu (Efesios 2:1).


Al ser separados de Dios, los seres humanos buscaron hacer las cosas por sí mismos y determinaron propósitos de orden natural para sus vidas.


Llegaron a ser sus propios y pequeños dioses que rigieron sus vidas por el orgullo, la propia gloria y la falta de Dios, quien los había creado.


Dijeron; «Somos los capitanes de nuestras almas y los gobernadores de nuestro destino». La idea diabólica de que somos nuestro propio dios es lo que da vida a la humanidad caída y es el eslabón fundamental en la cadena de esclavitud espiritual del reino de las tinieblas.


El problema de tratar de ser dioses es que no fuimos diseñados para tal efecto. Carecemos de los atributos necesarios para dirigir nuestro destino. Incluso, Adán en el Jardín del Edén, sin pecado y espiritualmente vivo, no estaba dotado para esto y mucho menos sus descendientes, quienes viven físicamente en el mundo, pero espiritualmente están muertos.


En oposición a lo que establece la Nueva Era, nosotros nunca hemos podido, ni jamás podremos, ser Dios, ni siquiera, un dios. Existe un único creador infinito, todo lo demás es creación finita.

Tomado del libro “Rompiendo Las Cadenas” Neil Anderson

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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