jueves, 12 de febrero de 2009

LIBERAR A LOS CAUTIVOS

Escrito por: Neil Anderson


Debido a que lo único que se conoce sobre el ministerio de hacer libres a los cautivos es lo desarrollado por Jesús y los apóstoles, no existe suficiente instrucción acerca del tema en las epístolas. En mi conocimiento no hay una sola manera específica de cómo sacar los demonios fuera de alguien. Por lo tanto, les daré una opinión que puede aclarar el tema; y voy a sugerir un método para enfrentar las influencias demoníacas en nuestras vidas y atender a los que están en esclavitud.


Antes de la cruz, los agentes divinos habilitados «como Jesús y sus apóstoles», necesitaban tener autoridad sobre los poderes demoníacos del mundo. Observemos las primeras palabras de Jesús cuando encomendó a los 12 discípulos, ir a una misión de capacitación:


«Habiendo reunido a sus 12 discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades» (Lucas 9:1).


En ese tiempo, Satanás no era un enemigo vencido y los creyentes no estaban sentados con Cristo en los lugares celestiales. Pero lo ocurrido en la cruz y la resurrección, fue el hecho radical que cambió la naturaleza de los conflictos espirituales para siempre.


En primer lugar, la muerte y resurrección de Jesús fue el triunfo que despojó los principados y poderes del reino de las tinieblas (Colosenses 2:15).


«Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mateo 28:18).


Gracias a la cruz, Satanás es un enemigo vencido y ya no tiene poder sobre los que viven con Cristo y se sientan en los lugares celestiales con Él (Efesios 2:5,6).


Sostener la verdad de la victoria de Cristo y la derrota de Satanás, es el primer paso para el éxito contra las amenazas del enemigo.


En segundo lugar, desde que vivimos con Cristo y nos sentamos junto a él en los lugares celestiales, no necesitamos agentes externos de poder para nosotros. Porque ahora, vivimos en Cristo quien tiene todo el poder. Para oponernos al demonio, primero necesitamos entender nuestra identidad, posición y poder en Cristo.


La libertad en Él, es nuestra herencia como cristianos, por eso Pablo dice: Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero (Efesios 1:18,21).


Los cristianos no necesitamos derrotar al demonio, tan solo tenemos que creer la verdad de que Cristo ya terminó con esa tarea. Cuando leemos las epístolas, Pablo nos transmite la buena noticia en su oración y es obvio que Jesús nos liberó de Satanás y del pecado. Dios ya ha hecho todo lo que necesitábamos para que tengamos una vida victoriosa en Cristo. Ahora, debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad y es deber de cada uno como creyente, arrepentirnos y creer la verdad que nos hará libres. Nadie más podrá hacer esto por nosotros, puesto que yo no podría usar la Armadura de Cristo por ti, creer por ti, arrepentirme por ti, perdonar a los demás por ti ni llevar cada pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo por ti. Lo que sí puedo hacer es acompañarte en el camino para llevar a cabo todo esto.


Encontrar nuestra propia libertad en Cristo y ayudar a los demás a hacer lo mismo, es el tema principal de la tercera parte de este libro.


La mujer que se llamó así misma «una oveja perdida», al final ganó algo de libertad. Estaba sentada en la iglesia un domingo, cuatro años después que escribiera esa desesperada oración, cuando sintió una respuesta de Dios para su angustia:


Mi amada oveja perdida:


Preguntaste dónde me encontraba. Hija mía, estoy junto a ti y siempre lo estaré. Eres débil, pero conmigo serás fuerte. Te amo tanto que no podría dejarte morir y me encuentro tan cerca de ti que puedo sentir todo lo que sientes.


Sé por lo que estás pasando y es por eso que yo te acompañaré. Ya te liberé, ahora es tu tarea estar firme. No necesitas una muerte física para que mis enemigos se vayan, solo necesitas ser crucificada conmigo para que yo viva en ti y tú vivas en mí. Te guiaré en el camino de la rectitud. Hija mía, yo te amo y nunca te abandonaré, porque tú eres realmente mía.


Con amor,


Dios.

Tomado del libro “Rompiendo Las Cadenas” Neil Anderson

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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