lunes, 26 de enero de 2009

LA CASA DE DIOS

Escrito por: Watchman Nee


Betel (la casa de Dios): el Cuerpo de Cristo


“De allí se dirigió a la región montañosa que está al este de Betel, donde armó su campamento, teniendo a Betel al oeste y Hai al este. También en ese lugar erigió un altar al Señor e invocó su nombre.” Génesis 12:8.


Dios no condujo a Abraham sólo a Siquem, sino que lo llevó hasta Betel, nombre que en el idioma original significa “la casa de Dios”. Dios no busca centenares ni millares de hombres fuertes desconectados entre sí, personas como Sansón, ni tampoco pretende amontonar piedras en un montón desordenado. El desea edificar un templo, Su casa. Una de las características de Canaán es que el pueblo de Dios que allí mora llega a ser Su templo y Su casa. Hebreos 3:6 nos dice que el encargado de esta casa no era Moisés, sino el Hijo de Dios.


Dios quiere producir un vaso con el cual cumplir Su propósito. Tal vaso debe ser Su casa. Unos cuantos predicadores dotados que prediquen el evangelio o que promuevan avivamientos no pueden cumplir dicho propósito. No es suficiente tener a Siquem (el poder). También se necesita a Betel. Todos los que están llenos de poder necesitan llegar a ser la casa de Dios y el Cuerpo de Cristo a fin de poder ser útiles. Dios tiene que liberarnos de toda forma de individualismo. El nos salvó no simplemente para que seamos cristianos verdaderos, sino para que seamos la casa de Dios y para que formemos un solo Cuerpo junto con todos Sus hijos. Así que, no debemos tener nuestra “libertad” personal.


Es una lástima que muchos cristianos amen su libertad personal y se esfuercen tanto por preservarla. Hermanos y hermanas, si en verdad comprendemos lo que es el testimonio de la casa de Dios, y si sabemos que el vaso de Dios es una casa y no piedras individuales esparcidas, aprenderemos a someternos unos a otros, a rechazar cualquier actividad individual y a seguir el mismo camino que todos los hijos de Dios.


La casa de Dios no es solamente un principio, sino también una vida. El problema es que muchos cristianos consideran el Cuerpo de Cristo como un simple principio teórico y no han percibido la vida del mismo. ¿De qué nos sirve tratar de obrar según un principio si no tenemos la vida que nos capacita para hacerlo? Pensamos que debemos cooperar unos con otros en todo, y con frecuencia acordamos cooperar de mala gana, pero nuestro corazón no lo desea. ¿De qué sirve hacer esto? Debemos recordar que el Cuerpo es una vida y no un simple principio. Si no sabemos que el Cuerpo es una vida, y si sólo actuamos en conformidad con un principio, estamos imitando un método.


Muchos cristianos nunca han sido tocados por el Señor. Han oído que no deben actuar independientemente y que deben cooperar con los demás, y tratan de ponerlo en práctica. Pero no se dan cuenta de que esto no es algo que se pueda aprender intelectualmente. Así como nuestra relación con Cristo no la adquirimos por aprendizaje, del mismo modo, nuestra relación con el Cuerpo de Cristo tampoco es algo que se nos pueda enseñar.


¿Cómo podemos conocer la vida del Cuerpo? La condición básica para conocer la vida del Cuerpo es que nuestra tienda sea plantada en medio de Betel y Hai; al occidente debemos tener a Betel, y al oriente debe estar Hai, pues es equidistante de Betel y de Hai. En el idioma original, Hai significa “un montón”. Betel es la casa de Dios, mientras que Hai es un montón desolado. El montón desolado representa y simboliza la vieja creación. Si hemos de volver nuestro rostro hacia la casa de Dios, tenemos que darle la espalda al montón desolado. Es decir, a menos que un cristiano sea quebrantado en su vida carnal, no tiene posibilidad de conocer el Cuerpo de Cristo. Solamente cuando tenemos Hai al oriente podemos tener Betel al occidente. Si no tenemos Hai al oriente, no tendremos Betel a nuestro lado occidental.


Una persona experimenta el Cuerpo de Cristo por primera vez y disfruta y vive la vida del Cuerpo cuando su vida carnal es quebrantada. Si queremos descubrir lo que es la casa de Dios, tenemos que rechazar el montón desolado. Solamente cuando Dios haya quebrantado nuestra vida natural y cuando hayamos sido subyugados hasta comprender que la vida natural debe ser juzgada y no alabada, estaremos unidos espontáneamente a los demás hermanos y hermanas. Sólo entonces podremos expresar la vida del Cuerpo de Cristo en nuestra vida. Lo único que nos impide unirnos a los demás hermanos y hermanas es la vida de la vieja creación, la cual tiene mucha fuerza en nosotros. Una vez que se le ponga fin a la vieja creación en nuestro interior, espontáneamente expresaremos la vida del Cuerpo de Cristo en nuestra vida y veremos que somos parte del Cuerpo de Cristo. Por consiguiente, la vida de la vieja creación tiene que ser quebrantada y rechazada por completo. No importa lo que haya en el montón, de todos modos es un montón desolado y no la casa de Dios.


Para los cristianos que no han pasado por el juicio de la vieja creación, ésta les produce jactancia. Todavía piensan que lo que poseen en ellos mismos es bueno. Aunque admiten con su boca que son débiles y corruptos, en realidad no han sido juzgados. No se dan cuenta de lo que es la corrupción, pues la consideran agradable. Tienen por noble aquello que en su interior no se lleva bien con otros. Cuando nos encontramos en esta condición, es cuando más necesitamos la misericordia de Dios.


Un día Dios nos llevará al punto donde nos demos cuenta cuán inútiles somos. Perderemos la confianza en nosotros mismos. Sólo entonces seremos introducidos en la casa de Dios espontáneamente. Es imposible experimentar la vida del Cuerpo si nuestra carne no ha sido quebrantada. Necesitamos pedirle al Señor que nos muestre que el Cuerpo de Cristo no es simplemente un principio, sino una vida.

Tomado del libro "El Dios de Abraham de Isaac y Jacob" Watchman Nee

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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viernes, 23 de enero de 2009

DOS CLASES DE LÍDERES

Escrito por: Rick Joyner

Hay dos clases de líderes: los que utilizan al pueblo para satisfacer sus intereses personales y los que se sacrifican por los intereses del pueblo. Los primeros representan la naturaleza de la autoridad mundana, los segundos el carácter de la autoridad divina. El Faraón permitió la destrucción de su pueblo mientras se esforzaba por conservar su poder sobre los judíos. En Moisés tenemos un notorio contraste con la autoridad egocéntrica de Faraón, y un maravilloso ejemplo de la autoridad del Reino: aunque Israel lo resistía y lo rechazaba continuamente, Moisés amó tanto a su pueblo y de tal manera llegó a identificarse con la gente que sin vacilar, ofreció hasta su propia vida para aplacar la ira de Dios (Éxodo 32:31-32). Así es la naturaleza de todos los que ejercen verdaderamente la autoridad en el Espíritu de Jesús:


“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra” Filipenses 2:5-10 (NVI)


Para la simiente de Caín la autoridad es una oportunidad para autopromocionarse y para la auto-exaltación. En Cristo, el llamado a la autoridad es un llamado al auto-sacrificio; es el llamado a convertirse en siervo y renunciar a los intereses propios. Gobernar en Cristo no es auto-gratificante; es auto-despojarse. En Cristo no servimos para ser renombrados, sino para renunciar a toda nuestra fama. Mientras Faraón fue uno de los hombres más arrogantes de todos los tiempos porque incluso intentó luchar contra Dios, de Moisés nos dice la Biblia que: “A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra" (Números 12:3 NVI).


La ambición egoísta es una de las características más destructoras que se encuentra en muchos ministerios, y ha producido innumerables males y gran cantidad de perversiones. Cuando a los hombres se les establece prematuramente en posiciones de autoridad producen grandes tragedias, tanto para quien dirige como para los dirigidos. Ser puestos en autoridad antes de ser libres de la carnalidad, sólo alimentará la naturaleza carnal y casi con certeza será un completo obstáculo para la autoridad espiritual genuina. "Las responsabilidades precoces engendran superficialidades."


La autoridad ha sido un tema casi constante en el Cuerpo de Cristo durante los últimos años. Aunque por este punto se han visto confusiones y contiendas, a muchos les ha desafiado para entender la naturaleza verdadera de la autoridad espiritual. Una de las principales lecciones aprendidas, se refiere a no seguir la primera doctrina que parezca ser sobresaliente y notoria. Muchas doctrinas tienen sus raíces en la sinceridad, pero una perspectiva completamente humana llevó a Israel a clamar por un rey, y Saúl fue el resultado. Dios iba a dar un rey a Israel en el momento adecuado (Dios formó y levantó en forma muy específica al profeta Samuel con el objeto de preparar a Israel para el rey que venía), pero el pueblo no pudo o no quiso esperar hasta el tiempo escogido por Dios. Con tristeza se debe reconocer que el mismo proceso se repite cada vez que Dios está listo para moverse por un camino especial. Los hombres comienzan a percibir la necesidad porque Dios los prepara, pero su impaciencia los lleva a presionar a Dios antes de su tiempo perfecto y preciso. Por esta causa, parece que siempre ha habido un Ismael doctrinal antes de Isaac o un Saúl antes de David. Una y otra vez, Dios elige al hijo menor sobre el mayor para que sea heredero de sus promesas, como un testimonio de que lo terrenal siempre debe preceder a lo espiritual.


Sólo podemos tener autoridad espiritual de acuerdo con el grado en que el Rey viva dentro de nosotros. Pablo dijo que esperó hasta cuando al Padre le agradó revelar a su Hijo en él, no únicamente para él, antes de comenzar su ministerio (Gálatas 1:15-17). En el mismo pasaje dijo que no consultó en seguida con carne y con sangre sobre el punto. Recibió su mensaje del Señor y entonces, después de varios años fue a Jerusalén para confirmar el evangelio que iba a predicar (Gálatas 1:17-2:2).


En la abundancia de los consejeros se encuentra seguridad y victoria (Proverbios 11:14). La sumisión al Cuerpo de Cristo y a los ancianos es importante, pero un exceso de énfasis en esto, puede en grado sumo, comprometer un ministerio. El factor esencial para que el ministerio fructifique está en la unión con el Señor, no en la unión con el Cuerpo. Hay muchos "cuerpos de cristianos" que dicen ser el de Cristo, pero no están unidos con El. Pablo nos dejó una advertencia sobre los ministerios que no se adhieren firmemente a la Cabeza (Colosenses 2:19), pero no dejó ninguna palabra sobre los que no estaban sometidos al Cuerpo. Esto se debe a que se puede estar unido al cuerpo sin tener una relación personal con la Cabeza. Pero, lo contrario no es cierto; no es posible estar unido a la Cabeza sin estar unido también al Cuerpo. Simplemente, se trata de fijar nuestras prioridades en forma correcta para que haya realidad en nuestra unión.


Muchos "llaneros solitarios" han tenido grandes fracasos en su ministerio y en su vida. Algunos culpan de la falla al hecho de no estar sometidos a la autoridad de la Iglesia. Esto puede ser verdad hasta cierto punto porque también ha habido muchos que en sumisión a las autoridades de la iglesia, cayeron tan gravemente como los otros. Por el contrario, la historia está llena de testimonios de individuos completamente aislados de otros creyentes, que soportaron pruebas increíbles y permanecieron fieles. Algunas enseñanzas sobre sometimiento a la autoridad espiritual, son en realidad contraproducentes en la preparación de las personas para que sean fieles y obedezcan al Señor.


Esto no se dice para fomentar los tipos equivocados del individualismo y la independencia espiritual, sino para advertir que cuando el énfasis en la sumisión al Cuerpo excede en la sumisión a Dios, puede traer consecuencias graves. Buena parte del Cuerpo de Cristo, no ha querido aceptar algunos de los ministerios con más unción que la que el Señor ha dado a su Iglesia en nuestro tiempo, porque no enfatizaban su unión al Cuerpo como unión a Cristo. En ninguna parte de las Escrituras hay advertencias sobre guardarse de quienes no están sometidos a otros hombres.


La espiritualidad no se puede transmitir por osmosis. Un ejemplo obvio de esto es el caso de Pablo y Gamaliel. Cuando Pablo daba su testimonio personal al pueblo de Jerusalén (Hechos 22), declaró haber sido discípulo de Gamaliel; por tanto, sería de esperar que fuera como su maestro. Sin embargo, mientras Pablo se sentaba a los pies de Gamaliel, vemos un gran contraste. En efecto, el consejo de Gamaliel al Sanedrín contiene una extraordinaria profundidad de paciencia y sabiduría. Cuando los demás miembros del concilio querían acabar a los apóstoles por enseñar en el nombre de Jesús, Gamaliel sabiamente les sugirió: “…dejen a estos hombres en paz. ¡Suéltenlos! Si lo que se proponen y hacen es de origen humano, fracasará; pero si es de Dios, no podrán destruirlos, y ustedes se encontrarán luchando contra Dios.»” Hechos 5:38-39 NVI. En cambio, ¿Cómo reaccionó Pablo ante la joven iglesia? “Perseguí a muerte a los seguidores de este Camino, arrestando y echando en la cárcel a hombres y mujeres por igual” Hechos 22:4.


Tomado del libro "Hubo Dos Árboles en el Huerto" Rick Joyner

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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martes, 20 de enero de 2009

LA PASCUA

Escrito por: Rick Joyner


"...nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros" 1 Corintios 5:7 RV.


El sacrificio de la Pascua liberó a Israel del poder de Faraón, de manera que su pueblo jamás volvió a servir de nuevo en Egipto. La cruz, de la que la Pascua fue un tipo profético, nos libera del poder de satanás y de la esclavitud a la corrupción del mundo. Al darse cuenta de esto, satanás se enfurece contra quienes se vuelven a Jesús, de la misma manera que Faraón lo hizo contra los israelitas cuando vio que perdía su poder sobre ellos. Como la Pascua lo representó en el tipo, la cruz trae juicio sobre el mal del mundo, pero libera a quienes la abrazan precisamente desde el mundo.


A partir de Caín y Abel, el sacrificio ha sido el punto principal de conflicto entre las dos simientes que ilustran las dos naturalezas del hombre —carne y espíritu. A satanás no le amenaza que abracemos las doctrinas o las instituciones del cristianismo; de hecho, más bien nos puede alentar a hacerlo. Sabe que el bien del Árbol de la Ciencia es tan mortífero como el mal, y mucho más engañoso. La bondad humana es una afrenta para la cruz y se usa como una compensación para ella. El diablo nos alucina y nos hace pensar que si fuésemos más "buenos" que malos, seríamos aceptables ante el Padre y, por tanto, nos coloca por encima de la necesidad del sacrificio que realizó su Hijo. El enemigo, puede muy bien animarnos a abrazar cualesquiera cosas religiosas, con tal que no nos volvamos a Cristo, cuando lo hacemos así, todo su poder sobre nosotros queda roto por completo. En ese instante nos marchamos fuera de su dominio y pasamos a la libertad gloriosa del Espíritu—a una relación con nuestro Dios. ¡SOMOS LIBRES!


La mayor oposición para que abracemos a Jesús y a la verdadera libertad del Espíritu, será el hombre religioso. Esta batalla comenzó con los dos hermanos Caín y Abel y ruge hasta el día de hoy. La cruz siempre será la amenaza más grande para el hombre religioso y éste será siempre el enemigo mayor de Cristo. No fueron los demonizados quienes persiguieron a Jesús pues ellos doblaron su rodilla y se le sometieron. Los ciudadanos religiosos, morales, conservadores, inconspicuos y callados, crucificaron al Ungido y serán los que se levantarán contra todo el que predique el mensaje verdadero de la cruz. La mayor persecución contra la fe verdadera viene siempre de los que se han convertido en su mente, y no en su corazón. Ellos serán quienes de hecho viven por el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal y no por el fruto del Árbol de la Vida. Su verdadera devoción será el entendimiento intelectual de las doctrinas, en lugar de tener una relación viva con Dios y cumplir la voluntad divina.


Como Jesús advirtió: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" Mateo 7:21 RV. Sólo conoceremos la doctrina verdadera si estimamos hacer su voluntad por encima de conocer la doctrina, según el mismo Jesús explicó más adelante: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si y o hablo por mi propia cuenta" Juan 7:17 RV.


Una persona puede desear la verdad por muchas razones distintas, algunas de las cuales son malas, como orgullo, auto-justificación, o inclusive el temor. Sólo quienes tienen amor por la verdad no serán engañados en el día malo. Los que aman la verdad quieren que sus doctrinas sean seguras y limpias. Sólo tendremos doctrinas ciertas y puras si amamos al Dios de la Verdad, más que a las verdades de Dios. Conocer el libro del Señor no da vida; en cambio, sí la da conocer al Señor del libro. Debemos amar a la Verdad misma, más de lo que amamos a las verdades individuales. Si hacemos esto, amaremos esas verdades más de lo que lo haríamos si las estimáramos más de lo que lo estimamos a Él. No es cuestión de tener una u otra, sino tenerlas ambas en el orden correcto y apropiado.


"El Señor habló en Egipto con Moisés y Aarón, y les dijo: Este mes será para ustedes el principal, el primer mes del año" Éxodo 12:1.2 VP.


Como la Pascua iba a ser el arquetipo profético del sacrificio de Jesús, es muy significativo notar que Dios preparó a Israel para la primera Pascua, al decretar que en el calendario ese iba a ser el primer mes que a su vez, fue el heraldo de un comienzo nuevo. Después de participar de la Pascua los hijos de Israel iban a dejar el único sitio que siempre habían conocido, para viajar a través de tierras que jamás habían visto, a fin de poseer una tierra con la que siempre habían soñado. Sus vidas nunca serían las mismas después de ese día memorable; ni tampoco las nuestras.


"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron... todas son hechas nuevas" 2 Corintios 5:17 RV-95.


Como Jesús se hizo nuestra Pascua, somos nacidos de nuevo a un mundo nuevo. Para Israel fue un cambio físico, para nosotros es un cambio espiritual. Las condiciones y alrededores externos pueden permanecer iguales, pero nosotros no. El exterior parece distinto, pero eso se debe a que lo nuevo está en nuestros ojos. Según Jesús, cuando nacemos de nuevo, principiamos a ver el Reino de Dios Juan 3:3. Y así se cumple una liberación muchísimo más gloriosa que la de Israel. Moisés condujo a Israel fuera de Egipto, camino de una jornada, pero "Egipto" (todo lo que representa el mundo), no había salido aún de Israel. Por medio de Cristo "...el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" Gálatas 6:14 RV. Jesús saca a Egipto del corazón y lo reemplaza con un país nuevo: el Reino de Dios. La simiente de Caín, es decir, el hombre religioso, siempre busca hacer del mundo un mejor sitio para vivir. Cristo cambia a los hombres de tal manera que puedan ser mucho mejores para vivir en el mundo. El hombre carnal busca cambiar a los hombres al cambiar el mundo; el hombre espiritual busca cambiar el mundo por medio del cambio en los hombres.


Excepto en la tierra, este diminuto punto de tinieblas, la gloria de Dios prevalece sobre todo el universo. Aunque no somos sino un átomo en las enormes expansiones de la creación, el Padre por el envío de su propio Hijo, hizo el supremo sacrificio para redimirnos y restaurarnos a las abrumadoras maravillas de la creación. Pero, frente a este hecho asombroso, la tierra alcanzaría quizá menos de "cero" en significado, si se compara con la expansión del dominio de Dios. Cuando principiamos a percibir a Dios y las dimensiones de su dominio, los problemas personales y hasta los del mundo, empiezan a mirarse como naderías e insignificancias. Podemos estar seguros de que en ninguna forma esa única gota de mal jamás superará los océanos de su bondad. ¡Su Reino vendrá! Es una fuerza tan irresistible que ensombrecerá y cubrirá el mal, así como el sol hace con la luna al levantarse en el oriente.


Cuando el hombre comió el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, su atención se enfocó sobre sí mismo y comenzó a pensar que él era el centro del universo. Todo hijo que ha nacido después de la caída heredó este engaño. Nuestros problemitas y ambiciones dominan por completo nuestra mente, hasta cuando Cristo nos convierte. Entonces, al comenzar a ver el Reino de Dios, nuestra perspectiva cambia. Entre más vemos con claridad al Señor sentado en su trono, menos notamos cómo se juntan los problemas y los cuidados del mundo. No que nos preocupemos por ellos—sino que, con toda sencillez, ¡nos damos cuenta de que El es mucho mayor que cualquier problema y más maravilloso que todas las ambiciones humanas! Como lo vemos con ojos nuevos, encontramos en Él una paz que está más allá de la comprensión del hombre. Puede que el mundo no sea distinto ni una pizca, pero nosotros sí hemos cambiado en forma radical y completa.

Tomado del libro "Hubo Dos Árboles en el Huerto" Rick Joyner

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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jueves, 15 de enero de 2009

UN EVANGELIO PERVERTIDO

Escrito por: Myles Munroe


"El Reino de Dios ha venido a la tierra. Dejen que todos los que lo deseen, se arrepientan e ingresen a él". Ese es el evangelio que Jesús predicaba y que encomendó a Sus seguidores para que predicaran. En algún momento de la historia, la Iglesia perdió su enfoque. Raramente, en estos días escucharemos el mensaje del Reino predicado en nuestros pulpitos. Predicamos acerca de otras tantas cosas, pero casi nunca acerca, del Reino. Predicamos acerca de la prosperidad, la fe, los dones, los ministerios, y otros temas secundarios, pero no predicamos el Reino.


Satanás nos ha desviado. Una de sus estrategias más efectivas radica en preocuparnos con cosas secundarias en vez de las esenciales e importantes. El demonio es inteligente. Sabe que lo que es aun mejor que intentar que hagamos cosas que son absolutamente erróneas o malas. En vez, hace tornar nuestro enfoque en cosas, que si bien son importantes, no son las cosas en las que el Señor nos ha dicho que nos enfoquemos.


Si hacemos algo bueno que no se halla dentro de lo que el Señor nos ha dicho que debemos hacer, ¿esta bien o mal? Supón que tú me empleas como cocinero en tu hogar, y al planear una cena de grandes dimensiones, me pidieras que prepare un pavo con todos sus platillos adicionales incluidos. ¿Que sucedería si conduces a tus huéspedes a la mesa sólo para descubrir que yo solo, en vez, he cocinado carne asada a la cacerola? ¿Estuvo bien o mal? La carne asada a la cacerola podría ser la más jugosa, deliciosa y suculenta que jamás hayas comido, pero no fue lo que tu me habías pedido. Tenemos la tendencia de creer que, en tanto y en cuanto, algo no este mal, debe estar bien. Sin embargo, aun las cosas correctas están mal si se llevan a cabo en el momento incorrecto o en reemplazo de alguna cosa buena que debería haber sido llevada a cabo en vez de la otra.


Hace mas de dos mil años, Jesús fue muy claro respecto a la misión que Él le encomendó a la Iglesia. No dejo nada libre a la incertidumbre o interpretación. Él especifica que es lo que debía ser predicado y enseñado.


“Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Evangelio según San Mateo 28:19-20).


“Les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.” (Evangelio según San Marcos 16:15).


“Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” (Evangelio según San Mateo 24:14).


El Nuevo Testamento proclama todas las clases de "buena noticia" (evangelio, evangelion). La buena noticia que Jesús ha predicado, y la cual nosotros deberíamos predicar, radica en que el Reino de Dios ha venido a la tierra, y que, a través de Jesús, todos podemos formar parte de ese Reino.


Hemos sido tan desviados hacia temas secundarios y periféricos. Parecería que el mensaje del Reino ha desaparecido. No hay duda alguna que Jesucristo murió en la cruz, que nuestros pecados pueden ser perdonados y que encontraremos la vida eterna en Él. Tampoco existe duda alguna respecto a que necesitamos decirle a la gente que Él es el Camino, la Verdad y la Vida y que Él es el único camino hacía la vida eterna. Todo esto es parte del mensaje del Reino, pero no constituye todo el mensaje. La cruz de Cristo es el punto de partida de la vida en el Reino de Dios, no el punto final. No existe punto final, porque la vida en el Reino es eterna.


Nuestro problema es que pasamos tanto tiempo diciéndole a la gente como entrar en el Reino, que ocasionalmente les enseñamos que deben hacer una vez que han ingresado. Con frecuencia, no nos conocemos a nosotros mismos ya que nadie nos ha enseñado jamás tampoco. Pasamos tanto tiempo predicando acerca de la puerta que nos olvidamos todo lo relativo al palacio que se halla detrás de ella.


ATASCADOS EN LA PUERTA


Necesitamos volver a predicar el evangelio que Jesús nos dijo que predicáramos - la buena noticia de que el Reino de Dios vino a la tierra. Dios desea que nosotros poseamos el Reino, y Jesús es el camino para entrar al Reino. Jesús Mismo dijo, "»No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino." (Evangelio según San Lucas 12:32) ¡Pensad en ello! Nuestro Padre se siente complacido en habernos dado el Reino. Constituye lo que Él desea hacer. Es lo que Él ha intentado desde el mismo comienzo.


Si pensamos en el Reino de Dios como un palacio o mansión gloriosa, hemos perdido pues el mensaje. Estamos atascados en la puerta. ¿Cuál es el propósito de una puerta? Proporciona el ingreso a la casa o a las diferentes habitaciones de la casa. Del mismo modo, Jesús nos proporciona la entrada al Reino del Padre. Jesús dijo, "Yo soy el Camino". Una puerta es un portal a través del cual pasamos de un sitio a otro. Jesús es la puerta a través de la cual pasamos de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la culpa al perdón, de la vergüenza a la alegría, de la angustia a la paz, y del ser vencidos a la victoria. Tal es el contraste entre el reino de este mundo y el Reino de Dios.


Si quedamos "atascados" en la puerta, nunca experimentaremos la plenitud del Reino que el Padre ha preparado para nosotros. Debemos dar un paso hacia delante con el fin de descubrir un mundo totalmente nuevo de riquezas y gloria que yace dentro. Recuerden lo que Jesús dijo, " Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos…; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia." (Evangelio según San Juan 10:9-10). El Reino es un sitio donde podemos experimentar la vida al máximo.


¿Se pueden imaginar a alguien que herede un patrimonio maravilloso con una bella mansión y que se halle tan obsesionado con el amor que siente por la puerta que jamás de un paso hacia dentro? "¡Te amo puerta! Eres tan bella. Tienes paneles tan graciosos, un vidrio tan hermoso. ¡Eres tan maravillosa!" Jesús es nuestra puerta hacia el Reino de Dios. Resulta de vital importancia que pongamos nuestra fe en Jesús para que nos salve y perdone nuestros pecados, pero es igualmente importante que con posterioridad, nos movamos a través de la puerta, de modo tal que podamos participar y gozar del Reino en toda su plenitud.


Jesús dijo, "«Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas." (Evangelio según San Juan 10:7), pero Él también dijo, "»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas." (Evangelio según San Juan 10:11) Los pastores cuidan de sus ovejas. Las guían, las protegen, las llevan a sitios donde pueden hallar comida y agua. Los pastores no les dan pasto a sus ovejas, sino que las guían hacia el lugar donde las ovejas pueden hallar el pasto. Jesús es más grandioso que el Rey Arturo, y Su Reino es más glorioso que el de Camelote.


Tomado del libro "Redescubriendo El Reino" Myles Munroe

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

miércoles, 14 de enero de 2009

NO HAY PAN II

Escrito por: Tommy Tenney


Quizá Dios tenga que "perforar" el velo de nuestra carne para revelar nuestro vacío interior (que es el de la Iglesia) también. Es un problema de orgullo. Señalamos con orgullo el lugar y el tiempo donde el Señor ha estado (protegiendo la tradición del templo) mientras negamos la obvia y manifiesta "Gloria" del Hijo de Dios. Los líderes religiosos del tiempo de Jesús en la tierra, no querían que el pueblo se diera cuenta que no había gloria detrás del velo. La presencia de Jesús trae problemas. Los religiosos pretenden mantener a Dios en el lugar donde ha estado, a expensas o en perjuicio de dónde esté ahora.


Pero un hombre que ha tenido una experiencia nunca está a merced de otro que tan solo tiene un argumento, "...una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ¡ahora veo! (Ver Juan 9:25) Si podemos guiar a la gente a la presencia manifiesta de Dios, todas las falsas teologías se derrumbarán como castillos de naipe.


Todavía nos preguntamos por qué la gente no baja la cabeza cuando entran en nuestras reuniones o lugares de adoración. Y clamamos como A.W Tozer: "¿A dónde se ha ido el temor de Dios?" La gente no siente la presencia de Dios en nuestras reuniones, porque ella no es suficiente para que la registren nuestros manómetros. Esto a la vez crea otro problema. Cuando se le da a la gente un poquito de Dios, mezclado con mucho de lo que no es de Dios, es como si se les vacunara contra Dios. Una vez que han sido "inoculados" con una migaja de la presencia del Señor, cuando decimos: "Dios realmente está aquí," ellos dicen: "No, yo he estado allí, he hecho lo que me dijeron que hiciera, y no lo encontré. Realmente eso no funciona para mí." El problema es que algo de Dios si estaba allí, pero no lo suficiente. No hubo una experiencia de encuentro con él como en el camino a Damasco. No hubo un sentir innegable y abrumador de su manifiesta presencia.


La gente ha venido vez tras vez a la Casa del Pan tan solo para encontrar que sencillamente hay demasiada presencia humana, y muy poca presencia de Dios. El sentir de la presencia reverencial y manifiesta del Todopoderoso debe ser restaurado en nuestras vidas y en nuestros lugares de adoración. Hablamos mucho de la gloria de Dios cubriendo toda la tierra, pero, ¿cómo es que esa gloria va a manifestarse en las calles de nuestras ciudades, si ni siquiera puede fluir en los pasillos de nuestras iglesias? Ese fluir tiene que comenzar en algún lugar y no va a hacerlo "allá" afuera. ¡Debe comenzar en el templo!, como escribió Ezequiel: "...y ví aguas que salían debajo del umbral de la casa del templo..."(Ezequiel 47:1 NVI)


Si la gloria de Dios no puede fluir por los pasillos de la iglesia a causa de espíritus seducibles y de hombres manipuladores, entonces Dios tendrá que volverse a otro lugar, tal como lo hizo cuando Jesús pasó de largo junto a "la casa del pan" (el templo) en Jerusalén, montado en un asno. Si no hay pan en la casa, entonces no culpo a los hambrientos por no ir allí. ¡Yo tampoco lo haría!


Llega a Moab el rumor de que hay pan


Cuando Belén, la casa del pan, está vacía, la gente se ve forzada a acudir a cualquier otro lugar en busca del pan de vida. El dilema que enfrentan es que las alternativas que el mundo ofrece pueden ser mortales. Tal como Noemí lo descubrió, Moab es un lugar cruel. Moab le robará a sus hijos y los hará morir antes de tiempo; lo separará de su esposo o esposa y le robará su misma vitalidad. Al final, todo lo que le quedó a Noemí fueron dos nueras, a las cuales había conocido solo durante diez años. Sin ninguna posesión y encarando un funesto y sombrío futuro les dijo: "No tienen que andar tras de mí. Ya no tengo más hijos que darles." Pero luego dijo: "Yo he oído un rumor..."


Hay una información, "un secreto" que vuela a través de cada comunidad, de cada aldea, y de cada ciudad en el mundo. Vuela a través de nuestras costas, cruza nuestras montañas, y llega cada lugar habitado. Es el rumor, es "la buena nueva para los hambrientos". Si sólo uno de ellos oye el rumor de que hay de nuevo pan en la Casa del Pan, éste correrá como una carga eléctrica a través de una línea de alta tensión a casi la velocidad de la luz. La noticia de la existencia de pan saltará de una casa a otra, y de un lugar al otro, casi instantáneamente. Usted no tendrá que preocuparse por hacerle publicidad en la T.V., o de promocionarla por los canales usuales. Los hambrientos escucharán. Las nuevas se esparcirán:


"No, no es una farsa. Es difícil de creer pero esta vez no es exageración ni manipulación; no, no es una treta; no son migajas sobre la alfombra. ¡De veras hay pan de nuevo en la Casa del Pan!"


Contentos con las migajas sobre la alfombra


Hay mucho más de Dios disponible para nosotros de lo que podemos saber o imaginar, pero hemos estado tan contentos con el lugar donde estamos y con las cosas que tenemos que no nos esforzamos por obtener lo mejor de Dios. Si Dios se está moviendo en medio nuestro y está obrando en nuestras vidas, pero nos hemos contentado con recoger las migajas de la alfombra, en vez de disfrutar las abundantes porciones de pan que Dios prepara para nosotros en los hornos celestiales Él ha dispuesto una gran mesa de su presencia en el día de hoy, y está llamando a su Iglesia: Vengan y coman."


Ignoramos los requerimientos del Señor mientras contamos cuidadosamente las rancias migajas del pan añejo. Mientras tanto, millones de personas fuera de las paredes de nuestras iglesias están a punto de morir de hambre. Están hastiados de nuestros humanos programas de auto ayuda y de auto promoción. Estos millones de personas tienen hambre de Dios, no de historias acerca de Él. Quieren alimento, pero todo lo que tenemos para darles es un miserable menú, empacado en recipientes plásticos, para proteger las imágenes desvanecidas de los dedos codiciosos de los hambrientos desesperados. Por eso es que vemos a personas sumamente educadas con cristales alrededor de sus cuellos, esperanzadas en lograr contacto con algo sobrenatural que esté por encima de ellos y de su triste existencia. Tanto ricos como pobres acuden a seminarios relumbrones sobre iluminación y paz interior, y engullen ingenuamente cada pizca de la increíble basura que se hace pasar como la última y más brillante revelación del otro mundo.


¿Cómo puede esto ocurrir? Debería avergonzar y producir convicción a la iglesia el ver a tantas personas heridas y dolientes que vuelven sus ojos al esoterismo, a la astrología y al espiritismo, en busca de guía y esperanza para sus vidas. La gente vive tan hambrienta, que gasta millones de dólares en la recién aparecida industria del ocultismo, controlada por falsos adivinos (aún los "médiums" o "canalizadores" genuinos que perforan el oscuro mundo de lo oculto, y los espíritus satánicos más familiares, son cosa rara en este ramillete). Están tan carentes de esperanza, que aceptarán material envasado por mercaderes pagados, como si fuera conocimiento espiritual. ¡Ah la profundidad del hambre espiritual en el mundo! Hay solo una razón por la cual tantas personas están tan dispuestas a intentar un contacto con el más allá, aún aceptando el engaño: y esta es que no saben dónde encontrar lo real y verdadero. La culpa de tal cosa solo puede residir en un lugar. Esta hora parece haber sido diseñada especialmente para la Iglesia, para que haga prevalecer su presencia.


Tomado del libro "En La Búsqueda de Dios" Tommy Tenney

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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martes, 13 de enero de 2009

NO HAY PAN

Escrito por: Tommy Tenney


No hay pan en la "Casa del pan"


Migajas en la alfombra, y los estantes vacíos: La prioridad de la presencia de Dios se ha perdido en la Iglesia moderna. Nuestras iglesias son como panaderías abiertas al público, pero no tienen pan para ofrecer. Y aún más, no estamos interesados en vender pan. Solo se oye algarabía alrededor de los hornos fríos y de los estantes vacíos. De hecho nos preguntamos, ¿será aquí o no?, y si es aquí, ¿qué es lo que Dios está haciendo? ¿Hacia dónde va el Señor? ¿O solo estamos preocupados por barrer migajas imaginarias de panaderías que no tienen pan?


¿Sabemos siquiera cuándo está Dios en la ciudad? Un día Jesús hizo lo que nosotros llamamos su entrada triunfal a Jerusalén en los lomos de un pequeño asno. En su jornada hacia la ciudad, probablemente pasó junto al templo de Herodes. Yo creo que la razón por la cual los fariseos estaban disgustados por el desfile descrito en el capítulo 12 del evangelio de San Juan, es que interfería o molestaba el servicio que se realizaba dentro del templo.


Yo puedo oír sus quejas: "¿Qué es lo que pasa? ¡Están incomodando al sumo sacerdote! ¿No saben lo que estamos haciendo en el templo? Estamos realizando un importante servicio. ¿Saben por qué estamos orando? ¡Oramos por el Mesías que viene! ¡Y ustedes tienen la osadía de molestarnos con este ruidoso desfile! ¿Quién es el líder de esta chusma revoltosa?


¡Ah!, ¿ve usted al sujeto montado en ese burrito?


Ellos perdieron la hora de su visitación. Él estaba en la ciudad y ellos no lo sabían. El Mesías pasó junto a su puerta cuando estaban adentro orando por su venida. El problema fue que llegó de la manera en que no lo esperaban, y por eso no lo reconocieron. Hubiera llegado sobre el lomo de un encabritado semental blanco, o en un carro real dorado con una falange de soldados que lo precedieran, los fariseos y los sacerdotes hubieran dicho: "Podría ser él” Infortunadamente estaban más interesados en un Mesías que rompiera el yugo de la esclavitud romana, que en uno que diera fin a la esclavitud espiritual que se había convertido en la plaga de su tierra y de su gente.


¡Dios se está alistando para irrumpir, aún si al hacerlo tiene que pasar de lado por sus sofocantes iglesias, para manifestarse en las tabernas! Seremos sabios al recordar que él pasó por alto la élite religiosa antes de comer con los pobres, los profanos y las prostitutas. La Iglesia Occidental y la Iglesia los Estados Unidos en particular, han exportado sus programas sobre Dios a todo el globo terráqueo, pero ya es tiempo de que aprendamos que nuestros programas no significan progreso. Lo que necesitamos es su presencia. Necesitamos tomar la decisión de que no importa lo que cueste y de donde provenga, lo necesitamos a él. Y él quiere llegar de acuerdo a sus condiciones y no de acuerdo con las nuestras. Hasta entonces la ausencia de lo sobrenatural afectará a la Iglesia.


Podemos estar adentro orando por su venida mientras él pasa afuera de nuestro recinto. Y lo que es peor, ¡los que “están adentro" se pierden su presencia, mientras que los que "están afuera" marchan con él!


El pan es escaso durante los tiempos de hambre


“Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.


El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí.


Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años.


Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.


Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan.” (Rut 1: 1-6)


La gente deja la casa del pan por algo


Noemí, su esposo y sus dos hijos dejaron su hogar y se mudaron a Moab porque había hambre en Belén. Considere el significado literal del nombre hebreo de un pueblo natal: Belén significa "casa del pan". La razón por la cual dejaron la casa del pan es que no había pan en la casa. Esa es también la sencilla razón por la cual la gente deja las iglesias: porque no hay pan. El pan era un elemento que hacía parte de las prácticas religiosas en el templo; era prueba de la presencia de Dios, se le llamaba el pan de la proposición, el pan de su presencia. El pan ha sido siempre históricamente el elemento indicador de la presencia Divina. Leemos en el Antiguo Testamento que el pan de la proposición estaba en el Lugar Santísimo. Es llamado “el Pan de la Presencia”. (Números 4:7 NRSV) En términos hebraicos se le interpreta también como "el pan de la elevación" o el "pan de su rostro". Este era, pues, un símbolo de Dios mismo.


Noemí y su familia tenían algo en común con las personas que salen o evitan totalmente nuestras iglesias en el día de hoy: dejan ese lugar y van a algún otro sitio para encontrar pan. Yo puedo decirle por qué las personas buscan los bares, los clubes, y los centros esotéricos por millones. Procuran pasar el tiempo; tratan de sobrevivir porque la Iglesia les ha fallado. Ellos miraron, o sus padres y amigos miraron, y dieron su informe: la alacena espiritual estaba vacía. No había presencia de alimento en la despensa; solamente estantes vacíos y oficinas llenas de recetas para hacer pan. Pero el horno estaba frío y empolvado.


Hemos proclamado y publicitado falsamente que hay pan en nuestra casa. Pero cuando los hambrientos llegan, todo lo que pueden hacer es recoger de la alfombra algunas migajas que quedan de los avivamientos del pasado. Hablamos con elocuencia de dónde ha estado Dios y de lo que ha hecho en el pasado pero podemos decir muy poco de lo que está haciendo entre nosotros en el día de hoy. Y la culpa no es de Dios, sino nuestra. Solo nos quedan rezagos de lo que fue. Residuos de su gloria ya ida. E infortunadamente mantenemos un velo de secreto sobre ese hecho, de la misma manera que Moisés mantenía un velo sobre su rostro, después que el brillo de la gloria de Dios había desaparecido. Camuflamos nuestro vacío, tal como lo hacían los sacerdotes del tiempo de Jesús, con un velo detrás del cual no estaba el arca del pacto.


Tomado del libro "En La Búsqueda de Dios" Tommy Tenney

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor.

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