martes, 25 de noviembre de 2008

LA CRUZ DE CRISTO

Escrito por: Watchman Nee


Así vemos que, en forma objetiva, la Sangre trata con nuestros pecados. El Señor Jesús los ha cargado, llevándolos en la Cruz por nosotros, como Sustituto nuestro, habiendo logrado así, para nosotros, el perdón, la justificación y la reconciliación. Pero debemos avanzar un paso más en el plan de Dios para entender como procede Él con el principio del pecado en nosotros. La Sangre puede lavar mis pecados, pero no puede lavar mi “viejo hombre” Se hace necesaria la Cruz para que yo sea crucificado.

Nosotros estamos siempre dispuestos a creer que efectivamente lo que hemos hecho es muy malo, pero que nosotros mismos no lo somos tanto. Dios, por su parte, se empeña en mostrarnos que nosotros mismos somos malos, radicalmente malos. La raíz del problema es el pecador mismo; por tanto, hay que proceder con él. La sangre procede con nuestros pecados, pero la Cruz debe tratar con el pecador. La sangre procura el perdón por lo que hemos hecho; La Cruz procura nuestra liberación de lo que somos.


En los primeros cuatro capítulos del libro de Romanos apenas ocurre la palabra “pecador”. Ello se debe a que allí no se tiene en vista al pecador mismo sino a los pecados cometidos. La palabra “pecador” recién se destaca en el capitulo 5, y es importante observar como se introduce allí al pecador. Notemos que en ese capitulo, un pecador es llamado así porque nace pecador, no porque haya cometido pecados. La distinción es importante. Aunque bien es cierto que cuando un predicador quiere convencer a un hombre cualesquiera de que es pecador, se sirve a menudo del verso favorito que se halla en romanos 3:23 donde dice que “todos pecaron”; es cierto también que tal aplicación de ese versículo no esta estrictamente justificado por las Escrituras. Los que así lo usan caen en el peligro de argumentar al revés, porque la enseñanza del libro de Romanos no es que somos pecadores porque pecamos, sino de que pecamos porque somos pecadores. Somos pecadores por constitución más bien que por acción. Como se expresa en Romanos 9:19: “Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores”.


¿Cómo fuimos constituidos pecadores? Por la desobediencia de Adán. No nos convertimos en pecadores por lo que hemos hecho, sino por causa de lo que Adán hizo y llego a ser. Yo hablo ingles, pero no por eso soy ingles. Yo de hecho soy chino.


Cierta vez pregunte a una clase de niños: “¿Qué es un pecador?, y su respuesta inmediata fue: ‘uno que peca’. Sí, es verdad el que peca es un pecador; pero el hecho de que peque no es la causa sino solo la evidencia de que ya es pecador. Uno que peca es pecador, pero si uno pudiera vivir sin pecar igualmente seria pecador, puesto que tiene en si mismo la naturaleza caída de Adán y necesita la redención. ¿Me entiendes? Hay pecadores malos y pecadores buenos, hay pecadores morales y hay pecadores corruptos, pero todos son igualmente pecadores. A veces pensamos que, con tal de no haber incurrido en ciertas cosas, todo está bien; pero el problema reside más hondo que en aquello que hacemos; radica en lo que somos. Lo que cuenta es lo que somos por nacimiento. Así, pues, yo soy pecador porque nací en Adán. No es asunto de mi conducta, sino de mi herencia, de mi origen. No soy pecador porque peco sino que peco porque desciendo de una mala estirpe. Peco porque soy pecador. Además, no puedo hacer nada para cambiar esto. Nada por mejorar mi comportamiento; no puedo dejar de ser Adán y, por lo tanto, pecador.


En la china hablé una vez en este tenor y observé: Todos hemos pecado en Adán. Como alguien dijo que no comprendía, trate de explicarlo de este modo: Todos los chinos remontan su ascendencia a Huang-ti. Hace mas de cuatro mil años él sostuvo una guerra con Si-iu. Su enemigo era muy poderoso; no obstante, Huang-ti lo venció y lo mato. Después de esto Huang-ti fundo la nación china. Por tanto, hace cuatro mil años nuestra nación fue fundada por Huang-ti. Y bien, ¿qué habría sucedido si Huang-ti no hubiera matado a su enemigo, sino que él mismo hubiera perecido? ¿Dónde estaría usted ahora?


No habría nada de mí, el hombre contestó. Oh, no, Huang-ti puede morir su muerte y tu puedes vivir tu vida.


Imposible, gritó él: Si Huang-ti hubiera muerto, entonces yo nunca podría haber vivido, porque mi vida procedió de él.


En Romanos 5:12-21 no solo se nos dice algo al respecto de Adán, sino algo también tocante al Señor Jesús: “Así como por desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos fueron constituidos justos.” En este notable pasaje la gracia contrasta con el pecado y la obediencia de cristo se contrapone a la desobediencia de Adán. En Adán recibimos todo lo que es de Adán; En cristo recibimos todo lo que es de Cristo. Luego se nos ofrece una nueva posibilidad. En Adán todo se perdió. Por la desobediencia de un hombre fuimos todos constituidos pecadores. Por él entro el pecado y por el pecado la muerte; desde ese día en adelante y a través de toda la raza, el pecado ha reinado para muerte. Pero ahora un rayo de luz se hace sobre la escena. Por medio de la obediencia de Otro, nosotros podemos ahora ser constituidos justos. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, y así como el pecado reino para muerte, así también puede reinar la gracia por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo nuestro Señor
Romanos 5:19-21. Nuestra desesperación esta en Adán; nuestra esperanza en Cristo.


Tomado del libro "La Cruz en la vida Cristiana Normal" Watchman Nee


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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