jueves, 13 de noviembre de 2008

LA TRAGEDIA DE LA VIDA INTERIOR


Escrito por: C.I. Scofield


“Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo” Romanos 7:18


Ésta es la tragedia de la vida interior; el fracaso de la voluntad humana ante la ética cristiana; el tormento del ideal inalcanzado.


La derrota que sufre un deseo débil y lánguido no es nada, pero el lanzarse con todo el poder de la voluntad para alcanzar algo que Dios ordena y hallarse fracasado, esto, para el alma sincera, es una tragedia indescriptible.


Es una equivocación común el suponer que podemos ser santos si realmente queremos serlo. Pensamos que la dificultad se haya en hacer que nuestra voluntad decida del lado de lo que Dios requiere, y que si realmente ponemos bastante poder tras la voluntad, entraremos en la vida espiritual. Pero aquí hay un hombre que hace el descubrimiento asombroso que la vida espiritual es algo que está por encima de su voluntad, por más que la ponga a la máxima tensión. No puede alcanzar la espiritualidad y hacerla descender a su vida meramente con querer hacerlo. Y ésta fue la experiencia, recordemos, de una de las voluntades más fuertes que se han alojado en un carácter humano. El apóstol Pablo no era flojo ni débil; estaba dotado de una fuerza de voluntad inmensa. Cuando era un mero seguidor religioso y no un cristiano no era laxo ni lánguido. Vio que el gran enemigo del tradicionalismo en el cual había sido educado era esto nuevo, el cristianismo; y con una fuerza de voluntad imperiosa se puso al frente de la lucha contra el cristianismo; hízose el «tigre del Sanedrín». Nada le detenía; ni llanto de mujeres, ni quejas de edad, ni juventud; ponía a los cristianos en la cárcel y cuando se tenía que votar para darles muerte, votaba contra ellos. No, Pablo no hacía las cosas a medias. Había en él no meramente un vigor intelectual en plenitud y vida que le impelía a decidir por uno de los dos lados, sino que había además una fuerza de voluntad que le capacitaba para poner en acto sus deseos.


Pero aquí había algo, al parecer simple, que no era capaz de hacer; ahora tenía delante un ideal que era inalcanzable por medio del poder de su resolución. «Aunque deseo hacer lo bueno», dice, «no soy capaz de hacerlo» No puede por medio de la voluntad hacerse espiritual.


¿Qué es lo bueno, el bien?


Éste es el caso que tenemos delante. Pero nunca vamos a entender lo que Pablo quiere decir a menos que nos paremos un momento para considerar esta pequeña palabra «bien». ¿En qué consiste este bien que Pablo no puede hacer por más que lo intente? Podemos excluir toda una serie de cosas. No está hablando aquí de moralidad, de honradez, de bondad, de castidad, de lealtad en las relaciones en que un hombre está respecto a otro ser humano, como marido, padre o amigo. Estas cosas están por completo dentro del poder de la voluntad. Cada uno de nosotros ha conocido a hombres, por completo aparte del poder y la influencia cristiana, que eran todas estas cosas. En cada pueblo hay hombres rectos, veraces, honrados, amables, valerosos, benevolentes, limpios, respetables, que no son cristianos. El apóstol Pablo no está hablando de estas buenas cualidades en absoluto; todas estas cosas las ha hecho toda su vida; su voluntad se ha demostrado efectiva en esta esfera.


Y tampoco está pensando con la palabra «bien» en la religiosidad común, la membresía a una Iglesia, el ir a una Iglesia, el orar, el leer La Biblia, dar ofrendas; todas estas cosas las ha hecho toda su vida con fuerza de voluntad. Era el hombre religioso más destacado de su tiempo, a fuerza de un uso concienzudo de su voluntad.


Bien, pues, ¿qué es lo que quiere decir al hablar del bien que quiere pero no puede alcanzar? Significa cosas como éstas: «Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.» Y esto: «He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.» Esto es lo que piensa, o sea: El reproducir a Cristo ante los hombres


El «ser como Cristo». Es a esto que él llama «bien» o «bueno». ¿Quería decir, pues, Pablo, que había sido derrotado en su voluntad de ser «no tan bueno como Cristo», sino «bueno como Cristo hasta cierto grado»? Sí.


Tenía delante de su mente para ilustrar la cosa un poco más, quizás, el carácter beatífico (santo). Había leído el sermón del Monte y podemos estar seguros de que lo puso en su lugar propio, dispensacionalmente, pero no estaba dispuesto ni un momento a decir que debido a que estaba en gracia y en La Iglesia, y no en el reino y bajo la ley, que por tanto, estaba justificado en vivir en un nivel inferior al de la vida del reino; más bien decía, «hay exigencias más estrictas puestas delante de mí».


Y no había en su mente toda esta moralidad negativa e inferior; había en ella la moralidad espiritual que forma el Standard cristiano. «Dichosos los pobres en espíritu», decía, y entonces podemos imaginarnos que se daría golpes en el pecho y diría: « ¡OH, Pablo orgulloso! ¡OH, Pablo! ¿Cuándo vas a ser pobre en espíritu?» Y luego, quizás, en los primeros estadios de su experiencia, diría: «Yo seré pobre en espíritu.»


«Dichosos los humildes.» « ¡OH, diría después, yo soy el primero de los pecadores! Cuando leo esta palabra, «humilde», no me atrevo a levantar los ojos para mirarla, no puedo.» ¿Has intentado, lector, alguna vez ser humilde? Hay una especie de ser humilde que consiste en ir por ahí con: La humildad de un fariseo.


Esto no es ser humilde. Y si hay algo que Jesucristo detesta es el fariseísmo; ésta es una cosa que no puede tolerar. La única palabra que tenía para los fariseos de su tiempo era « ¡Ay de ustedes!» No tenía mensaje para ellos; no había nada en su Evangelio para ellos. No, Pablo no va a regresar al fariseísmo. Y más profundo que esto había en el corazón de Pablo cuando hablaba de ser «bueno», una exigencia imperiosa que su nueva naturaleza y el impulso a la nueva vida hacía sobre él de que debía ser victorioso sobre el yo en todas las formas en que se manifiesta.


Tomado del libro “La nueva vida en Cristo” C.I. Scofield


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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