lunes, 6 de abril de 2009

NO SER SUBJETIVOS

Escrito por: Watchman Nee


UNO


La subjetividad es otro defecto en el carácter de algunos hijos de Dios, especialmente de algunos obreros del Señor les impide hacer un buen trabajo.


¿Cuál es el significado de ser subjetivos? Ser subjetivos significa insistir en nuestras propias opiniones y rechazar otras opiniones. Significa tener una idea preconcebida antes de escuchar a otros y aferrarse a su propia idea aun después de haber escuchado a los demás. La subjetividad implica ser renuentes a aceptar otros puntos de vista o a ser corregidos.


Significa tener una opinión propia desde el comienzo y siempre insistir en dicha opinión. Una persona subjetiva hace su propio juicio antes de escuchar lo que le diga el Señor, antes de examinar los hechos y antes de que otros presenten sus opiniones. Insiste en su juicio aun después de escuchar al Señor, después que se presenten los hechos y después que otros hayan presentado su punto de vista del asunto. Este es el significado de ser subjetivos. La raíz que causa la subjetividad consiste en que su “YO” nunca ha sido quebrantado, y cuando esto no ocurre, se tiene un concepto inflexible de las cosas, y las opiniones difícilmente pueden ser desechadas y corregidas.


DOS


¿Cuáles son los problemas o pérdidas que acarrea la subjetividad? Si un hermano o hermana es subjetivo, no será capaz de escuchar a otros. Aprender a escuchar a otros nos libra de ser subjetivos. Para poder recibir la palabra de Dios y la de otros, primero tenemos que vaciar nuestro interior. Si somos subjetivos, nos será difícil abrirnos a los demás. Es esencial que todo obrero cristiano cultive la habilidad de escuchar lo que otros tienen que decir; primero tiene que conocer la situación de otros y entender sus problemas. Ya hemos dicho que un problema serio en los obreros de Dios es que no son capaces de escuchar a otros.


La razón principal por la que no saben escuchar a otros es la subjetividad. Una persona subjetiva está llena de muchas cosas, por lo que sus opiniones se convierten en un muro impenetrable y sus ideas son incambiables. Siempre está llena de sus propios argumentos y preocupaciones. Cuando un hermano o hermana acude a él para confiarle alguna frustración o alguna carga que les agobia, simplemente no es capaz de entenderlos, incluso si los oye por medio día. No sabe escuchar a otros. Este es un problema asociado con la subjetividad.


TRES


Otro efecto dañino de la subjetividad es la incapacidad para aprender. Una persona subjetiva confía mucho en sí misma y piensa que lo entiende todo a la perfección. Todo ya está decidido en su mente. Tiene una opinión incambiable acerca de cualquier cosa y cree estar segura de todo. Es difícil que pueda aprender algo. Al principio, cuando algunos jóvenes empiezan a servir en la obra, es más difícil enseñarles algo que darle medicina a un niño. Casi hay que forzarlos a aceptar otro punto de vista. Están llenos de ideas, propuestas y maneras de hacer las cosas. Creen que saben todo lo que se puede saber. Aunque no se atreven afirmar que son omniscientes, actúan como si lo fueran. Es más difícil enseñarles algo que darles a tomar una medicina amarga. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un hombre si en cada comida hay que darle de comer con cucharita? Con algunos hermanos, lo único que podemos hacer es suspirar en nuestro corazón y decir: “Hermano, ¿cuánto podrá aprender del Señor una persona como tú?”.


El problema más grande de una persona subjetiva es su incapacidad para aprender. Solamente esto puede costarle mucho. Casi hay que pelear con ellos para que aprendan algo. Tal vez le derrotemos y pueda aprender un poco. Aun así en la siguiente ocasión en la que queramos enseñarle algo, tendremos que batallar nuevamente con ella. Esto es una gran frustración. Un requisito básico para el obrero del Señor es ser capaz de mantenerse objetivo; tiene que ser tan objetivo que pueda recibir ayuda de otros fácilmente. Hermanos y hermanas, nuestra ayuda viene de todas partes. Hay muchas cosas que tenemos que aprender. Supongamos que sólo aprendemos una lección cada mes o cada seis meses o cada año. ¿Cuánto vamos a vivir? ¿Cuántas cosas podríamos aprender a lo largo de nuestra vida? A una persona subjetiva le resulta más difícil aprender a medida que pasan los años.


Con el tiempo su subjetividad aumenta. Ciertamente, la subjetividad es un gran problema entre nosotros. Es cierto que el obrero de Dios debe ser estable; su camino debe ser recto y sin desviaciones. Sin embargo, si sus opiniones, su parecer y sus juicios son inflexibles, tendrá poca oportunidad de aprender las lecciones y su utilidad será muy limitada.


Por un lado, tenemos que ser estables y firmes delante del Señor; pero por otro lado, no debemos ser subjetivos. Los hijos de Dios deben aprender a no ser subjetivos; más bien, deben aprender a ser flexibles en el mover de Dios. De lo contrario, les será imposible aprender. Para saber si una persona es subjetiva o no, basta con ver si aprende rápida o lentamente, o si es incapaz de aprender. Podemos saber si una persona es subjetiva por la cantidad de lecciones espirituales que aprende y por cuán frecuentemente las aprende. Sin embargo, el mayor obstáculo para aprender es la subjetividad. La subjetividad afecta la capacidad de aprender de una persona e incluso puede impedirle que aprenda hasta el grado que no aprenda nada. El requisito básico para avanzar espiritualmente es estar abiertos a Dios. Nuestro corazón, mente y espíritu tienen que estar bien abiertos a Él, y esto significa que no somos subjetivos.


El significado principal de estar abiertos es el no ser subjetivos. Por supuesto, abrir nuestro espíritu a Dios es más profundo que simplemente no ser subjetivos. Pero la condición básica es no ser subjetivos. Nuestras puertas se cierran en el momento que actuamos subjetivamente. No ser subjetivos significa que somos sensibles a Dios, que podemos aprender y podemos recibir impresiones de Él. Para algunas personas es difícil recibir alguna impresión de parte de Dios. Dios tiene que usar una vara, un látigo o incluso un martillo para obligarlos a recibir algunas impresiones de Su parte. Debemos aprender a conocer la voluntad de Dios tan pronto Él nos dé una mirada. Muchos somos como caballos o mulas, que no entienden a menos que se les ponga freno y brida.


Este es el significado de ser subjetivos. Una persona subjetiva no puede captar ninguna señal de parte de Dios. Dios puede luchar con ella y conducirla a un callejón sin salida o a una puerta cerrada y, aun así, seguirá discutiendo con Dios. No puede calmarse y aprender la lección. Muchas personas no son lo suficientemente mansas y flexibles delante de Dios; son demasiado duras y necias. Llegan a ser piedras de tropiezo en la obra, porque no han aprendido sus lecciones ni han recibido el suplir suficiente del Señor durante toda su vida. Pueden convertirse en un problema y una pérdida para la obra.

Tomado del libro "El carácter del obrero de Dios" Watchman Nee
© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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