jueves, 16 de octubre de 2008

PRAGMATISMO Y HEDONISMO


Escrito por: Pablo Martínez Vila

Parte II Naturaleza hedonista del pragmatismo:

El pragmatismo busca una satisfacción inmediata de cualquier necesidad o deseo. Esta es su segunda característica (la primera, el egoísmo, se vio en el artículo anterior). En este sentido entronca de lleno con la corriente hedonista, otro de los grandes dioses seculares. Su actitud ante la realidad se resume con la pregunta «¿por qué no ahora?».


Estas personas no pueden esperar, no quieren esperar. Así pues, el pragmatismo no sólo está centrado en el yo, sino también en el aquí y el ahora. La célebre frase de los epicúreos latinos -«carpe diem», vive el día- podría ser su lema. El mañana y el futuro no importan.


Esta forma de pensamiento, en último término originada en el filósofo alemán Max Scheler, sigue el principio de la no frustración. Su énfasis está en que todo deseo debe ser satisfecho de inmediato porque el aplazamiento de la satisfacción produce frustración y la frustración es la negación de la felicidad.


Muchos padres en Norteamérica siguieron este principio durante más de 20 años en la educación de sus hijos. El «experimento pedagógico» terminó con un célebre «mea culpa» de quienes propusieron este sistema. Pidieron perdón públicamente en un programa de televisión a los padres por haber influido decisivamente en la forja de una generación de jóvenes que no sabían lo que significaban palabras como «esperar» o «más tarde». La pérdida de estos valores condujo a consecuencias sociales nefastas.


Ahora veamos dos ejemplos prácticos de esta filosofía.


El primero tornado del campo económico: el sistema de venta a plazos. En el siglo XIX cada uno compraba lo que necesitaba cuando había ahorrado el dinero necesario. La venta a plazos es un invento del siglo XX. Hoy compramos lo que necesitamos -y lo que no necesitamos- a crédito, incitados por una propaganda apetitosa v eficaz fundada en el imperio de los sentidos. El producto nos entra por los ojos, por los oídos -músicas «pegajosas»-, hasta por el olfato y por el tacto, y se nos hace irresistible. No podemos esperar. Los expertos en marketing conocen bien la importancia de los sentidos a la hora de provocar un impulso casi irrefrenable de comprar. Y ahí surge la «maravilla» de la venta a plazos que permite la compra inmediata del producto; uno no tiene que esperar a reunir todo el dinero, se lo puede llevar ya. La otra parte de la historia, los créditos impagados, los embargos y los subsiguientes dramas personales o familiares, todo esto se procura silenciar o minimizar.

Algo parecido -o peor- ocurre con las tarjetas de crédito. Para algunas personas, el llamado «dinero de plástico» puede llegar a ser una auténtica trampa. En su uso desordenado e impulsivo han comenzado a gestar su ruina económica y, a veces, también personal. La tarjeta de crédito es un símbolo por antonomasia del pragmatismo porque permite la satisfacción inmediata del deseo sin pensar, «Es que no hay que pensar a la hora de satisfacer el deseo. Pensar tiene que ver con el futuro, y lo que importa sólo es el ahora», diría el pragmático.


No se me malentienda con estos ejemplos. No estoy diciendo que comprar a plazos o usar la tarjeta de crédito sea malo en sí mismo. En absoluto. A veces es un mal menor y otras veces incluso es un bien porque permite el acceso a productos de primera necesidad; por ejemplo, casi nadie podría comprar una vivienda sin el sistema de plazos y créditos. Lo que no es correcto es comprar de forma impulsiva para satisfacer simplemente el deseo o la «necesidad» del momento.


Otro ejemplo que ilustra esta realidad es la publicidad que recibimos por correo; suele incluir esta conclusión: «si usted responde antes de x días (el plazo es siempre muy corto), tendrá un premio extra». La idea del experto en marketing es que contestes sin pensar. Una vez se ha generado el deseo, es importante no dar lugar a la reflexión. Con ello se garantiza que funcionará el «reflejo pragmático», es decir, la satisfacción sin demora del deseo.


Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en el terreno de la sexualidad. Según una amplia encuesta realizada simultáneamente en varios países de la Comunidad Europea, la edad promedio de inicio de las relaciones sexuales se sitúa hoy en los 17 años. Hace sólo 30 años estaba en los 22. Ha bastado una generación para un cambio espectacular. Hasta tal punto es así, que este fenómeno está creando un problema importante de salud pública y social: el embarazo de adolescentes ha crecido en proporciones alarmantes. Claro que para solucionarlo se recurre a otra herramienta propia del pragmatismo: el aborto, considerado, al fin Y al Cabo, Una «simple» interrupción voluntaria del embarazo.


¿Dónde está la razón para este cambio? Los jóvenes hoy, en general, no saben esperar. ¿Esperar?, ¿para qué?, ¿por qué? Es el argumento de muchos de ellos. Aldous Huxley, en su célebre libro Un mundo feliz, dice textualmente: No dejes para mañana la diversión que puedas tener hoy. Son muchas las personas que, sin saberlo, están aplicando en sus vidas la ideología «fantástica» de Huxley, antes considerada una utopía y ahora hecha realidad. Es simplemente la aplicación del pragmatismo a la vida diaria.

© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

estoy totalmente de acuerdo con las afirmaciones de lo negativo que puede ser la aplicacion de esta filosofia pragmatica a nuestra vida. sin saberlo muchos de nosotros ha actuado alguna vez asi y las consecuencias no han sido buenas, muchas gracias por edificar nuestra vida de esta manera.