miércoles, 24 de septiembre de 2008

LA DISCRIMINACION


Escrito por: Chalo Jiménez


"Entonces él se incorporó y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena? —Nadie, Señor. —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar" Juan 8:10,11


La discriminación es el acto de hacer una distinción, es un episodio de abuso e injusticia que viola el derecho de la igualdad de oportunidades. La discriminación como tal, no es tolerada en ninguna sociedad democrática y no debería existir. Esta palabra se utiliza de muchas formas. Normalmente, se refiere a la violación de la igualdad de los derechos para los individuos y la vida social.

La discriminación se denomina positiva cuando observa las diferencias entre grupos de individuos en respuesta a sus necesidades para poder darles solución sin perjudicar de ninguna manera a otros.

Una de las principales fuentes de la desigualdad es la discriminación. Los ingresos económicos, la raza y la clase social, agentes tales como la nacionalidad, el género, la religión, la etnía o la política dan término a las formas de segregación.

Uno de los mejores ejemplos de discriminación fue y sigue siendo, pese a muchos avances, el del racismo en los Estados Unidos. A través de la historia, la comunidad de raza negra ha estado sometida a una constante exclusión por parte de algunos sectores de la sociedad. Un ejemplo de esto fue la imposibilidad que tuvieron en el pasado de acceder a la educación superior.

Sin embargo, se han hecho esfuerzos para detener la discriminación y asegurarle a estos grupos el respeto a sus derechos. Un ejemplo de esto fueron las reformas legales de la década de los 70, en las que se maniobró de tal forma que sirvieran de impedimento contra la discriminación.

Es fácil para cualquier miembro de la sociedad no involucrarse en el asunto de la discriminación, sobre todo cuando no le afecta directamente; es más difícil, en cambio, involucrarse en la lucha contra la discriminación cuando esta lucha nace de un despertar de la conciencia, tanto a nivel individual como a nivel colectivo.

Tal vez la discriminación, no llegue a desaparecer nunca. Pero es necesario que el ser humano siga haciendo conciencia, tanto en su propia vida interior como a su alrededor: familia, escuela, trabajo, transporte, negocio, empresa, instituciones, deportes, para generar a su vez conciencia en otros. Otros que, aunque diferentes, son también los mismos. Pues son también humanos.

Pero desde el punto de vista espiritual, existe un tipo de discriminación mucho más preocupante. Se trata del apartamiento ejercido por algunos miembros de La Iglesia, Fariseos de la postmodernidad, que se creen superiores o más santos, contra aquellos que han cometido algún pecado o que no se congregan con ellos y con las masas en esas moles de cemento llenas pero vacías de Dios. No parecemos miembros del mismo cuerpo.

En la historia narrada en Juan 8, Cristo no excusó el pecado de la mujer condenada ni halló defecto en la ley. Tampoco tomó en cuenta el ilusorio celo de los fariseos. Los que juzgan a los demás se condenan a sí mismos. Todos los que de alguna manera son llamados a culpar las faltas del prójimo, están especialmente preocupados de mirarse a sí mismos y mantenerse puros.


Cristo vino para llevar a los pecadores al arrepentimiento y a la salvación, no para destruirlos. Jesús apunta a llevar al arrepentimiento no sólo al acusado mostrándole su misericordia, sino también a los acusadores mostrándoles sus pecados. Como siempre los Fariseos llenos de argumentos vanos pensaron tenderle una trampa, El Mesías procuró convencerlos y convertirlos desechando la idea de entrometerse en el oficio de juez.


Cuando Cristo le dijo a la mujer señalada que se fuera, fue con esta previsión: “vete, y no vuelvas a pecar” Los que ayudan a salvar la vida de un delincuente deben ayudar a salvar el alma con el mismo cuidado.


“—Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra" Juan 8:6


Somos verdaderamente felices aquellos a quienes Cristo no condena. El favor del Salvador al perdonar nuestros pecados pasados debe prevalecer en nosotros: “vete, y no vuelvas a pecar”


“« ¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados!” Romanos 4:7


© Chalo Jiménez 2008. Derechos Reservados.

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